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“Cuando vine acá en el 74-75, esto era pequeño. Aquí donde estamos platicando,” me comenta al referirse a su restaurante, “cerca vivía mi novia. Había un cerro que apenas tenía un caminito. Así venía a visitarla, ahora en mi esposa. Ella es legítima de acá, se llama Elena Can Tamay. Nos casamos en la Iglesia de la Santa Cruz, llevamos más de 45 años casados. Tenemos tres hijos: Julio Manuel Cen Can es maestro y trabaja en la universidad, es maestro en Bacalar; mi hija Marina es maestra, y la x’ t’u’up Yuri Abril, que vive acá con nosotros, está estudiando en la Universidad del Bienestar, ya se casó, hizo familia.”
“Cuando les platico de la Colonia me dicen ‘¿qué vas a buscar en ese pueblo?’ Pues voy a recordar mi niñez, mis tiempos, mi época porque es parte de mi legado, históricamente hablando. He llevado a mi nieta, pero estaba chica. A mi esposa no le gustó, tal vez porque no conoce a nadie. No le agradó la Colonia porque dice que es un pueblo chiquito de los Estados Unidos, ja ja ja…”
Bernardino Cen, según la Historia, fue un líder importante de la Guerra de Castas. ¿Fue tu pariente?
“Fíjate que no se sabe de dónde vino, o no me lo quieren decir; para mí que sí fue porque he visto algunas fotos que, aunque sean dibujos, tienen similitud. En Temozón, que está al oriente del Estado, por Valladolid, hay mucha familia Cen; mi abuelo y mi papá son de Temozón y se apellidan Cen. Por eso pienso que sí fue pariente mío. Recién cuando llegué acá me hablaban de Bernardino Cen, un personaje de la Guerra de Castas. Como siempre me ha gustado la Historia, me voy enterando de cómo está la historia de la fundación de Felipe Carrillo Puerto. Por cierto, aquí enfrente está la Cruz Parlante, porque aquí se fundó la ciudad. En 1850 se fundó Noj Kaaj Santa Cruz Xbalam Naj (hoy F.C.P.) en plena Guerra de Castas. Por eso le llamo así a mi local: ‘Las cruces’. Como te decía, ya he publicado varios temas de la Guerra de Castas en mi página Neek’ de Facebook. Lo más importante para mí es la región.”
“Retomando la Colonia, otra cosa que me gustaba era el parque. ¡Cuántos golpes se llevaba uno! Una vez estaba en el pasamanos y pasó un chamaco y me dio un golpe en la barriga; caí, ya no me volví a subir. En los balancines me majé el dedo. Eran accidentes menores. Otra cosa es que no había una ley, o sea, tú sabías en qué momento vas a regresar a tu casa, en qué momento cometiste un error, y qué castigo vas a llevar…
“En ese tempo hasta la forma de hablar era respetuosa. Ahí la obediencia a los papás era muy importante. Cuando mi papá llegaba a casa, tenía su lugar ya dispuesto en la mesa, sus platos, comida, todo ya listo; primero él comía y luego nosotros. Mi mamá era muy católica, primero dábamos gracias a Dios y luego a comer. Apenas daba mi papá el primer bocado era el banderazo para que nosotros comiéramos, y sin hacer muecas, así tengas hambre. La obediencia era muy importante.
“Mi papá cosechaba maíz, juntaba sus pitas de maíz, costales de maíz que llenaban el cuarto, y nos decía: ‘Esto es para vender, si ustedes quieren ganar su dinero, que aporreen el maíz en las hamacas, aquellas que eran de henequén, que lo desgranen y lo salgan a vender.’ Eso hacíamos, íbamos a la tienda de Manuel Pérez a venderlo. A veces hasta cinco kilos vendíamos y ese dinero era para nosotros, pero los costales no los tocábamos. Los yernos de mi papá eran sus socios en lo del maíz y ellos lo iban a cosechar.
“Yo pescaba mariposas en las sascaberas, en las rejoyadas, después de la lluvia había muchas mariposas. Con unas ramas las pescábamos, o cuando estaban tomando agua las agarrábamos con cuidado para irlas a vender. También las metíamos dentro de nuestros cuadernos y se disecaban integras. Así las vendíamos, tenían que estar completas, las vendíamos al ingeniero Geyne. Los Garduño tenían disecados varios animales. Muy bonita estaba la sala de su casa, hasta miedo daba entrar ya que éramos unos niños,” recuerda entre tímidas risas el hermano de Rosalía, Laura, Dulce, Verónica, Marcos y Verónica Cen Balam, todos orgullosos Colyuctecos.
¿Qué te dejó la Colonia?
“Lo que más me caló de Colonia Yucatán, y siento nostalgia, son las épocas de diciembre, las películas que se daban para los niños. Me gustó y disfrutaba andar en sus calles con la bicicleta que rentaba con Pedro Campos; siempre que llegaba, ya habían rentado la mayoría y solo quedaban las que usaban las mujeres. Ni modo, a rentar y a pasear, aunque me burlen por andar en una bicicleta de mujer. Lo disfrutaba mucho. Yo guardaba mi dinero en una lata de leche, hacía un hueco y la enterraba por temor a que me lo agarren.”
Continuará…
L.C.C. ARIEL LÓPEZ TEJERO




























