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Editorial: ENCRUCIJADA ELECTORAL

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En pocos días más, culminado el proceso electoral en curso, quedará ante nuestros ojos el panorama de un país y un estado que se verán afectados, lo quieran o no, por los resultados surgidos de un electorado no siempre bien informado, que ha sido objeto de campañas incesantes de manipulación psicológica para canalizar votos hacia propuestas que aún no convencen.

Los abusos de un sistema, los latrocinios, la impunidad, la violencia, son factores que seguramente incidirán en votos y resultados. Se percibe un desagrado social por hechos y circunstancias que han llevado al ciudadano al hartazgo político. Ha llegado el momento de las reflexiones y las decisiones, cuando cada votante acuda a la urna que le corresponda y deposite el voto que valide o refuerce la sociedad y la manera en que actualmente vivimos, o decida por la opción de cambiar situaciones injustas o gobiernos ineficientes.

Hasta el momento, los partidos protagonistas han hecho valer publicitariamente sus “triunfos” y “logros” a favor de los ciudadanos y las comunidades, culpando a sus adversarios de los retrocesos o los pésimos resultados que mantienen a los grupos sociales en la insatisfacción y el desamparo. Ninguno menciona que detrás de los partidos políticos se manejan buenos subsidios y canonjías, no existen las limitantes económicas o problemas que afectan a los ciudadanos comunes, víctimas del desempleo, la enfermedad, la miseria, la violencia generalizada y la prevalencia de disposiciones que, por imposiciones del mercado o disposiciones legales, atosigan al ciudadano y le niegan el disfrute de una vida digna, un ingreso decoroso, servicios públicos de calidad, trato humano y respeto. En el agujero negro de los fondos públicos y la lenidad para procesar y castigar la corrupción hay motivos y sustento válido para una inconformidad masiva de la ciudadanía.

Y esa actitud debe reflejarse en cada voto.

O debería.

En países de otras latitudes vemos que así ocurre y es base para cambios trascendentes en la dirigencia de gobiernos y partidos. En México somos la raza de bronce, el pueblo del aguante eterno, el paraíso de la corrupción y la impunidad.

Los votos podrían lograr un cambio favorable, alentador.

En esta encrucijada electoral hay solo dos caminos. En unos días más sabremos los resultados que habrán de servirnos para fijar nuevos espacios a nuestras esperanzas o para prepararnos a una repetida y más difícil realidad.

Repetimos que estos días previos son tiempos adecuados para la reflexión y el análisis

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