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José Juan Cervera
Cuando la conformidad se alza victoriosa, sólo queda cortejar sus fisuras más discretas.
Algunos elegidos comenzarían a esparcir el bien si la evolución permitiese cambiar de especie y mudar sin resistencia los hábitos adquiridos.
Las costumbres del rebaño moldean el repertorio moral del pastor.
En el tumulto acechan una conciencia fallida, una temeridad peligrosa y una regresión insensata.
Nadar con la corriente al soplo de la inconciencia pone a flote posiciones sumisas y tejidos adiposos.
La práctica de repetir patrones desatinados borda suspiros de abismo sobre sustancias volátiles.
Los moldes viejos pierden la potestad de sus funciones cuando acogen materia destinada a fraguar estructuras armónicas.
La corriente en que circula la reiteración de los hábitos exige seguirla hasta su vaciamiento completo sobre el simulacro que entraña formas rancias y sabores insípidos.
La capa externa de la costumbre guarda múltiples franjas que ocultan desolación en sus entrañas.
La moral es un cuadro defectuoso que aspira a enmendarse mudando la rigidez de sus ángulos.




























