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Los tardígrados, animales extremófilos

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Los tardígrados (Tardigrada) son llamados comúnmente osos de agua debido a su aspecto y movimientos característicos por ser invertebrados, segmentados y microscópicos.

El término tardígrado (‘de paso lento’) fue dado por Lazzaro Spallanzani en 1777, justamente debido a la lentitud de este animal. Son organismos resistentes a condiciones extremas, con características únicas en el reino animal. Su esperanza de vida es de 60 años, y su medio vital es el agua.

La mayoría de los tardígrados son terrestres y habitan fundamentalmente en los musgos, líquenes o helechos, aunque también pueden llegar a habitar aguas oceánicas o de agua dulce, no habiendo rincón del mundo que no habiten. Los especímenes adultos pueden verse a simple vista porque llegan a alcanzar un largo de 0,5 mm de media a 1​ cm; sin embargo, los más pequeños pueden medir 0,05 mm solamente.

Son de forma ovalada o alargada, pueden entrar en criptobiosis (metabolismo reducido) y se alimentan succionando líquidos vegetales o animales. Se conocen más de 1000 especies de tardígrados. Están formados por unas mil células y algunas especies son eutélicas, es decir, mantienen constante el número de células durante su desarrollo.

Estos animales puede que realicen la cópula más compleja del reino animal y son capaces de envolverse en una intensa sesión de apareamiento de una hora, cargada de estimulación mutua y repetidas eyaculaciones. Algunos de ellos ponen sus huevos a la vez que mudan la cutícula (cubierta externa), de tal forma que la puesta queda alojada en la cutícula de la que acaban de desprenderse, que le servirá de protección.

Dotados de simetría bilateral, con la zona ventral aplanada y la dorsal convexa, los tardígrados constan de cinco segmentos no diferenciados: un segmento cefálico poco diferenciado de forma roma que contiene la boca (con un par de estiletes internos) y, en ocasiones, puntos o manchas oculares y cirros sensoriales; los cuatro segmentos restantes tienen cada uno un par de patas ventrolaterales terminadas con garras (entre cuatro y ocho) o con ventosas; normalmente los primeros tres pares se destinan a la locomoción, mientras que el cuarto sirve para anclarse al sustrato dado que los tardígrados son extremadamente ligeros e incluso una leve brisa puede arrastrarlos fácilmente. La cutícula no quitinosa exterior que los recubre puede ser de una gran variedad de colores.

Los tardígrados son ovíparos, dioicos, y experimentan un desarrollo directo, sin fases larvarias. Carecen de sistemas circulatorio y respiratorio, pero sí disponen de aparatos nervioso, excretor y reproductor.

La cualidad más fascinante de los tardígrados es su resistencia y capacidad a situaciones medioambientales extremas. Mediante un proceso de deshidratación, pueden pasar de tener el habitual 85 % de agua corporal a quedarse con tan solo un 3 %. En este estado el crecimiento, la reproducción y el metabolismo se reducen o cesan temporalmente y así pueden pasar hasta 4 años.​ En 2016 científicos del Instituto Nacional de Investigación Polar de Japón (NIPR) consiguieron reanimar a ejemplares que llevaban más de 30 años congelados. Esta resistencia permite a los tardígrados sobrevivir a temporadas de frío y sequedad extremos, a la radiación ionizante, resistencia al calor y la polución, igual pueden sobrevivir a la inmersión en alcohol puro y en éter.

En septiembre de 2007 se lanzó la sonda espacial Foton M3 de Rusia y la ESA, y en ella fue colocado un grupo de tardígrados. Se comprobó que no solo sobrevivieron a las condiciones del espacio exterior, sino que incluso mantuvieron su capacidad reproductiva, por lo que se les considera el ser vivo más resistente. Además, pueden soportar 100 veces más radiación que los seres vivos más resistentes y pueden pasar años en un estado de hibernación sin agua, y reactivarse en cuanto se les suministre.

En octubre de 2020, investigadores del Instituto Indio de Ciencias (Bangalore) descubrieron una nueva especie del género Paramacrobiotus que tiene unos pigmentos fluorescentes que les protegen de la radiación ultravioleta. Extrayendo los pigmentos fluorescentes, los científicos han sido capaces de proteger de la luz ultravioleta a nematodos y a otros tardígrados que no poseen estos pigmentos, demostrando por primera vez que la fluorescencia tiene en algunas especies una función protectora.

Se cree que los tardígrados podrían sobrevivir a la extinción hasta que nuestro Sol se hinche y se convierta en una gigante roja dentro de 6.000 millones de años, según los investigadores que han estudiado los efectos de varias hipótesis del juicio final. Estos pequeños bichos son capaces de sobrevivir a tres eventos planetarios que probablemente acabaran con la especie humana, pero ante los que ellos ni se inmutarían: el impacto de asteroides masivos, una supernova (tendría que suceder a 0,14 años luz de distancia, pero el Sol está a cuatro) y un bombardeo de rayos gamma.

Además de su impresionante capacidad para tolerar ambientes extremos, los tardígrados también son muy interesantes debido a su estrecha relación evolutiva con los artrópodos ( insectos, crustáceos, arañas).

Junto con algunas bacterias estos organismos tienen la capacidad de resistir a la radiación y al vacío del espacio exterior. Lo hacen mediante la capacidad de permanecer por bastante tiempo en animación suspendida o estado latente.

Los científicos ahora pretenden determinar si estos animales son capaces de reparar su propio ADN. Es necesario hacer un estudio amplio sobre estas propiedades para una futura aplicación a nivel médico.

Dra. Carmen Báez Ruiz

drabaez1@hotmail.es

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