Plumas en juego

By on julio 23, 2020

 

 

ROSA CAROLINA GONZALEZ DE LA TORRE

 

Rosario Castellanos

Como un rito de iniciación, una tradición de los Siglos XVII y XVIII a las mujeres se les presentaba en sociedad. En aquellas épocas significaba dar a las señoritas de 15 o 18 años, un espacio en grupos y actividades que de ninguna manera antes de esa edad podrían ocupar.

Los vestidos, las coronas, los chambelanes, el baile de entrada, el de rompimiento y el eterno femenino ponían a las festejadas a cierta hora en el centro del salón de fiestas, como en la tierra de en medio, para explicarles la etapa en que dejarían de niñas y seguir al pie de la letra “su papel como mujeres”.

Mi álbum de familia se destaca por tres mujeres nacidas en Espita, Yucatán, 1902 y en el Centro y Sur de la CDMX ,1913, 1941.

Pisita, Rosa y Julieta no quisieron festejo de XV años. Eran mujeres que sabían latín.

En el rescate del mundo, su mundo, entre las ganas de aprender, probar la cocina, explorar la aventura, sentir el teatro, ejercer el uso de la palabra oral, escrita y hasta de taquimecanografía, compartir el canto, desempeñarse en docencia, su papel como mujeres venció la corrupción. Su vida no pasó a ser vigilia estéril, más bien fue un tablero de damas que transformó la ciudad real en la que crecieron.

******************

 Elena Garro

Un hogar sólido para las tres no era sinónimo de verse con marido y como señoras en su balcón.

Tampoco era mirarse al espejo como una dama boba que no sabe qué usar de su enorme guardarropa y al final ponerse un traje rojo para un duelo. No, no eran ese tipo de mujeres ni de tener esa clase de hogar.

Lo levantaron con los recuerdos del porvenir: imágenes de su niñez para forjar su futuro con su montón de hijos, eso sí, siguiendo tras ellas el rastro del duende, de la perfecta luna, buscando el anillo en un millón de estrellas, riendo por el día que fueron perros, descubriendo un corazón en un bote de basura.

Pisita y sus cuatro nenés andando en tren por los pueblos del Camino Real: Calkiní, Halachó, Maxcanú, Chocholá, Mérida. Rosa con sus cinco pollos corriendo alrededor de su falda en la casa junto al río de las Armas y las vías del ferrocarril en Azcapotzalco, las bocas negras de capulín. Julieta con sus seis chamacos andando en los mercados, las iglesias, los kioscos y las calles empedradas de Coyoacán.

***********************

Guadalupe Amor

Con todos los siglos del mundo y con la herencia de la función  de las mujeres a cuestas, Pisita, Rosa y Julieta se abrieron camino entre los pueblos y la ciudad, llenas de valor y de humildad, sin olvidarse de los suyos y haciendo el bien a los ajenos, con el Jesús en el pensamiento, una décima de Dios los domingos de misa, el corazón latiendo a ritmo sostenido: “Yo soy mi casa”, “Soy dueña del universo”, las enaguas bien puestas, la puerta obstinada , abierta y con vista a grandes horizontes, manteniéndolas  en pie por 94, 97 y 64 años.

*******************

Ángeles Mastretta

Mujeres de ojos grandes que vieron el mundo iluminado.

Yo pude verlo a través de sus desvaríos:

Pisita – actriz. Pisita – maestra. Pisita – escritora de versos.

Rosa – cantante. Rosa – besucona. Rosa – viajera. Rosa – libertad tras el pensamiento de Gandhi y Madiba.

Julieta – audaz. Julieta – emprendedora. Julieta – aventurera.

¡Arráncame la vida por no haber probado sus guisos! Frijol con puerco, escabeche y relleno negro del sureste. Pipián, almendrado y pulpos del centro.  Pasilla rellenos, mole de olla y tacos del Bajío. Pisita torteando chocolate, Rosa tostando almendras, Julieta batiendo la masa para los tamales.

Su mal de amores, la familia. Sus hombres de amores: Ramón, Jorge y Jesús, sin duda.

Las tres tejidas en versos de la pájara pinta y las canciones de Jorge Negrete y Pedro Infante, Pisita; de Gonzalo Curiel, Rosa; y de música ranchera, Julieta.

Mujeres de puerto libre sorteando las olas de la mar a la que siempre amaron.

*****************

Amparo Dávila

Pisita, Rosa y Julieta tumbando árboles petrificados, recibiendo al huésped con los brazos abiertos.

Perfil de soledades no existió en ellas porque estuvieron rodeadas de personas y de amor.

En su delantal guardaron salmos bajo la luna y sus meditaciones a la orilla del sueño, ese sueño tranquilo y profundo del que jamás despertaron.

MARÍA PRISCILIANA ROSADO PENICHE PISITA

ROSA RIVERA SIERRA

JULIETA NEGRETE CABRERA

3 Comments

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.