Los oficios perdidos I

By on abril 3, 2015

Hasta donde sé, existe un libro con el título homónimo de esta nota, es una obra de René Avilés Fabila y que reeditó la colección Yaleissste en 1999, pero que antes lo hiciera la UNAM. Tomo el título en calidad de préstamo –tal como el «Me acuerdo» de Joe Brainard, modelo que Georges Perec y tantos otros siguieron, y que recién hiciera Margo Glantz–, «Me acuerdo» de Joe Brainard en mente [modelo que Georges Perec y tantos otros siguieron], le pedimos a la escritora mexicana Margo Glantz que «Me acuerdo» de Joe Brainard en mente [modelo que Georges Perec y tantos otros siguieron], le pedimos a la escritora mexicana Margo Glantz para referirme a esos oficios que considero ya han desaparecido en el tiempo que me ha tocado vivir.

Por supuesto, desde el principio de los siglos y la historia humana, los oficios surgieron y, conforme avanzó la técnica y la tecnología, fueron quedando en desuso. Todavía quedan por aquí y por allá oficios que han acompañado al hombre y, mientras las fuentes no renovables y renovables en surgimiento mantengan la cantidad y calidad necesaria de energía para mantener la vida tal como la conocemos, aquellos se perderán para siempre. También es posible que, como las semillas en el desierto, los oficios algún día germinen y se complementen con la vida moderna. Y también existen oficios que van en camino a desaparecer, por lo que también los atraeremos y pondremos a consideración.

Ahora que estamos en este tema-contexto de los oficios perdidos, y considerando nuestro buque insignia Diario del Sureste en su versión electrónica, me parece oportuno referirme en primer término a una labor u oficio que existió y que se catalogaba en la nómina de los medios impresos: el cablista. Esta persona se ocupaba de atender los teletipos o el telex.

telex

Un teletipo (del francés Télétype), TTY (acrónimo de la forma inglesa teletype) o télex, (del inglés telex) es un dispositivo telegráfico de transmisión de datos, ya obsoleto, que fue utilizado durante el pasado siglo XX para enviar y recibir mensajes mecanografiados punto a punto a través de un canal de comunicación simple, a menudo un par de cables de telégrafo.

Los que vivieron los tiempos heroicos del periodismo recordarán que por medio del teletipo llegaba la información de última hora de manera escueta y había que trabajar, es decir, había que encarnar o dotar de músculos aquel esqueleto-noticia. No se podía esperar hasta tarde para tener completa la visión informativa, ya que durante el transcurso de las horas se actualizaba o modificaba el acontecer, pero también había que cerrar en determinada hora la edición.

Los teletipos de Diario del Sureste se encontraban en la planta alta. Se accedía por las escaleras con acabado de “granito” y, al llegar al tercer descanso, a la izquierda se localizaba el llamado “Cuarto de los Teletipos”. Al frente, una puerta de madera que conducía a la terraza – que algunos años después se convirtió en la oficina del jefe de información – y, a la derecha, el pasillo que conducía a la jefatura de redacción y, de ahí y girando nuevamente a la izquierda, la redacción y dirección. Este cuarto de teletipos se hallaba en una zona hasta cierto punto aislada, dada la labor continua y permanente de la máquina de escribir que trabajaba y a la que había que estar vigilando y alimentando con un papel blanco en rollo, porque el continuo tic tac era hasta cierto punto molesto y distractor para la labor del reportero que tenía que trabajar sus notas del día.

Casi todos los periódicos dispusieron de un gabinete de teletipos: una habitación preparada con una mesa en la que se encontraban las máquinas receptoras y que arrojaba sin parar largas tiras de papel con las últimas noticias del mundo. Uno de los redactores paulatinamente revisaba y cortaba las notas, por los espacios en blanco entre noticias, para después pasarlas a Composición, es decir, a Taller para que los cajistas o linotipistas y, posteriormente, el departamento de Formación, fueran convirtiendo las líneas de la noticia recibida en líneas de columna informativa.

telex2

Así fue como, a través de muchos años, con esos “teletipos” se elaboraron miles de crónicas. Los datos aportados eran empleados en sólidos artículos de opinión, ayudaban a los redactores a preparar documentaciones complementarias, o bien confirmaban aquella noticia esperada, dando seguridad al redactor que encontraba en ese trozo del rollo de papel la base documental, por así decirlo, que respaldaba la información. En algunos casos, al presentar la noticia al lector, en el inicio de la columna se eliminaba el nombre o firma de la “agencia”, para presentar la noticia como de “redacción”. Así pues, de todo hubo y, más que el prestigio del redactor – cuya identidad cierto es que se quedaba en el anonimato –, se buscaba en ello dar la imagen de una redacción que “estaba al día”.

Fueron numerosos los periódicos que incluyeron la sección “Última Hora”, en la que se hacía constar la proveniencia de la información indicando “De nuestros teletipos…”, o bien, “Recibido por teletipo al cierre…”. Era, sin lugar a dudas, el “teletipo” durante muchos años el mejor sistema informativo. Además, permitía rellenar las páginas informativas a base de “tirar de teletipo”, pues por este medio llegaban a las redacciones numerosas informaciones atemporales o generales que podían ser usadas ante una eventualidad, esa que siempre se presentaba cuando surgía algún día de seca informativa, como podían ser los domingos.

Así fue que, gracias a una máquina de escribir instalada en la estación transmisora, se gobernaba un conmutador especial que permitía enviar corrientes a una línea en la cual había conectadas una o varias receptoras o máquinas de escribir, y cómo aquellas personas que estaban dedicadas a atender estas máquinas nos proveyeron por mucho tiempo de información

Lo que daríamos hoy por poseer un pedazo de papel enmarcado de aquel equipo con alguna noticia relevante de aquellos años.

(Continuará)

Juan José Caamal Canul

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