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La Incógnita del Hombre – VI

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Si no te agarras a ningún concepto, cosa o ideología,

te será fácil descubrir donde están

 la verdad y la realidad.

El descubrimiento de las causas de las enfermedades mentales sería más importante que el de su naturaleza. Las nuevas condiciones de existencia impuestas a los hombres tienden a modificar desfavorablemente el sistema nervioso.

En el ambiente creado por la Tecnología, nuestras funciones más específicas se desarrollan de modo incompleto a pesar de las maravillas de la civilización científica y la personalidad humana, y tiende a disolverse.

La duración del hombre varía, igual que su estatura, según la unidad que sirve para medirla. En la naturaleza siempre se encuentra unido el tiempo al espacio. Es un aspecto necesario de las cosas materiales.  Ninguna cosa concreta posee solo tres dimensiones. El hombre se extiende a la vez en el tiempo y en el espacio. El concepto de tiempo es equivalente a la operación necesaria para calcular la duración en los objetos de nuestro universo. La duración consiste en la superposición de los diferentes aspectos de la entidad.

Los seres humanos han adquirido el hábito de identificar su duración y la de los demás seres, por el tiempo que marcan los relojes. Pero nuestro TIEMPO interior es una forma diferente, e indispensable de este tiempo intrínseco. El tiempo interior es la expresión de las modificaciones del cuerpo y de sus actividades en el curso de la vida. Equivale a la sucesión ininterrumpida de los estados estructurales, humorales, fisiológicos y mentales que constituyen nuestra personalidad. Es nuestra verdadera dimensión. El tiempo interior tiene que ser dividido en tiempo fisiológico y psicológico.

El TIEMPO fisiológico es una dimensión fija, compuesta de las series de todos los cambios orgánicos sufridos por el ser humano desde el principio de su vida embrionaria hasta su muerte.

El otro aspecto del tiempo interior es el TIEMPO Psicológico. La conciencia bajo la influencia de los estímulos del mundo exterior registra en propio movimiento, las series de sus estados. Sentimos obscuramente que somos idénticos a como éramos ayer.

El tiempo fisiológico se halla lejos de tener la precisión de un reloj. Los procesos orgánicos experimentan ciertas fluctuaciones. La curva que expresa su retroceso progresivo durante el curso de la vida es irregular.

La duración fisiológica debe su existencia a sus características, a un cierto tipo de organización de la materia animada. Aparecen tan pronto como una porción del espacio que contiene células vivas, se aísla relativamente del mundo cósmico. En todos los niveles de la organización en el cuerpo de una célula o en el de un hombre, el tiempo fisiológico depende de modificaciones del medio, producidas por la nutrición.

Los órganos anormalmente vigorosos en un cuerpo senil son casi tan perjudiciales como los órganos seniles en un organismo joven. Evidentemente el valor del tiempo no es el mismo para todos los tejidos. Sabemos que el tiempo fisiológico, igual que el tiempo físico, no es una entidad. La duración de la vida está condicionada por los mismos mecanismos que hacen al hombre independiente del ambiente cósmico, y le dan su movilidad espacial.

El más grande deseo de los hombres, es la juventud eterna. La civilización científica ha destruido el mundo del alma, pero la región de la materia queda abierta de par en par al hombre. Un mejor conocimiento de los mecanismos de la duración fisiológica podrá traer la solución del problema de la longevidad. La longevidad, solo es de desear si aumenta la duración de la juventud, pero no la de la vejez.

Antes de intentar prolongar la vida, debemos descubrir los métodos de conservar las actividades mentales y orgánicas hasta el día antes de morir. Sería más útil descubrir un método para rejuvenecer a los individuos, cuyas cualidades fisiológicas y mentales justifiquen tal medida. La vejez, como sabemos, se debe a profundas modificaciones de todos los tejidos y humores y no a la deficiencia de una sola glándula. La verdadera edad depende de los cambios progresivos de los tejidos y de los humores. Hasta ahora los seres humanos se clasifican según su edad cronológica; es sabido, no obstante, que el verdadero estado de un individuo, no depende de su edad cronológica. No existe tampoco ningún método general de medir el grado de decadencia mental de un individuo.

Al comienzo de la vida, el hombre está dotado de vastas potencias. En su desarrollo solo está limitado por las fronteras extensibles de sus predisposiciones ancestrales, pero tiene que escoger a cada paso. Nuestro progreso o nuestra desintegración, depende de factores químicos y fisiológicos, de virus y bacterias, de influencias psicológicas y, por último, de nuestra propia voluntad.

Existe un notable contraste entre la durabilidad de nuestro cuerpo y el carácter transitorio de sus elementos.

El hombre está compuesto de una materia blanda inalterable, susceptible de desintegrarse en pocas horas.

Todas las actividades fisiológicas están dotadas de la propiedad de adaptación, intraorgánica y extraorgánica. Son la base indispensable de nuestra duración. La correlación de los órganos está asegurada por los fluidos orgánicos y por el sistema nervioso. Cada elemento del cuerpo se ajusta a los demás y los demás a él.  Este modo de adaptación es esencialmente teleológico. Cuando la piel, los músculos, los vasos sanguíneos o los huesos son dañados por un golpe, una llama o un proyectil, el organismo se adapta inmediatamente a esta nueva situación.

El conocimiento de los procesos de reparación ha hecho nacer la cirugía moderna. Si no existe la adaptación, los cirujanos no podrían tratar las heridas. Debido a la extraordinaria audacia e ingeniosidad de sus métodos, la Cirugía ha superado las más ambiciosas esperanzas de la medicina de otros tiempos.

Todas las funciones orgánicas se modifican tan pronto como los microbios o los virus, atraviesan las fronteras del cuerpo e invaden los tejidos. La enfermedad aparece. Sus características dependen del modo de ajuste de los tejidos a los cambios patológicos de su medio.

“La vida no conocida,

 no vale la pena vivirla”

(Sócrates)

Otras reacciones de adaptación están determinadas por la producción de tóxicos por el mismo organismo, la carencia de ciertas substancias indispensables a la nutrición y los trastornos en las actividades de diversas glándulas. Además de una resistencia inherente a las enfermedades, existe también una resistencia adquirida. Esta última puede ser espontánea o artificial. El suero de un animal inmunizado contra una enfermedad da el poder que muchos individuos no poseen de superar la infección.

En las enfermedades degenerativas, los procesos fisiológicos se modifican del modo más adecuado a la supervivencia del organismo. Existen agentes patógenos contra los cuales no reaccionan los tejidos y que no obtienen respuesta alguna de los mecanismos de adaptación.

La adaptación extraorgánica se compone del ajuste del estado interno del cuerpo a las variaciones de su medio ambiente. Este ajuste es producido por los mecanismos a los cuales se debe la estabilización fisiológica y las actividades mentales y que dan al cuerpo su unidad. Todos los órganos, incluso la piel, se mantienen en constante actividad exponiéndolos al calor, el frío, el viento, al sol y a la lluvia.

Nos adaptamos a las excitaciones que emanan del mundo exterior, aún cuando su violencia o su debilidad modifiquen de manera insuficiente o exagerada las fibrillas nerviosas terminales de los órganos sensorios.

La adaptación puede dar lugar a modificaciones permanentes del cuerpo y de la conciencia. Es cierto que el individuo no trasmite sus características adquiridas a sus descendientes, pero cuando en el curso de su vida el ambiente modifica sus humores, sus tejidos sexuales pueden adaptarse por medio de cambios estructurales correspondientes al estado de su medio humoral.

Existe también un aspecto más sutil, menos conocido de adaptación al ambiente, las actividades orgánicas y mentales. Es la respuesta del cuerpo a las substancias químicas que contienen los alimentos.  Diríase que el trabajo de los mecanismos de adaptación estimula todas las funciones orgánicas.

La adaptación del individuo a una disciplina fisiológica, intelectual y moral determina cambios definidos en el sistema nervioso, en las glándulas endocrinas y en la mente.

El hombre se adapta al ambiente social lo mismo que al ambiente físico. Las actividades mentales, igual que las actividades fisiológicas, tienden a modificarse en el sentido más favorable a la supervivencia del cuerpo, determinan nuestro ajuste al medio que nos rodea.

Otro modo de adaptación es la huida. Algunos abandonan la lucha y descienden a un nivel social donde ya no es necesario competir. Se transforman en obreros, en proletarios, otros se refugian en sí mismos.  Hay mucha gente que nunca se ajusta al grupo social. Entre los inadaptados figuran los débiles sociales.

Ciertas formas de vida moderna conducen a la degeneración. El modo de vida creado por la civilización científica ha vuelto inútiles a un número de mecanismos cuyas actividades nunca había cesado durante los milenios de existencia de la raza humana.

Para concluir, la adaptación es un modo de ser de todos los procesos orgánicos y mentales. Equivale a la agrupación automática de nuestras actividades, de tal manera que la supervivencia del individuo quede asegurada.

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