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Dr. Adán W. Echeverría-García
Al terminar la Primera Guerra Mundial, el reparto entre las naciones triunfadoras quedó de la siguiente manera: Palestina, Jordania e Irak se las quedó Inglaterra; Siria y Líbano fueron para Francia. Desde ese momento, Inglaterra comenzó el proyecto colonial sionista que se le había ofrecido a Rothschild: se invitaba a colonos judíos a viajar a Palestina desde todas partes del mundo. Al llegar, se les facilitaba armas, dinero y habitación, mientras que al campesino palestino se le enviaba a prisión por cualquier pretexto, como la portación de armas si se le encontraba con una navaja, aunque la usara para sus labores agrícolas.
El proyecto sionista en Palestina siempre ha estado acompañado de un proceso de separación de la población autóctona y, cuando ha sido posible, también de su expulsión. Para 1929, la desigualdad en el trato de las autoridades inglesas para con los palestinos musulmanes, frente al trato que se dispensaba a los colonos judíos, generó el primer movimiento revolucionario –mediante guerrillas– que continuó en 1933 con jóvenes estudiantes universitarios y habitantes de los campamentos de refugiados, combatiendo heroicamente contra el mandato inglés.
El sionismo ha utilizado el discurso del antisemitismo para afianzar su control social, impulsando entre los judíos la ideología innata del racismo y la xenofobia contra todos los no judíos.
Antes de la llegada de Hitler al poder, más del 80 % de los judíos europeos que huyeron o emigraron lo hicieron a América y no hacia Palestina. Entre 1935 y 1943, la gran mayoría de los judíos que huyeron del nazismo se refugiaron en la Unión Soviética, no en Palestina. Después de la guerra, de los 3 millones de judíos que consiguieron sobrevivir al Holocausto en Europa, sólo el diez por ciento emigró a Palestina. La idea del “hogar nacional” para los judíos no estaba teniendo éxito, habría que obligarlos de alguna forma. La propaganda del antisemitismo fue la mejor opción para hacerlos llegar a Palestina a encontrar “refugio”. La idea de crear un Estado Artificial para el pueblo judío, al ser una respuesta nacionalista, traía adherido el mismo pensamiento que el nacionalismo centroeuropeo, e inevitablemente también adoptó las mismas características xenofóbicas.
Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el proyecto colonial sionista del gobierno británico se vuelve mucho más hostil y violento en la región de Palestina, fomentando la creación de bandas sionistas militares y paramilitares, bandas terroristas que siembran pánico y horror en las aldeas palestinas, matando, saqueando, robando, buscando la expulsión de los palestinos de sus tierras y sus hogares. La defensa sionista de los “derechos de nación” judíos se puso muy por encima de los derechos de residencia de los árabes palestinos. Esto provocó un fuerte rechazo por parte de importantes sectores de la población judía no sionista, pues veían como una amenaza la “obligación sionista” de migrar a Palestina para su posición como ciudadanos de los países en los que residían, habían nacido y hecho comunidad. Se reconocían como gringos judíos, no judíos gringos; se sentían europeos judíos, y no judíos europeos, como el sionismo les planteaba. Los no sionistas se asustaban ante la violencia de los sionistas por arrogarse la representación absoluta de los judíos, ya que el sionismo es contrario a la integración de los judíos en las sociedades donde viven. Es necesario señalar que en 1909 se fundó Tel Aviv, la primera ciudad sólo judía que se convertiría en la capital del sionismo en Palestina.
Ya en 1922 el polaco judío Ben Gurión manifestaba su preocupación por el futuro del sionismo, veía el peligro no en la resistencia árabe en Palestina sino en la poca implantación de la ideología nacionalista judía en el seno de la sociedad judía alrededor del mundo, en el poco entusiasmo que mostraban las comunidades por emigrar a su “hogar nacional”. Si emigraban a Palestina era precisamente por su sionismo militante, y por ello, a los que nacían en la tierra conquistada se les socializaba desde la infancia en esta ideología nacionalista: un proyecto colonial “blanco” en sustitución de la población indígena por población europea. Al emigrar a una tierra lejana a la que lo vio nacer, el individuo sionista adopta una nueva lengua, en la mayoría de los casos cambia de oficio, incluso cambia de nombre, modifica su modo de vida, todo por el bien del proyecto nacionalista al que decide pertenecer.
Por eso, desde 1920, y sobre todo para 1940, contando con el apoyo inglés, los paramilitares judíos crean en Palestina los grupos terroristas Haganá, Stern y el Irgum, que cometieron barbaridades contra el pueblo palestino en los alrededores de Jerusalén. Estas espeluznantes masacres tenían el propósito de provocar pánico y terror, en 1947 y 1948, dentro de la sociedad civil palestina para obligarlos a que decidieran irse del territorio si no querían ser maltratados o morir. Para el sionismo, la existencia judía en una sociedad no judía significa un problema y la solución es la misma que defienden los antisemitas: la construcción de una sociedad judía separada de la sociedad gentil.
La gran expulsión de población no blanca se produjo durante la guerra de 1948, el momento de la gran limpieza étnica en Palestina. Los europeos, judíos en este caso, se consideraron portadores de la modernidad y de la civilización sobre unos nativos primitivos que no constituyen una sociedad con derechos políticos en la región, el mismo argumento que en el siglo XVI esgrimieron los reyes católicos en la conquista y colonización de los pueblos originarios de América; el mismo argumento de los países europeos para invadir y colonizar extensos territorios de África. Nacionalismo y colonialismo blanco con una finalidad: el saqueo de sus recursos naturales, minerales y humanos. La única diferencia es la marcada xenofobia, en ésta del sionismo sobre el pueblo palestino, se parece mucho más al trato que las colonias anglosajonas dispensaron a los pueblos originarios del norte de América. Nacionalismo, Colonialismo, Xenofobia, son los tres pilares del sionismo, siendo la xenofobia el objetivo más alto de su ideología, impulsando el desplazamiento de toda la sociedad árabe-palestina fuera del territorio.
Basado en el mismo sionismo, colonialista y nacionalista anglo-europeo, el trato más injusto a Palestina lo cometió la misma Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1947, al tomar la resolución de partir en dos a la nación palestina, que desde su pobreza y abandono alcanzó a señalar: “Nosotros, los palestinos, somos la madre real del territorio, y no queremos la partición de nuestra patria en dos” que proclamaron sus autoridades como el claro pensamiento de todos los palestinos.
El 14 de mayo de 1948, el polaco David Ben-Gurión, nacido David Yosef Grün, declara la fundación del Estado de Israel, apropiándose del 56 por ciento del territorio (las zonas costeras más ricas), partiendo en dos a Palestina, dejándoles una zona interna (42% de su territorio original), y otra con carácter internacional, donde se encuentra Jerusalén. Sin embargo, desde esa primera semana de su existencia, el estado de Israel no ocupó solo el 56% que le otorgó la ONU, sino que por la fuerza se apropió del 78% del territorio palestino, quedando la zona árabe dividida en dos partes: una pegada al Jordán de alrededor de 19% y otra de 3% que forma la franja de Gaza. Esta franja quedó en manos de Egipto.
Después del 15 de mayo de 1948 comienza lo que se ha conocido como “el problema palestino”. La creación artificial del Estado de Israel generó la expulsión de sus hogares de alrededor de 850 mil palestinos que buscaron refugio en los países árabes limítrofes: Jordania, Siria, Líbano y Egipto. Un hecho de suma importancia es que los gringos reconocieron al Estado de Israel apenas 20 minutos después de que Ben Gurión hiciera el anuncio de su creación. Hay que recordar que, desde entonces y aún hoy en el 2025, no es Israel quien tiene más judíos sino Gringolandia, por lo que el mundo judeocristiano occidental es quien impulsa el desarrollo de este estado artificial conocido como Israel.
En 1949 el estado de Israel fue aceptado como miembro de las Naciones Unidas, consumando así la usurpación de los derechos de los habitantes indígenas de los territorios palestinos. La negación de la existencia de los palestinos como pueblo permitía a los sionistas negarle el derecho a la autodeterminación, e incluso sus derechos individuales como personas.
Sin embargo, el Consejo Americano para el Judaísmo hizo una declaración en la que dejaba muy claro que el judaísmo era una identificación religiosa, no nacional ni racial; abogaban por la creación en Palestina de una estructura política democrática en la que ni la fe religiosa ni la ascendencia étnica fueran un impedimento para la plena participación en la política nacional, incluso señalando tener la esperanza de que el mundo de la posguerra permitiera la repatriación y la normalización de la vida de los judíos europeos en los países donde, antes de Hitler, tenían ciudadanía. Es decir, no todos los judíos deberían sentirse obligados a partir hacia Palestina, como los sionistas declaraban, sino que debían tener la oportunidad de volver a las tierras que los vieron nacer y de donde tuvieron que salir huyendo.
Continuará…




























