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PERSEGUIR EL MITO

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PERSEGUIR EL MITO

PERSEGUIR EL MITO

Habrá que perseguir el mito dentro de nosotros,

el mito que nos hará despedazarnos.

 

REFLEJOS DEL FUEGO SOBRE EL AGUA HELADA

Y aquí me tienes bajo la negrura del eclipse.

Nadie como Tú para anegarme.

Llevo el manto del basilisco colgado en la espalda,

la voz del águila inundando la semilla

Déjame hacer nido en la roca de tu vientre,

inundarte con el poder de mis agujas

Cuando entres

no dejaré que salgas del remolino que me habita,

violento laberinto de miradas.

Cada dos días seré látigo y voz que te domine,

cada tres iremos a repartir el pan

la costilla y el lodo.

Él y el escondite de los truenos.

Ella y la voz cautiva del lenguaje.


 

ENCONTRARTE HA SIDO LA CARICIA DEL TIGRE

un adormecerse

en ese diablo tan nuestro

acechante

siempre

sin complejos ni odios:

Mi arcángel se ha perdido en la maleza,

su luz ha devastado tu rostro,

y te recuerdo hambrienta,

dolorosa y culpable de belleza.

 

 

YO OFREZCO MI PAN DE ALMENDRA

Yo,

pedazo de polvo,

partícula indivisible,

me entrego a esta semidiosa aletargada:

le pertenezco.

Porque nada hay que el ser humano espere

de este caprichoso Gólgota que somos.

Ni una sola manzana en qué perderse.

NOS HEMOS ENFRENTADO CUERPO A CUERPO

respetando los códigos de la antropofagia.

Nos hemos lastimado cuerpo en cuerpo,

con toda esa malicia de los dientes.

No hay monumento ni consulta

en que no hayamos vertido nuestra sorna.

Ceñidos bajo el código Hammurabi,

habremos de partirnos el cráneo en tres partes,

y esta cama de diorita nos dará descanso,

para sabernos maldolientes

resquebrados asesinos,

encimados en las aves de los sueños

corrompidos a puras dentelladas…

QUIERO IRME CONTIGO HASTA EL VALLE HINÓN

para sacrificar a nuestras criaturitas.

No dejemos que nunca más vuelvan a sonreírnos las quimeras

y todo sea respetarnos la locura el aletazo que ya no se discute.

Hay que elevarse sin complejos,

alejarse uno del otro con todo y el golpe entre los labios.

La voluntad de las hormonas siempre extenderá sus lanzas,

y ningún Josías podrá purificarnos.

Tan limpios ya de toda idolatría,

seguiremos el impulso que nos anuncia el grito de los niños,

ahogadas criaturitas quemándose en el fuego

 

Adán Echeverría

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