Editorial: Marco Social En Riesgo

By on junio 16, 2016

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La decisión de un grupo empresarial mexicano, que forma parte de los consorcios fabricantes de cerveza a nivel mundial, en el sentido de instalar una fábrica en Yucatán, más concretamente en el municipio de Hunucmá, obedeció más que a una gestión gubernamental, a un frío análisis presupuestal, a cálculos económicos y territorialmente estratégicos para sus intereses y conveniencia.

No debe extrañarnos. Las empresas operan así en la búsqueda de beneficios y ganancias crecientes. Es correcto. Sus estudios consideraron que aquí no padecerían por la carencia de su principal materia prima – el agua – que en otras partes de la república ya registra escasez y contaminación, a veces por consecuencia de desechos químicos, contaminación de los mantos o ríos, u otros impedimentos naturales.

Yucatán no les traerá más que facilidades y ganancias. Un puerto de Altura, construido por el afán de don Víctor Cervera Pacheco de ver hacia el futuro de sus gobernados y el desarrollo de familias y empresas, unido a la red de carreteras trazada con visión seguramente influyeron en el ánimo de los socios de la empresa cervecera para establecerse entre nosotros. La infraestructura cumple sus expectativas, la mano de obra es barata, existe un desempleo galopante, no existe competencia local en el giro, etc.

Además, con la nostalgia por nuestros productos cerveceros acreditados por los empresarios locales – que impulsaron no solo el consumo, sino el deporte popular del béisbol –, lo de anunciar que las antiguas marcas seguirían presentes, todo fue una estrategia de mercado excelente que ameritó un intermedio en un informe anual del Gobernador para dar espacio a la presentación del proyecto del representante empresarial ante un público de diez mil personas, cautivo en el Polifórum Zamná.

A estas fechas se sabe que las construcciones y equipamiento van muy avanzados y que, además, van a instalarse empresas colaterales adjuntas que fabricarán insumos para la industria en ciernes, que habrá espacios de trabajo y empleos para los yucatecos que pasen por pruebas y exámenes, etc.

Aún no ha trascendido cuánto van a pagar por el uso de cientos de millones de hectolitros de agua que se convertirán en cervezas, ni dónde y cómo se dará curso a las aguas residuales que deberán aparecer después del lavado de envases, limpieza de instalaciones, y otras operaciones industriales. Si un usuario paga $62 de consumo en su casa por un mínimo utilizado, y nuestras empresas locales deben cumplir con instalaciones y pagos adicionales, ese aspecto todavía se encuentra en el aire, sin sustento o definición del gobierno o el grupo empresarial.

Al parejo con lo anterior, aún sin operar la embotelladora cervecera, los actos de violencia, accidentes viales trágicos, homicidios en nuestro estado, llevan la marca de la ingesta y/o abuso de bebidas alcohólicas. Los asaltos a agencias expendedoras, suicidios, asesinatos, ya son noticia preocupante cuando cotidianamente los medios de comunicación dan información alusiva a los accidentes, hechos de sangre, suicidios.

Apenas se anunció la instalación de la nueva planta cervecera el ayuntamiento de Hunucmá, según ha denunciado recientemente la síndica municipal, otorgó veintitrés licencias municipales para giros con venta de cerveza y licor, además se desconoce cuántos establecimientos de este tipo operan en Yucatán, sin incluir los que forman parte del clandestinaje y la tolerancia.

Ante la vaguedad de los perfiles de un Escudo para la seguridad, no se sabe si habrá revisión y ajuste del número de los giros relacionados con bebidas alcohólicas, lo cual se antoja nuevamente necesario porque si ya con las licencias existentes los niveles de violencia van a la alza cotidianamente, de autorizarse más expendios de estos giros, los índices de seguridad descenderán y el escudo, cualquiera que sea su concepción, explotará cuando ahora está en una implosión que va siendo de niveles peligrosos.

Son estos temas para un amplio debate social, análisis y toma de decisiones concretas acordes a las circunstancias presentes y futuras. Están de por medio la tranquilidad, la paz y la sana convivencia entre los yucatecos de todos los niveles.

Estos son tiempos de reflexión y de búsqueda de rutas adecuadas para un sano, firme, y compartido desarrollo social.

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