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Adviento 2025

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El Adviento para los católicos es un tiempo de preparación para el nacimiento de Jesús, cubre cuatro semanas y finaliza el 24 de diciembre. El pasado 30 de noviembre la primera vela en la corona de adviento significó “esperanza”; las tres que siguen, una a ser encendida cada domingo, representan, en orden: “paz”, “alegría” y “amor”.

En nuestro dividido país, estos cuatro conceptos existen en abundancia, según se repite cada mañana desde el púlpito gubernamental desde hace siete años; para un número cada vez más creciente de mexicanos que disienten de la opinión oficial, cada día hay menos de cada uno de ellos.

Lo que es muy evidente es que la armonía y unidad en México han sido sacrificadas en el altar de la “transformación”, tan aferrada a apuntar con flamígero dígito y fustigar con acerada lengua a quienes osen cuestionar el evangelio mañanero y el imperio de los otros datos.

A juzgar por las manifestaciones de ciudadanos en muchos estados del país, a las que se unen infinidad de voces que son descalificadas con un sinnúmero de adjetivos, más organizaciones empresariales y agrupaciones campesinas y ganaderas, todos estamos necesitados de esperanza, paz, alegría y amor.

Al iniciar diciembre, no solo entramos a un necesario período de reflexión que nos permita dilucidar qué debemos cambiar para ser mejores e iniciar el nuevo año con nuevas estrategias, sino también nos llenamos de recuerdos relativos a esta época, mientras planeamos y trabajamos en crear nuevos.

Quisiéramos tanto que existiera un poco de humildad en los actores políticos de uno y otro bando, reconociendo sus errores y, sobre todo, emprendiendo acciones para corregirlos.

Quisiéramos tanto que medicinas, atención hospitalaria, vacunas y la salud de todos los mexicanos fuera cubierta y atendida.

Quisiéramos tanto que esos apoyos económicos que reciben tantos sectores de la población, que vienen de los impuestos y creciente deuda gubernamental, no fueran el único ingreso de muchos, que la oferta de trabajo cubriera la población laboral, creando un círculo virtuoso, en vez de observar más y más negocios atosigados por delincuentes que cobran derecho de piso.

Quisiéramos dejar de preocuparnos por transitar en carreteras, calles, por ciudades y estados que otrora invitaban a visitarlos, algo que ahora puede costarnos la vida.

Quisiéramos que la esperanza, la paz, la alegría y el amor fueran cosa de todos los días en México, y no un buen deseo.

Pongamos de nuestra parte y creemos las condiciones para recibir al Hombre más grande de la Historia en nuestros corazones durante este adviento.

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