PRI, un partido en agonía

By on mayo 24, 2019

Editorial

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En los actuales momentos, y como consecuencia de sus enfermedades y errores acumulados, uno de los partidos políticos otrora más poderosos de América está en trance de agonía, con rumbo a su desaparición.

Sus orígenes en los antiguos movimientos reivindicatorios de la Revolución Mexicana y de la aplicación de la Reforma Agraria, las nacionalizaciones petroleras y de la industria eléctrica, crearon liderazgos ahora desaparecidos en dos de sus brazos más firmes: el sector agrario y el sector obrero, ambos proveedores de sustento al instituto político, al que se agregó un sector popular variopinto, para aglutinar agrupaciones obreras o relacionadas con la burocracia oficial. Era la época de los líderes eminentes, de las grandes concentraciones, de la firmeza de las vocaciones y del sustento político de los votos.

¿En qué momento inició el declive? Cuando se conjuntaron el agotamiento de los caudillos, su fallecimiento, la aparición de fuerzas políticas competidoras, y el natural trabajo de las tendencias, marginadas por un tiempo, como de las fuerzas de una oposición estructurada entre los grandes sectores económicos empresariales e intelectuales, que paulatinamente fueron ocupando espacios y asumieron organismos de conveniencia, útiles a unos y otros en lo económico y lo político. De ahí los acuerdos para consensar candidatos y llegar a acuerdos para que las usuales decisiones cupulares se mantuvieran a cualquier precio, así fuera con uso de la represión o violencia.

Surgen por entonces en el campo político otros partidos de tendencias izquierdista, derechista y centrista, o hasta extremista, de las que aun sobrevive el EZLN, surgido a raíz de la esperanza frustrada de rescate de principios y líneas de acción, asesinadas ambas junto con su ideólogo: Luis Donaldo Colosio Murrieta.

El neoliberalismo se abrió paso y consolidó aún más su poder no dándole importancia a los hechos, y afirmando sus alianzas entre grupos oligarcas.

Lógico era controlar a un PRI, sitio de la toma de decisiones consensadas, con poder omnímodo sobre el sistema, los grupos de poder, el aparato de control político en que se había convertido el gobierno mexicano, con extensiones a todo el cuerpo de la república. Gobierno y partido eran uno y lo mismo.

Las mostradas debilidades del sistema facilitaron el acceso de otro partido de signo contrario a las decisiones nacionales. Así, gobernó un folclórico ranchero como Presidente de la República.

El PRI continuó deteriorándose. Sus dirigencias renovaron alianzas. Cada vez más débil, el priismo a un gran costo logró alianzas y ubicó dos Presidentes más, ninguno de ellos con raíces revolucionarias, mas si con alianzas firmes con grupos de poder político y económico.

Durante ese período, de doce o más años, el bloqueo y la represión a grupos o liderazgos diferentes se mantuvo. Los órganos electorales, aún en proceso de integración plena y definida, fueron rebasados y las elecciones se operaron al gusto de los tenedores del poder. Hasta 2018.

Las deficiencias, errores arrastrados, un sistema electoral manipulado, la corrupción, todo motivó una respuesta electoral inédita: de rechazo a la imposición maquinada. Fue entonces que treinta millones de mexicanos dijeron ¡BASTA! y votaron a favor de un liderazgo acosado por años, agredido, rescatándolo y poniéndolo a la cabeza con un ofrecido “Movimiento de Regeneración Nacional”.

Y en ese circuito andamos en lo que políticamente se ha calificado como la Cuarta Transformación que, con la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana, intenta frenar la corrupción desatada por un neoliberalismo salvaje, depredador, saqueador de las riquezas nacionales.

Las fuerzas priistas, dispersas, no tienen capacidad de respuesta ante esta avalancha popular de adhesiones a la figura de un carismático nuevo Presidente de la República.

No gusta a los intereses creados esta situación, esta circunstancia, pero la población ve con buenos ojos las decisiones correctivas que aplica el nuevo gobierno.

Y debemos reconocer que no es poniendo piedras en el actual camino gubernamental como habrán de resolverse los angustiosos y acumulados problemas de México.

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