Leonrrampantencampoverde

By on marzo 20, 2015

filey

Recién concluyó la Feria de la Lectura en su versión 2105, un evento que cuenta con la aprobación unánime de la comunidad, aun cuando se han señalado aristas, como el exceso de eventos, cancelaciones de presencias, recurrencias de personajes que parecen ser las anclas de la actividad local, así como que se circunscribe al ámbito del Centro de Convenciones.

Durante el recorrido pudimos observar un aumento en la presencia de libreros de viejo de la Ciudad de México y de Guadalajara, que trajeron buenos títulos y ejemplares para los coleccionistas. Llamó la atención el stand de Brigada para Leer en Libertad, grupo que gestionan la Sra. Paloma Sáiz y Paco Ignacio Taibo II, este local sí con auténticas joyas de la literatura policial y otros títulos. Baste un ejemplo: Arena en los Zapatos de Juan Sasturáin. Esta Brigada ofertó libros a precios bastante accesibles, el más costoso de 50 pesos, y no sé qué tan enterados estén nuestros dos lectores, pero este grupo trabaja por la promoción de la lectura, causó sensación en la última feria del Libro de la Habana, es el organizador de las ferias en el zócalo capitalino y, casi en paralelo cuando se efectuaba la de aquí, organizó la de la delegación-capital de los chintololos, es decir Azcapotzalco.

Taibo gestiona ante las empresas editoriales títulos remanentes, sobrantes o descontinuados, y los pone a la venta, es un decir, porque en realidad se diría que los pone a precio de obsequio para los amantes de la buena literatura. Además de que hace gala de sus relaciones con un universo de escritores que tiene legiones de seguidores, ejemplos el chileno Luis Sepúlveda o el barcelonés Andreu Martín, a ello agreguemos que tiene una web http://brigadaparaleerenlibertad.com en la cual usted puede descargar libros en formato PDF de temáticas o autores no tan comerciales.

Otro stand que atrajo nuestra curiosa impertinencia fue el de la editorial Planeta, que puso a la venta reediciones y modernas portadas de casi toda la obra de Luis Spota. Quizá algunos piensen que este autor ha pasado al olvido, o que solo puede hallarse en viejas ediciones de Grijalbo, en las más polvosas y oscuras librerías de viejo. Parece que no. La obra de Spota no ha perdido vigencia, ¿pues cómo? El ejercicio del poder, los intríngulis, tejemanejes, negociaciones en lo oscurito, la tenebra, las intrigas palaciegas, nada pasará de moda, aun cuando cambien los residentes de los sancto santorum del poder. Incluso creo que se perfecciona y, dígame si no, el poder es una de las grandes debilidades, seducciones y locuras de los humanos.

Leer la obra Spotiana, y contrastar lo que hemos leído en los periódicos y revistas del presente siglo, nos permitirá identificar situaciones o personajes en sus rasgos más sobresalientes. En el gran teatro del mundo, los roles, las máscaras, los antifaces siguen siendo los mismos, con leves e insignificantes modificaciones a los argumentos generales.

En esta feria del libro percibo que las auténticas editoriales que concurren son la UNAM, el FCE, SEDECULTA, Proceso, y La Jornada; los demás son expositores y personas dedicadas a la venta del libro que recorren las ferias por todo el país. Lo digo porque me permití escuchar que las personas preguntaban por el stand de la editorial Alfaguara, Anagrama, Tusquets, Planeta, Cal y Arena y, en realidad, casi todos los expositores tenían ejemplares de estas casas editoriales, en la mayoría de los casos novedades y best sellers.

No fustigo esta acción de los expositores. Por el contrario, en los cánones de la mercadotecnia es de suponerse que las empresas deben encontrar sus canales de comercialización y distribución para sus productos. Pero supongamos que en Mérida se convocara a las librerías que existen, y se les dijera que habrá espacios para sellos editoriales determinados. Bien se cubriría la demanda: todas tienen representación en nuestra ciudad.

No sé si recuerden que por el año 2011 se realizó una feria del libro en el Parque de las Américas. Se colocaron stands de lona con aire acondicionado, y el patrocinio provino de la Cámara Nacional de la Industria Editorial. Por cierto, cuentan expositores locales que allí participaron, que fue un inolvidable fracaso por la falta de promoción al evento, y por el lugar un tanto distante. Pues estas personas son las que continúan viniendo a la feria de la lectura.

¿Realmente alguien se ha preguntado cuánto le cuesta a la Universidad de Yucatán el evento? No digamos la organización, sino el subsidio a estas personas que se mueven desde la ciudad de México hasta aquí, en los aspectos de alimentación, hospedaje. Seguramente descubriríamos datos interesantes. Por supuesto que la Feria de la Lectura “pule, fija y da esplendor” a los señores que imaginan que dirigen los destinos de la Alta Casa de estudios.

Otro aspecto cuestionable es la tan alardeada venta nocturna, dado que son muy pocas las que sí hacen verdaderos descuentos pero en libros nuevos, como la UNAM, que a pesar de todo presentó precios elevados.

En la feria también estuvieron presentes expositores exhibiendo y vendiendo artículos relacionados con la lectura y el aspecto lúdico de la actividad. Incluso hubo hasta una tienda dedicada al negocio de la abarrotería preferida por los sectores más populares.

Vale observar que algunos medios y corporativos dedicados al negocio de la comunicación tratan de destacar y promover sus productos en la feria; tal es el caso de un periódico y una revista que agregan al nombre de sus medios el término Yucatán. Tal empresa, a la entrada montó una exposición de sus portadas a lo largo de casi cien años, pero esto ocasionó que otros medios hayan minimizado su cobertura del evento. Tan es así, que hasta el momento no he leído una relatoría o nota sobre el encuentro de periodistas culturales, que tanta falta nos hace en el patio, dado que “se leen calamidades”, – como dice Víctor Roura que no fue incluido en la lista de ponentes –, como aquél que mencionaba la presencia de la editorial La Cirihuela, cuando debe ser Siruela, pues la fundó Jacobo Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, conde de Siruela, o aquella otra que mencionó que Paco Ignacio y Benito Taibo son padre y primogénito, cuando son hermanos. Estas son situaciones que se pueden subsanar con un editor que posea cultura general.

Estuve presente en el evento de los Booktubers, que está de moda entre los adolescentes. El término proviene de unos chamaquitos que leen y, mediante videos que suben a la plataforma Youtube, difunden lo más característico y relevante de una obra, es decir la comentan, aunque les endilgan que hacen crítica literaria cuando más bien recomiendan o marcan tendencia, trending topics en el argot de las redes sociales, de lo que hay que leer. Nada nuevo: hace tiempo que el Canal 22 creó La Dichosa Palabra, que por cierto aún esperamos los inviten a venir pues me parece un evento de primer nivel para escuchar y promover la lectura y éste sí, de verdad, crea adicción y es un fenómeno viral para el público de todas las edades.

En este primer evento invitaron a Benito Taibo, al cual trataron como una estrella de rock o ídolo juvenil, y no faltó quien se compró al mismo tiempo dos o tres libros de él. Sin embargo, no sé si fue por la ligereza y emoción del momento, o porque los adolescentes abundan en impulsividad, pero el caso es que se agotaron en un santiamén los libros. Daremos tiempo al tiempo para saber. Baste decir que, en las librerías de segunda mano de la ciudad, abundan los libros de la colección Ya Leissste, o de los que la Presidencia de la República (en la contraportada se aprecia lo que se conoció como el águila mocha) y la SEP obsequiaron a los maestros y estudiantes. Veremos si no encontraremos ahí ejemplares de Benito.

Vale llamar la atención a que el autor, se comprende, pasó por el tamiz de los jóvenes Booktubers y que éstos, en lenguaje juvenil, acercaron a otros chavos a la lectura, aunque no es lo mismo leerlo directamente. Para entender un autor a cabalidad, hace falta ejercitar el músculo de la lectura para disfrutarla. Acaso las editoriales han encontrado un efectivo modo de promoción para vender sus libros: niños leyendo para niños, mujeres lectoras para atraer mujeres lectoras. No es mala idea.

Propuestas sobre cómo mejorar la FILEY, sí cómo no. Aquí van algunas tal vez delirantes:

  • ¿Por qué no habilitar algunos de los autobuses que cubren la ruta del centro histórico al Centro de Convenciones como bibliobuses en los cuales, además de pasajeros-lectores, transporten libros? Con este vehículo, los usuarios podrían acceder a la lectura de los autores que estarán presentes en la feria. Por supuesto que no podemos sugerir obras completas, novelas, pero sí fragmentos o avances de obras, libros de imágenes –porque también una imagen propicia y es fuente de lecturas, recordemos ese lugar común de que una imagen vale más que mil palabras. En tanto durara el recorrido se podría leer algo interesante, pero breve: no podremos enfrascarnos a leer La Guerra y La Paz, o el Conde de Montecristo, porque quizá no pasaríamos de las tres primeras páginas.
  • En el trayecto de la 60 Norte, o en Prolongación de Montejo, se podrían exhibir en espectaculares líneas extraídas de alguna obra, versos, aforismos, mini-ficciones, palíndromas, textos que hablen por sí mismos sobre el poder de la lectura, o tomados de libros que potencialicen la imaginación o nutran el alma, esos que son para aquellos que presumen de leer.
  • En general, ¿por qué no habilitar a la ciudad entera como espacio para la lectura y los lectores?
  • ¿Y por qué no levantar un altar cívico y cultural al libro?

No sé la razón por la que parece que la feria cada año va adquiriendo un cariz de política cada vez mayor, o si es la misma política la que va adquiriendo una presencia preponderante. Se entiende que los que rigen la universidad son, más que nada, políticos, pero hay que guardar las formas. El próximo año resulta que el invitado de honor es el estado de México, y quien quita y quien venga a inaugurarla sea su ciudadano emérito y primer lector de la nación.

Juan José Caamal Canul

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