Si Todo Cubano Fuera Como Niurka

By on abril 3, 2015

SI TODO CUBANO FUERA COMO NIURKA

“¿Y qué es la verdad?”, preguntó Pilatos al Nazareno. Los años se fueron acumulando en las bibliotecas, en los archivos. Se descubrieron mundos, se trazaron nuevas rutas a la civilización, la sangre corrió para que esa manoseada verdad fuera dictada por los vencedores, quienes escribieron la historia.

Hoy pervive retorcida. Los avances tecnológicos dieron voz a aquellos perdedores, individuos, pueblos, naciones enteras, para contarnos otras versiones de la verdad, al grado que una actriz de nombre Niurka nos dijo, retadora –sosteniendo en sus torneadas piernas, portento de cuerpo digno de magistrales esculturas, capaz de perder a muchos hombres y llevarlos hasta la locura–, esa hembra poderosa nos dijo, y de frente, “Y ésa, ésa es Mi verdá”.

Fue entonces que toda la cultura cubana se sintió ridícula. Los pasos perdidos de Carpentier, Paradiso de Lezama Lima, por no decir más, fueron tirados a la basura porque, con base en esa sentencia hecha por la actriz, el revuelo fue tal que no pasó ni un solo mes para que saliera el libro titulado Mi verdá, y que sufriera una revirada en cine casero para desmentir esas verdades, apoyados en otras versiones del caso; en el papel de la actriz, otra joven cubana enamorada de la sencillez de la primera se encargó de decir una y otra vez hasta formar el mito, “Esta es mi verdá”.

La isla había abierto sus puertas a regañadientes. Las torturas, el hambre, la persecución que se predica siempre contra uno de los últimos bastiones del fallido comunismo en América, fue quien dejó ir de sus tierras a esta fenomenal actriz, en la adolescencia. Esta prófuga mártir del consumismo y el marketing, cuyos calendarios han brindado horas de felicidad a los mecánicos, a los bailarines, sin olvidar al mundo gay y travesti, se ha elevado, en ocasiones, encima de figuras intelectuales como Gloria Trevi.

Niurka ha hecho escuela. Es por eso que ahora la estudiamos en clase de historia, porque justo es que ustedes sean las Niurkas del mañana, capaces de luchar y salir avanti siempre avanti de todo escándalo que se suscite en las televisoras, en la farándula, que tanto han hecho por nuestras libertades.

Así que a partir de hoy, señoritas, justo es que practiquen la frase de Niurka. De pie, frente al espejo, mírense y, con mucha fuerza de voluntad, piensen en todos los problemas que las aquejan, en esos fallidos noviazgos, en todas las veces que las feministas sombrías se han burlado de ustedes y entonces, con decisión, griten: “Y ésta, ésta es Mi Verdá”.

Adán Echeverría

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