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Álvaro Pavía Angulo
De las costumbres nórdicas, de cierto tiempo a esta parte se ha generalizado la práctica social de dar regalos a los desamparados, a las quinceañeras, a los que terminan alguna carrera y aun a los viejos en sus santos y cumpleaños, regalos que, por lo general, tienen los límites y detalles del rango económico de las dos partes, del dador y del recibidor. En estas manifestaciones, algunas veces obligadas de amistad, no siempre corresponde la naturaleza y la elección del asunto que representa el regalo con el motivo u objeto que incita las fiestas y los halagos. Cuando un niño cumple años, he visto a oferentes que dan dos cajas de vinos, una sobrecama o un mantel elegante propio para fiestas extraordinarias de la familia. Hace poco concurrí a una fiesta con motivo del cumpleaños de dos gemelos, y entre los regalos se destacó por su buen sentido y adecuación, el de un profesor que entregó además de dos tarjetones sencillos, bien dibujados, un libro de encuadernación elegante del Tesoro del hogar al niño y otro a la niña, de relatos amenos y enseñanzas fáciles de labores y trabajos domésticos. Este regalo fue muy bien recibido por todos y muy especialmente por los padres de los festejados. Para hacer un regalo se debe poner buen sentido y tener en cuenta edad, ocupación, profesión, cultura y preferencias artísticas literarias y musicales del agraciado.
Admitimos como más adecuado para el objeto de este artículo el término regalo, por ser el más conocido y usual.
El regalo debe llenar dos fines principales: impresionar bien y halagar el gusto y las preferencias del agasajado, procurando que el objeto regalado esté de acuerdo con su personalidad y su jerarquía o rango intelectual. El rango intelectual de un maestro, profesionista, albañil, carnicero, comerciante y la de una sencilla ama de casa difieren mucho. Cuando se regala un libro, que es además de cómodo muy fácil de remitir por correo y lleva la ventaja de una tarifa postal muy baja para su envío o circulación, constituye una manifestación tácita de que la persona oferente es de apreciable cultura; además hay libros de todos los gustos y para todas las culturas o capacidades.
Diario del Sureste. Mérida, 14 de julio de 1963, p. 3.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]




























