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Editorial: Un Debate Fallido

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Con toda la buena fe del mundo, y atendiendo a pronunciamientos de la sociedad yucateca, la Cámara de la Industria de la Radio y Televisión en la entidad, previa autorización de las autoridades electorales en el estado, procedió a dar curso a un debate entre candidatos a la Alcaldía de Mérida, capital de Yucatán.

Desde días antes, nuestra opinión era en el sentido de que tal evento no cumpliría las expectativas que de él se esperaban, no tanto por la capacidad técnica para realizarlo, que de esa tenemos bastante, sino por la pobreza del material expuesto hasta la fecha por los candidatos aspirantes a lo que califican como la “joya de la corona”.

Nuestro país, a diferencia de otros muchos donde se maneja la democracia como soporte gubernamental, adolece de defectos estructurales que limitan los resultados no solo en lo estatal, también en lo federal.

Y si no, recuérdese la compleja organización del debate entre candidatos presidenciales de hace algunos años, en el que lo que llamó la atención y atrajo el comentario fue el escote de una edecán, más que la actuación y expresiones de los candidatos participantes.

En otros países, repetimos, las personalidades en el servicio de los partidos y sus líderes participan en el desempeño y actividades de los gobiernos surgidos de esos partidos. Los candidatos que aspiran a conducir a sus comunidades y países invariablemente defienden principios, temas de justicia social, de afectación económica o financiera a los ciudadanos, del manejo de situaciones nacionales macro o locales.

En Yucatán, y en Mérida, entran en juego personalidades de grupos e individualistas, sin consistencia o suficientes simpatías, en veces con simples proyectos de posibles trabajos futuros si salen vencedores. Ofrecer no empobrece, dar es lo que aniquila. Los dimes y diretes, las agresiones verbales, los golpeteos bajo la mesa o sobre ella, es lo que se maneja cotidianamente para demeritar contrarios o exaltar hasta las nubes a candidatos propios que, esos sí, son héroes en potencia que harán de nuestra estancia en Mérida un paraíso.

El votante, observador de procesos anteriores, sabe de antemano que de las grandes ofertas no surgirá gran cosa y por ello no se suma a los halagos absurdos que les machacan los oídos, sin convencer. Y a los halagos se suman cientos de regalos promocionales, con el nombre del candidato, claro.

Qué más quisiéramos que todos los candidatos defendiesen sus convicciones, ideología, su formación, sus principios, su programa de acción, y su desempeño y producto a favor de la sociedad dentro de la evolución de sus liderazgos. Pero eso…es difícil que lo veamos en nuestro país y en Yucatán.

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