Midsommar, El terror no espera la noche, de Ari Aster

By on septiembre 26, 2019

Cine

Ari Aster, director estadunidense nacido en 1986, tiene una imaginación muy vívida, un lenguaje cinematográfico lleno de imágenes que son a la vez impactantes y artísticas, y un sinigual talento para hacernos sentir incómodos mientras relata sus historias en la pantalla.

Lo conocimos con El legado del Diablo (Hereditary), una película de corte sobrenatural en el que también abundaron elementos de locura y paranoia, con un final espectacularmente espeluznante que nos deja dudando y con muchas preguntas.

Ahora, con Midsommar nos vuelve a dejar con una sensación de horror sumamente palpable en la boca del estómago cuando los créditos finales aparecen en la pantalla, un reconocimiento corporal a lo poderoso que ha resultado lo que hemos presenciado.

Por si fuera poco, al abandonar la sala, es imposible dejar de evaluar las escenas, la trama, el mensaje, buscando de esta manera saborear una vez más aquello que tan magistralmente nos inquietó durante las poco más de dos horas que dura el filme.

Dani (Florence Pugh) es una joven mujer, estudiante universitaria, llena de inseguridades y baja autoestima que se ha hecho novia de Christian (Jack Reynor), un estudiante de Antropología que no ha encontrado la manera de acabar con su noviazgo en el cual se encuentra insatisfecho.

Ari Aster da instrucciones a Jack Reynor (Christian) y a Dani (Florence Pugh).

Para terminar de complicar su aspecto emocional, en las primeras escenas del filme Dani pierde a toda su familia cuando su hermana decide suicidarse y llevarse a sus padres con ella a su viaje sin retorno.

Christian y sus amigos universitarios han aceptado la invitación de su amigo Pelle (Vilhelm Blomgren) para asistir a su festival familiar de verano en Suecia, pasarla bien (drogarse, emborracharse, conocer mujeres) y Dani acaba acompañándolos, ante la silenciosa queja de los amigos, ayudada por la aparente compasión de Christian, cuando en realidad es debido a su pusilanimidad.

El festival es un evento de nueve días, y en cada uno de ellos hay una actividad o un elemento que pone a prueba a todos los visitantes, no solo por el hecho en sí –todo perfectamente comprensible desde la lógica e ideología de la familia– sino por el conflicto que representa ante sus muy americanas costumbres, y las nuestras.

Así, ese malestar en la boca de nuestros estómagos, ante la certeza de que lo que estamos viendo “no está bien”, va creciendo, y el desenlace –predecible, pero igualmente impactante– termina de confirmar nuestros temores, mientras atestiguamos cómo la familia se hace de un nuevo miembro, y expía sus pecados.

Los eventos del día 1 del festival acaban de suceder, y las atónitas miradas indican que no se lo imaginaban así.

Acostumbrados a que los filmes de horror se desarrollen en la oscuridad, o en la penumbra, lo que vemos en Midsommar se da a plena luz, lo que hace aún más visuales todos los elementos cinematográficos, la escenografía, las tomas, y el desarrollo del guion, combinando lo hermoso con lo inquietante.

Me niego a calificar a Midsommar como una película de terror, porque a mis ojos no lo es. Más bien es un filme que semeja un documental sobre ciertas costumbres –ficticias, por cierto, para que quede claro que lo que vemos no es sino producto de la imaginación de Aster– que, al ser comparadas y confrontadas con nuestra mentalidad occidental, resultan al mismo tiempo horrorosas como comprensibles, y muy humanas. Me imagino que algo similar habrán pensado y sentido los europeos cuando vieron por primera vez las costumbres “paganas” de los habitantes del continente americano.

El mérito de Ari Aster es que Midsommar funciona en muchos niveles: es a la vez una crítica a lo superficial de algunas relaciones de noviazgo, lo irreverente y poco serio del american way of life, los celos (profesionales y de pareja), la fuerza de la familia, y lo diferente que resultan algunas costumbres ante el tamiz bajo el cual hemos crecido como sociedad.

No se la pierda. Estoy seguro de que saldrá de la sala de cine con muchas preguntas y comentarios que esperamos con gusto nos comparta.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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