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Manuel Cen Balam (iii)

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Entre otras cosas, siendo niño me iba a ver y escuchar donde ensayaba aquel grupo musical ‘Los Electos’, con Jetzaba (Miguel Robertos), Mario y Calín Tello. Calín era el cantante.”

“La otra parte que marcó mi vida en Colonia fueron los meses de diciembre, esa época tan bonita con los regalos de navidad, el cinema. Recuerdo que mi abuelita vendía dulces frente al cine, yo le cargaba su tablero de madera, lo instalaba enfrente y entraba yo al cine a ver media película.”

“Los bailes y los carnavales eran otra cosa, muy bonitos, había disciplina, había ley. Recuerdo que mi abuelo Felipe me hizo un cajón de bolero y pasaba de casa en casa a bolear zapatos, ya que no me dejaban estar frente al cine los ‘titulares’,” me comenta Manuel, quien me hizo el honor de comentar el libro “Una vida de esplendor, testimonios de Colonia Yucatán” en la ciudad de Cancún y en Colonia Yucatán, gesto que siempre le voy a agradecer.

Me gustaba también el box. Allá por el vivero, donde estaba la cadena a la salida al Cuyo, quedaba el gimnasio. Una vez que fui, me dice un señor: ‘¿Te gusta?, ¿quieres practicar?’ “Sí,’ le respondí. Me pusieron unas vendas y le empecé a pegar al costal, pero se llagó mi mano y empecé a llorar. Lo dejé. ‘No le hace, ahí te van a salir callos,’ me dijo el mánager. Mi mamá me regañó. Cerca de la casa vivía un chavo que le decían, o se llama, Marciano, un güero él, vecino nuestro; él boxeaba y tenía punch. No sé qué fue de él, no lo he vuelto a ver. era uno de mis acérrimos enemigos.

¿Un cafecito?,” me ofrece en una pausa porque llegaron mi esposa Rita y mi hija Andrea a buscarme ya que debíamos salir esa misma noche para Chetumal y el tiempo ya apremiaba.

“Sale, gracias,” le dije. Me sirvió una taza de aromático café y continuamos la amena plática.

Mi papá al principio trabajó en los tumbos; después en la fábrica. Su trabajo era pelar rolos. Siempre andaba con su hacha, era un trabajo muy duro. Yo le llevaba su comida a las 11:30 de la mañana, corriendo para llegar a tiempo. Parte de eso he escrito en mi página Neek del Face.”

Mi papá tenía una huerta que está detrás del campo. Sembraba rábano, cilantro, repollo, frutas y verduras. Ahí en su terreno hay un cenote –ahora es el que surte de agua potable a la población–, pero en ese tiempo no había bomba y era jalar agua en cubetas para regar en la mañana y en la tarde. Mis hermanas también lo hacían. Recuerdo que mi abuelo me fabricó una carretilla de madera y andaba por las calles, vendiendo lo que cosechábamos. La gente antigua casi no me reconoce; ahora, cuando las veo, les recuerdo cuando me compraban.”

Una anécdota que no se me olvida me sucedió una tarde en la huerta mientras estaba sacando agua del cenote con un cubo para regar. En ese tiempo, mis hermanas se fueron y me quedé solo. Tendría más o menos diez años. Pues estaba jalando agua, ya estaba por caer la noche, cuando escuché un grito muy fuerte, como de alguna persona que pide auxilio, un grito de terror, un grito muy fuerte que salió del cenote, espantando a los pájaros, ya ves que ahí viven. Hasta los murciélagos salieron espantados.”

Yo me asusté mucho y empecé a gritar, dejé todo y arranqué a correr directo a mi casa. Se lo dije a mi papá, pero no me creyó. Luego me dijeron que allá cerca había unas ruinas mayas. En una ocasión él me trajo una mano de barro que tenía una pelota, se veían como juguetes, pero creo eran originales, como reliquias mayas. ‘Toma, para que juegues,’ me dijo, pero no sabíamos de dónde era. Posiblemente eran originales o algún vigilante de los antiguos lo hayan dejado, o hayan sacrificado a alguien y por eso escuché aquella tarde-noche el espantoso grito que salió del cenote.”

Terminé la primaria en Colonia y me fui a estudiar la secundaria a Tizimín, porque prácticamente se acabó la fábrica. Mi papá nos dejó doce cerdos para que nos mantengamos. Tiempo después le digo a mi hermana Laura que estudiaba junto conmigo: ‘¿Sabes qué? Ya se acabaron los cerdos, ¿qué vamos a hacer?’ ‘No sé,’ me dijo.” Yo voy a obedecer lo que me dijo la abuela,’ le dije. Pero mi mamá no quería: ‘Allá en ese lugar matan a la gente,’ me dijo, ‘te estás yendo solo.’ ‘No,’ le dije, ‘prefiero que termine Laura y yo veo cómo me muevo.’ Pues toda esa trayectoria de Tizimín hasta Felipe Carrillo Puerto en aquellos años fue algo así como una odisea. Era yo un chamaco y estaba distante. En aquel tiempo los camioneros metían al camión de todo: desde cerdos hasta pasaje. Llegué a Carrillo Puerto ya de noche,” me comenta Manuel con cierta calma.

Le pregunté a los policías si conocían a mis tíos Gilberto y Felipe Balam, que trabajaban en ese tiempo en ‘Lagunas Ocon’, una maderera que decían era de un artista, de Jorge Lavat. Mi abuela vendía antojitos en ese lugar. Cuando me vieron, mis tíos se asombraron: ‘¿Qué haces acá, chamaco?’ ‘La abuela me dijo.’

“Más adelante empecé a trabajar en la radio. Hace como siete años que me jubilé e hice mi página como Manuel Cen, ‘neek’ (semilla en maya).

Continuará…

L.C.C. ARIEL LÓPEZ TEJERO

Vicentelote63@gmail.com

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