Mujeres en la Música del Caribe – V

By on septiembre 17, 2020

Entre Corcheas

V

Ligia Cámara Blum (Abril 1 de 1943 – octubre 14 del 2013), talentosa pianista y compositora cuyas cenizas yacen en el Monumento a los Compositores de la Canción Yucateca, en el Cementerio General de Mérida. AHGA.

LIGIA CÁMARA BLUM

ALFONSO HIRAM GARCÍA ACOSTA

Siempre es agradable contribuir a que se amplíen los horizontes biográficos de los talentos peninsulares femeninos que ha dado nuestro solar yucateco.

Va nuestro agradecimiento por la oportunidad ahora gracias al trabajo del Dr. José Loyola Fernández, que con sus dotes de investigador musical es acucioso en su proyecto de dejar un testimonio del talento musical de la mujer en el ámbito caribeño, incluyendo el área peninsular, en los trabajos de investigación musical para fortalecer los vínculos que unen a Cuba y México a través de la historia y de sus raíces musicales –que se funden como una sola, hay muchos ejemplos.

Atisbo en la memoria y recuerdo algunas frases en una charla de Hernán Lara, cuando en nuestras pláticas siempre salía a relucir esa gran Antilla del Caribe:

El Caribe, el Mediterráneo de América, guarda múltiples secretos en su historia. Las relaciones políticas, imaginarias y simbólicas entre Yucatán y Cuba son tratadas por Hernán Lara Zavala, cuyo más reciente libro, “Península”, fue galardonado con el Premio Elena Poniatowska 2009. Las figuras de José Martí, Fidel Castro, El Che Guevara, Felipe Carrillo Puerto, entre otras, desfilan en este texto que destila ron y buen tabaco.

“De ínsula a península, de isla a tierra firme, de cabo San Antonio a cabo Catoche, de La Habana a Campeche, Sisal o Progreso, no media más que un breve paso: el Canal de Yucatán, que con sus escasas ciento cincuenta millas marinas permite la entrada al Golfo de México para convertirse en puerta del nuevo mundo.

“En efecto, a Cuba y a la península de Yucatán las separa el mismo mar ondulante que va y que viene, el Mediterráneo de América, con el batir de las mismas olas, las mismas corrientes y mareas que suben y bajan, y que durante la temporada de junio a noviembre obedece los mismos ritmos que pueden enfurecerlo, adquiriendo tintes huracanados que golpean una u otra orilla sin ningún miramiento, como las atacaron también sin la menor conmiseración conquistadores, piratas, corsarios, bucaneros, filibusteros, indieros, negreros y yanquis.

“Dos tierras hermanas, dos tierras muy jóvenes sobre el planeta, dos tierras alegres, musicales y sufridas, dos tierras de guerras, revoluciones y canciones, dos tierras en conflicto que se han ayudado desde siempre, de la península hacia la ínsula, con gallinas, zapatos, sal, pescado, cordajes, maíz, hojas para la picadura del tabaco, cochinilla para teñir, cacao e indios; así como de la ínsula a la península con vinos, azúcar y ron, aceites, tabaco, telas europeas y negros africanos.

“La villa de San Cristóbal de La Habana con San Francisco de Campeche, o la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Mérida han sido ciudades hermanas y vecinas, seguras y cordiales cuando el mundo era menos ancho y más ajeno. Cuando la propia patria se tornaba adversa, sus ciudadanos las contemplaban como refugios cercanos y fraternales. Hace ya muchos siglos Cuba y Yucatán se separaron una de la otra como dos células, como si una se hubiera convertido en una balsa de piedra para navegar por el Caribe mientras la otra, fija a tierra, la viera partir o como si se hubiera perdido una pieza del rompecabezas que quedó flotando en el Caribe.

Con estos antecedentes histórico, musicales y comerciales, pasemos a hablar de los arpegios en la música de Ligia Cámara.

Retrato al óleo de Ligia Cámara, que se encuentra en el Museo de la Canción Yucateca. Mérida, Yucatán.

La amistad con la familia Cámara Blum siempre fue familiar, pues la abuela de Ligia y su hermana Lía Genny son nuestras parientes de dos generaciones anteriores: nuestras abuelas maternas eran primas por Franco, y en ambas familias el piano y el violín fueron el sello familiar.

Ligia fue un genio musical desde su niñez, pianista y compositora, iniciándose en el piano desde los tres años, según cuentan sus vecinos del barrio de Santiago; a los cuatro tocó unas piezas en violín, ya que su padre quería que fuera violinista. Quien estudió el piano y fue concertista clásica fue su hermana Lía Genny, con quien estudié la secundaria en Mérida.

Su trayectoria de éxito como compositora, en algunos casos también cantilenista, se refleja en los mayores éxitos en sus conciertos; canciones como “Retorno”, que compuso a los 14 años; en 1964, “Para Siempre “resultó finalista en un concurso en la Ciudad de México; en 1967, escribió “No vale la pena”, que grabó posteriormente.

Desde 1984 ofreció recitales en los Teatros “José Peón Contreras”, “Daniel Ayala Pérez” y “Felipe Carrillo Puerto”. A partir de 2001, ofreció recitales en el teatro “Mérida”, ahora “Armando Manzanero”, y en el Centro Cultural “Olimpo”, en su Teatro “Silvio Zavala”. Participó en muchas ocasiones en el Festival Musical de Mayo, en el Otoño Cultural de Mérida, y en todas las ocasiones que se dio en Mérida el Festival Internacional del Bolero, donde trabajó en todas sus clausuras.

También trabajó en “El Granero” de la Av. Pérez Ponce, de donde salió su primer disco compacto “Recuerdos del Granero y algo más…”

Su sentimiento por Cuba y su música lo demostró cuando compuso “Dos Palmas Cubanas”, “El Son de tu Mirada”, “Nací con el Bolero”, “A Veces”, y “Como Sangre y Herida”, con la cual ganó ese año de 2000 el segundo premio del “Festival Musical “Juan Acereto”.

Ese mismo año grabó a dúo con Armando Manzanero. Alternó con numerosas personalidades de la música en Mérida, Ciudad de México y La Habana, en Cuba.

El Instituto de Cultura y las Artes de Yucatán –antes– y la Secretaría de la Cultura y las Artes –actual– le hicieron homenajes, entregándole los galardones correspondientes a su estatura musical.

Entre mis recuerdos de ella y su hermana Lía Genny, nos encontramos en cinco ocasiones en el Consulado de Cuba en el Sureste de México, en Mérida, cuando estaba en la calle 60 cerca de San Fernando y posteriormente en la Col. Campestre, en los homenajes a Martí y en el Parque de las Américas en la Biblioteca José Martí, donde está el busto de Fleming. Compartíamos a los libertadores cubanos con música y poesía

Su recuerdo está grabado en su escuela de Música –clases de piano, violín y guitarra–, en la calle 61 entre 67 y 80 en Santiago, donde huele a “La Divina Gorda”, como le decíamos con cariño.

Cierro con una frase de Ligia: “Quiero ser recordada como una artista que con su piano y su alegría trató de hacerle vivir a su público buenos momentos.

Además de su música, Ligia nos dio siempre una sonrisa franca y perenne, sonrisa que la acompañó en sus actuaciones y toda su vida.

AHGA.

Fuentes

http://www.museodelacancionyucateca.com/2016/04/26/ligia-trinidad-camara-blum/

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