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Comprando el olvido

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Nuestro país se debate en el infortunio, en la inseguridad, y a últimas fechas afrenta desgracias ante embates meteorológicos en varios municipios veracruzanos, a lo que se ha sumado un derrame de hidrocarburos de “la empresa de todos: Pemex” que ha contaminado el río Pantepec en el mismo estado.

Mientras las comunidades veracruzanas intentan rescatar del fango sus pocas pertenencias, los políticos vivales no dejan de hacerse presentes, buscando publicidad a costa del sufrimiento de nuestros coterráneos.

Al mismo tiempo, los escándalos por el inusitado e inexplicable crecimiento de las propiedades y riqueza de personajes cercanos a aquel presidente que presumía que la corrupción se acabó desde que su partido llegó al poder no solo no cesan, sino arrecian.

En el México de nuestros días, según los políticos del partido guinda, “las cosas están mejor que nunca”, los servicios de salud y atención son mejores que en Dinamarca, y la inseguridad que viven estados enteros de la República “son mentiras de la oposición”.

La verdad y los hechos son inexorables. El peso de las evidencias aumenta exponencialmente y no se ve lejano el punto de quiebre del partido hegemónico, o de la economía nacional.

Penosamente, la cabalgante ignorancia que aumenta en nuestro país hace más hondo el pozo en que se hallan tantos mexicanos, oscureciendo el panorama.

México se duele ante esta clase política, tan lejos de los ciudadanos y sus necesidades, tan cerca a sus propios intereses, tan impunes.

Todos ellos compran olvido, alentado por las becas y asistencia monetaria que reciben millones de mexicanos de las arcas nacionales (financiadas con una deuda creciente que se ha duplicado en tan solo siete años, superando los 20 millones de millones de pesos), acompañadas de la verborrea diaria desde el púlpito presidencial, escondan sus fechorías.

Pobre de nuestro México, tan lleno de políticos sinvergüenzas y criminales de todas las montas, desde los de cuello blanco hasta los cobardes que se escudan en la violencia para obtener ganancias empapadas de sangre.

El cinismo y desvergüenza son sus distintivos, junto con su ignorancia y ausencia de patriotismo.

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