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Roger Waters en México

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Roger Waters en México

“Por cada rosa que se marchita, muero un poco cada día…”

I Die A Little More Each Day, Gino Vannelli

Mientras escribo estas letras, me apresto para viajar al D.F., recientemente rebautizado como “Ciudad de México”, para asistir al concierto de Roger Waters en el Foro Sol.

Algo en lo que mis compañeros de conciertos y yo coincidimos es que posiblemente, dada la edad del gran músico y compositor inglés, este sea el último viaje que realice a México, que no es lo que deseamos, francamente. En vista de lo anterior, nos endeudamos un poco más y decidimos invertir en algo que trae sosiego a nuestras vidas: un par de horas con uno de nuestros ídolos musicales, disfrutando su amplia discografía, generando así historias y anécdotas con las cuales alumbraremos nuestro camino hacia el futuro que desconocemos, mientras observamos en el escenario a uno de los pocos dioses vivientes del Rock.

Todos nosotros mudamos células día con día, en una lenta renovación que conlleva, a su vez, una continua muerte. Todos morimos un poco más cada día, pues. Pero no es a través de morbideces que encontramos nuestras diarias ganas de vivir; en realidad no prestamos mucha atención a lo anterior porque, de hacerlo, abrimos la puerta a la depresión y a problemas más serios.

Todos, aunque no lo reconozcamos y muchas veces mascullemos imprecaciones mientras lo hacemos, nos levantamos a vivir lo que nos depare ese día por alguien, por un ideal, por un deseo. Ese es el motor que nos mantiene en movimiento. Cuando esto no existe, entonces ha llegado el momento de irnos.

En estos tiempos oscuros, en los que un día sí y otro también los que llevan las riendas micro y macroeconómicas deciden para su beneficio personal, olvidándose de nuestro bien, resulta vital encontrar esos breves espacios de respiro, de sosiego, de paz. Y, sobre todo, que dependan exclusivamente de nosotros.

La música tiene ese efecto sobre todos nosotros. ¿Acaso no han escuchado aquella expresión de que “la música tranquiliza a las bestias”? Bueno, eso es lo que mi padre nos decía a mis hermanitos y a mí cuando nos llevaba a la escuela, y nos hacía escuchar Earth, Wind & Fire, o Queen, o Barry Manilow, o Elton John o la música en la radio. Los mordaces dirán que lo decía por nosotros, y acaso tendrán algo de razón; yo digo que, gracias a esos pequeños ejercicios, mi padre me regaló muchas cosas: desde excelentes músicos y música, a momentos inolvidables.

Luego, a través de experimentos científicos, quedó demostrado que las plantas y el agua son también afectados por las vibraciones causadas por la música. Las plantas, además, responden a nuestras palabras y a los estímulos. Son tan vivientes como cualquiera de nosotros. En un invernadero que estaba a la entrada de Cholul, todos los días, por las mañanas, el invernadero completo recibía la influencia musical de su administrador de ese entonces, quien le subía el volumen al equipo modular que poseía y, dependiendo de su humor, les recetaba desde música clásica hasta metal. Estoy seguro de que las plantas correspondían a esa atención, porque jamás me encontré con plaga alguna, y muchas de aquellas amigas plantas que adquirí en aquel vivero aún viven, y continuaron creciendo.

Todo lo anterior regresa a nuestro viaje para ver a Roger Waters quien este año, el 6 de septiembre, cumplió nada más y nada menos que la friolera de 73 años. No es la primera vez que lo vemos en concierto: ya en el 2010 vimos su “mise en scéne” de The Wall en el local de enfrente, en el Palacio de los Deportes, en una noche inolvidable por la compañía que tuve, además del espectáculo.

En esta ocasión, a juzgar por lo que aparece en el cartel promocional, disfrutaremos música tanto de Dark Side of the Moon, como de Wish You Were Here, y también de Animals, sin olvidar a la imprescindible y majestuosa The Wall. O sea, será un concierto grandioso.

Ahí, desde esta perspectiva, podré reconectarme con Euterpe, la musa de la música que me ha acompañado durante tantos años en mi vida, todos los días, sin falta. Y a la vez celebraré encontrarme una vez más, acaso la última – aunque no es lo que deseo, insisto –, con alguien que ha sido partícipe en mi educación, aunque una de sus canciones más famosas proclame que “no necesitamos educación”, desde hace más de 7 lustros: el gran George Roger Waters.

Gerardo Saviola

gerardo.saviola@gmail.com

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