Desarrollo Cultural en Yucatán IX

By on junio 16, 2016

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EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII

Durante los siglos apuntados, solamente recibía la península yucateca diferentes muestras de la cultura española, y por ende europea, a través de los colonos y sus criados que llegaban de España. Por ellos entraba la cultura de clase hispana. Solo que la de clase popular española se incorporaba de hecho a la feudal blanca que imperaba en la región. Si el colono o sus servidores europeos pertenecieron a la clase trabajadora en su país de origen, al llegar a estas tierras su tipo de cultura ascendía por mimetismo a la de la clase dominante local.

Aniquilada la cultura superior de la casta dirigente maya, la de la clase pobre prehispánica, fundamentalmente rural, se conservó en sus cultos realizados en medio del bosque, y sus hábitos cotidianos de labor, yantar y sanos entretenimientos danzantes, y hasta literarios, en algunas farsas que representaban. Al mismo tiempo esta clase campesina, comenzando por la que vivía en las poblaciones grandes, comenzó a recibir la influencia de la cultura hispana de ambas clases, paso a paso, insensiblemente, pero firme y segura. Al mismo tiempo, estas modificaciones de patrones culturales del pueblo fueron acondicionadas y adecuadas merced al influjo de la mentalidad maya.

Otro proceso de aculturación se operó en la música y los bailes. Por disposición de varios oidores, y presión del alto clero, las danzas y mitotadas sobrevivientes mayas fueron reprimidas en sus manifestaciones públicas, surgiendo un nuevo arte mestizo que devino de los fandangos, jotas y sevillanas, mezclándose en su música con los sonecitos regionales probablemente de origen indígena. Se restringieron a 4 o 5 bailes los 52 registrados a la llegada de los españoles. En el siglo XVIII, a la medianía, florece paralela al impulso de la ganadería, la fiesta de la vaquería.

Estando prohibidos los libros profanos, la introducción subrepticia de éstos limitaría grandemente la lectura, así fueran los clásicos de la literatura castellana.

Habiendo producido España grandes pintores nacidos o no en la península como el Greco, Velázquez, Goya, Zurbarán, Murillo, sólo nos llegan reproducciones de Museos hispanos. Escultóricamente una que otra imagen tallada por Montañez en Sevilla, o por otros imagineros españoles, de Guatemala o de la ciudad de México.

Respecto a la música, la hubo popular que abarcó a ambas clases, prevaleciendo la de origen hispano. No ha sido posible precisar fechas, pero la “Miscelánea Yucateca” de José Jacinto Cuevas -primera recopilación en México con esa temática- recogió un precioso material todavía existente en su tiempo. Hasta entonces -mediados del siglo XIX- hay pocas expresiones de música culta. Pero “La Guirnalda” y el “Repertorio Pintoresco”, 1860 – 1861, nos ofrecen las primeras muestras impresas de la influencia europea entre nuestros compositores, con valses, danzas, mazurcas y polkas.

UNIVERSIDAD DE SAN JAVIER

A principios del siglo XVII vino a Yucatán la orden de la Compañía de Jesús, y estableció en 1624 la Real y Pontifica Universidad de San Javier. Como dependencia de esta institución docente, en 1711 se abrió el Colegio de San Pedro. Ese centro impulsor de cultura para los españoles y sus descendientes subsistió hasta la expulsión de los jesuitas en 1767 en todo el reino hispano, por disposición absurda de Carlos III.

VALIOSAS BIBLIOTECAS COLONIALES

En el archivo de la Mitra yucateca recientemente se localizó el inventario de la biblioteca y pinacoteca traídos a Mérida por el obispo Antonio Caballero y Góngora, sin precedentes en la comunidad. En ese foco de cultura para el clero y la sociedad dominante de 1776 en adelante, existían obras de Cervantes, entre otros autores laicos y pinturas, probablemente originales de Velázquez, Rivera, Miguel Ángel Buonarroti, Ticiano, Rubens, Breughel, y otros. Este repositorio de alto valor natural fue llevado a Colombia, al ocupar el Virreinato del Nuevo Reino de Granada tan erudito prelado. Allí consumió el fuego, hace tres décadas, lo existente de ese legado.

También el inventario de los bienes del último obispo de la colonia, don Pedro Agustín Estevez y Ugarte, menciona la relación de su valiosa biblioteca; levantado en 1827, contenía libros sobre teología, historia, literatura. Se conserva en gran parte en el Seminario Conciliar de Mérida.

Por lo que toca al aspecto religioso, mientras la clase adinerada en el poder practicaba, y practica moderadamente, con asiduidad las funciones religiosas y es elástica en aplicar sus doctrinas, en tanto choquen o no con sus intereses económicos, el pueblo ejerce un culto rayano en la idolatría por la Virgen de la Concepción de Izamal, los Reyes Magos de Tizimín, y el cada vez creciente a la Virgen de Guadalupe, imitando al pueblo del centro del país, idólatra también de la imagen descubierta por Juan Diego.

[Continuará la próxima semana…]

Renán Irigoyen

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