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Dr. Adán W. Echeverría-García
En 1954, jóvenes universitarios palestinos que estudiaban en El Cairo iniciaron las primeras operaciones militares a través de las fronteras de Gaza y la tierra ocupada. Diez años después, el último día de 1964, los fundadores de la revista Nueva Palestina, que empezaron siendo estudiantes universitarios haciéndola circular en los campamentos de refugiados palestinos, deciden lanzarse a la lucha armada para recuperar su territorio y sus derechos inalienables que les eran negados; así surge el Movimiento Nacional para la Liberación de Palestina (al Fatah). El 21 de marzo de 1968, 300 guerrilleros palestinos hacen frente a 12 mil soldados, causándoles 1200 bajas y cayendo como mártires 93 palestinos.
En 1967, la Guerra de los 6 días sacude a la región, teniendo como ganador a Israel que, entre otras conquistas territoriales, tenía como objetivo arrebatar la Franja de Gaza a Egipto. Una guerra acordada con el mundo árabe, pues los países que rodeaban al estado artificial de Israel seguían bajo dominio británico en el sur y el oeste; en el norte, Líbano y Siria aún eran controladas por la administración francesa. Aunque estos países tenían gobiernos “independientes”, sostenían estrechos lazos con los países europeos que les permitían dominar a sus ciudadanos árabes; eran gobiernos aún de corte dictatorial, con una pequeña burguesía militar a cargo. Estos países decidieron plantar cara a Israel, simulando un apoyo irreal a la Revolución Palestina. De esta forma, el mundo occidental volvería a culpar a los rebeldes palestinos de exigirle a los pueblos árabes atacar Israel.
En febrero de 1969, Yasser Arafat es elegido presidente del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina y comandante en jefe de las fuerzas armadas, convirtiéndose en ese momento en su único y legítimo representante, sacudiéndose así la tutela de la Liga Árabe.
En 1978 se firmaron los acuerdos de Camp David, ofreciendo falsa autonomía a los palestinos, pero manteniendo la ocupación militar de por vida. Con estos acuerdos, Occidente pretende señalar que palestinos solo son aquellos que vivan en los territorios ocupados por Israel, mientras que los más de tres millones en el exilio ya no lo son. Fue vergonzoso que, además, las negociaciones las sostuvieran egipcios, israelitas y gringos, definiendo el futuro de los palestinos. Los acuerdos de Camp David pedían al pueblo palestino resignación y aceptación de la ocupación de su territorio de por vida. El Sinaí fue devuelto al país árabe, con la excepción de la Franja de Gaza, territorio que el Gobierno de Egipto decidió no tomar de regreso.
Desde el 10 de noviembre de 1975, la ONU condenó al sionismo por ser una forma clara de racismo. Por todo lo anterior podemos entender que, desde el sionismo, los derechos humanos de los palestinos tienen que supeditarse a los derechos políticos nacionales del invasor israelí sionista. Los derechos humanos de los judíos europeos se convirtieron en un argumento esencial para justificar el proyecto nacional sionista, sin tener en cuenta que Palestina e Israel nunca fueron el principal refugio para los judíos perseguidos por el antisemitismo, sino para todo aquel sionista que considera mejor vivir en una sociedad exclusivamente judía, blanca y de ascendencia europea o gringa.
Como el futuro de los palestinos se encuentra exclusivamente en Palestina, en una Palestina unida y no partida en dos, y en continuar la búsqueda del reconocimiento mundial como estado Palestino, entonces los palestinos siguen siendo la piedra que los sionistas tienen que expulsar. No hay forma de considerar la convivencia de vivir mezclados; es por ello que la población palestina también tuvo que radicalizarse, tanto en ideología como en sus decisiones armamentistas. En su carta fundacional, Hamás deja claro que tienen como principal objetivo la destrucción del Estado Artificial de Israel a través de la Yihad (guerra santa islámica).
Para diciembre de 1987, en el comienzo de la Intifada Palestina (levantamiento) contra la ocupación israelí, Hamas fue constituida por miembros de la Hermandad Musulmana y facciones religiosas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), provocando rápidamente gran convocatoria y seguimiento. En 2006, Hamás alcanzó el poder tras una clara victoria en las elecciones para el Consejo Legislativo Palestino. Los resultados de las elecciones realizadas en Gaza se llevaron a cabo bajo supervisión internacional y dieron como ganador a Hamás, lo que automáticamente derivó en un bloqueo israelí a la Franja de Gaza. La otra facción palestina, Fatah, no aceptó el resultado de las elecciones y la discusión se trasladó al terreno militar. En junio de 2007, ambos grupos se enfrentaron en cruentos combates en Gaza que terminarían con Hamás a cargo de la Franja y su rival político Fatah gobernando desde Cisjordania.
En la madrugada del 7 de octubre de 2023, Hamás lanza uno de los mayores ataques de su historia contra Israel. Israel mantiene en su poder las infraestructuras de agua y electricidad, así como la bandera del “antisemitismo” con el que se victimiza ante la comunidad internacional, exigiéndoles el apoyo necesario y la comprensión para atacar sin miramientos la Franja de Gaza, lo que le ha permitido tradicionalmente recurrir a todas las formas, legales e ilegales, la mayoría inhumanas, para castigar a la población palestina.
El 29 de diciembre de 2023, Sudáfrica presentó una denuncia ante la Corte Internacional de Justicia contra Israel por el genocidio en Gaza; en ella plantea la configuración genocida de la matanza de la población civil a gran escala en Gaza; la provocación de graves daños corporales y mentales a dicha población; el sometimiento a vivir en condiciones tales que conduzcan a la destrucción de tal grupo social, incluyendo expulsiones y desplazamientos de población a gran escala y destrucción en masa de sus hogares; privación de recursos alimenticios y agua; privación de asistencia y cuidados médicos adecuados; privación de acceso a adecuado refugio, ropa y condiciones higiénicas y sanitarias; y destrucción de la vida política y social de los palestinos en Gaza (destrucción completa de las infraestructuras para la vida cívica y social del grupo), además de actos encaminados a evitar nuevos nacimientos en el seno del grupo palestino.
En junio de 2025, en un informe publicado en el Harvard Dataverse, el profesor israelí Yaakov Garb señala que 377 mil personas han sido desaparecidas por el ejército israelí en la Franja de Gaza.
Acá es donde estamos situados, en una lucha internacional que condene el sionismo, que reconozca que el gobierno sionista del artificial estado de Israel está cometiendo un genocidio, no como respuesta al ataque del 7 de octubre de 2025, sino que se viene perpetrando sistemáticamente desde 1922 con la entrega por parte del gobierno británico de territorios de Palestina a los sionistas, como pago a la dinastía Rothschild; y que ha ido creciendo desde el 15 de mayo de 1948, cuando las mismas Naciones Unidas decidieron partir Palestina.
La exigencia de paz no debe jamás considerar la expulsión del pueblo palestino de sus tierras, sino el castigo a las actitudes xenofóbicas y expansionistas de los sionistas, cuyo plan de ocupación de la zona está muy clara en la bandera de Israel: desde el río Nilo en Egipto, hasta el río Éufrates en Irak, tal como lo marcan las dos bandas azules que enmarcan la estrella, falsamente conocida como estrella de David; un símbolo que jamás fue utilizado por el rey David en la antigüedad, y del que no existe evidencia directa de su uso dentro de la Biblia, y que hoy es considerado por los historiadores de las religiones apenas un símbolo apropiado por el sionismo.
La propaganda del sionismo ha trascendido al judaísmo y encontrado eco en el cristianismo sectario, principalmente en las sectas cristianas gringas del centro y sur de aquel país con manifestaciones como: “los judíos se centran en el sionismo judío y los cristianos se centran en el sionismo cristiano, pero en realidad hay un solo sionismo en el que centrarse, y ese es el sionismo bíblico”. Esto puede traducirse de nuevo como clasismo, colonialismo, nacionalismo y xenofobia de racistas blancos; ésos que en Europa desarrollan un odio sobre los marroquíes y demás migrantes africanos, o que en Gringolandia y Canadá estallan contra los negros, los mexicanos y demás migrantes latinoamericanos. Estos grupos cristianos no solo están convencidos por la propaganda sionista, sino que reciben recursos económicos del enorme Lobby Israelí que controla e intenta mantener líneas de acción a todos los niveles de los gobiernos gringos, a nivel federal y en los estados, para fungir como servidumbre de los sionistas judíos.
Por todo lo anterior, como señalé al inicio de este texto: el pueblo palestino sigue y seguirá enfrentando, una vez y otra más, a todos los países del mundo donde existan comunidades sionistas (judías, cristianas o bíblicas), hasta que el estado artificial de Israel consiga expulsar a todos los pueblos árabes del territorio existente entre el río Nilo y el río Éufrates, y eso, si es que no deciden seguir expandiéndose.
Referencias
Izquierdo, F. (2006). Sionismo y separación étnica en Palestina durante el Mandato británico: la defensa del trabajo judío. Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales, 10(227), 205-228.
Pfoh, E. (2005). La historia antigua de Palestina a la luz de las recientes revisiones de la historia antigua de Israel. Aspectos ideológicos y políticos en torno al conflicto palestino-israelí. Relaciones Internacionales, 14(28).
Sela, D. (2021). La influencia de la religión en Hamas en relación al conflicto con Israel: 2005-2019 (Doctoral dissertation, Universidad de Belgrano-Facultad de Derecho y Ciencias Sociales-Licenciatura en Relaciones Internacionales).
Sobeh, A. (1983). Palestina: pasado, presente y futuro. Nueva Antropología, (20), 93-120.




























