Literatura – Inferno, de Dan Brown

By on septiembre 15, 2016

Literatura

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Inferno, de Dan Brown

Cuando leí El Código Da Vinci, hace más de una década – el libro fue publicado en 2003 –, me encantó la manera en que Dan Brown mezcló la simbología con la ficción, agregando intriga y aventura, entregándonos como resultado una historia, y una fórmula, que a partir de ese momento sería alabada de la mejor manera posible: todo mundo la copió. Muchos pensaron que era muy fácil repetir lo que Brown había hecho con este libro, y desde esos días no faltan los libros que se basan en “descubrimientos”, “descubridores” y “perseguidores ominosos”. El mérito de Dan Brown fue, entonces, abrir el nicho que siento está siendo sobreexplotado y muy cercano al fastidio, tanto de lectores como de editores.

Luego, a pesar de que cronológicamente Ángeles y Demonios fue escrito antes que El Código Da Vinci, con el éxito de lo que fue considerado como una secuela, Dan Brown se apuntaló en el género y nació para el mundo el héroe Robert Langdon. En una magistral maniobra, el director de cine Ron Howard eligió a Tom Hanks para interpretarlo en las dos películas que ha hecho sobre estos libros, y repetirá nuevamente la fórmula en la próxima entrega del libro Inferno, que Brown escribió en 2013.

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Sabiendo que pronto se estrenará esta película de Howard, y aprovechando que mi sobrino se fue de viaje y no se llevó el libro como compañía (¡Ah, imberbe muchacho, algún día espero no puedas viajar sin llevar contigo al menos un libro!), tomé prestado el libro Inferno para que, al ir a ver la película, pudiera comparar cuán apegado al original resulte.

No había leído un libro de Brown en más de un lustro, por lo que me apresté a disfrutar Inferno como me sucedió con los otros dos libros anteriormente mencionados. Y entonces he aquí que, ahora que lo leí, me encuentro con un libro que, a pesar de ser muy interesante y rico en detalles, se lee como si una computadora hubiera sido su autor: con una “mecánica” que empuja al fastidio en la mayor parte de sus capítulos – descripción del lugar a través de los ojos del protagonista, seguida por la explicación histórica del sitio, seguida entonces por el elemento persecutorio – y que únicamente retoma vuelo cuando el autor se sale de esta rutina y nos avienta un giro inesperado en la historia, cuando ya nos queda tan solo aproximadamente una quinta parte del libro.

Así como en Ángeles y Demonios Brown apunta a los Illuminati y a la Iglesia Católica, y en el Código Da Vinci nos relata y habla del ingenio del gran Leonardo Da Vinci, en Inferno el personaje histórico es Dante Alighieri, autor de La Divina Comedia, obra que es referenciada abundantemente en este libro. Brown nos presenta a un Langdon amnésico que ve su vida amenazada sin saber por qué, perseguido por Florencia, Italia, mientras intenta descifrar la información que le es suministrada a cuentagotas para, al final, emprender una carrera contra el tiempo con el fin de prevenir un ataque biológico orquestado por un genio en ingeniería genética.

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Pienso que disfrutaré más el libro cuando lo lea teniendo mi computadora junto a mí, para comprobar la infinidad de detalles que ofrece el autor; habiendo dicho lo anterior, debo registrar que me parece que en este libro Brown abusó de esos detalles, haciendo muy difícil la lectura debido a lo repetitivo de los escenarios capítulo a capítulo, siguiendo el “ritmo” que mencioné en párrafos anteriores. Pero también debo registrar que es cuando el autor se olvida de esos clichés literarios que su historia recaptura nuestra atención, hasta llevarnos a un satisfactorio desenlace.

Inferno no es una mala lectura: es entretenida, rica en datos y con algunos giros que no esperaba. Para aquellos que no hayan leído al autor anteriormente, estoy seguro de que les gustará más que al lector que habita en mí, que ya lleva unos cuantos años leyendo ficción de todo tipo y que, quisiera pensar, “ya no se cuece al primer hervor”.

Ahora a esperar que mi sobrino lea el libro para que lo comentemos con su primo, quien me hizo llegar el ejemplar ante la ausencia del dueño titular; digo, a menos que le gane la flojera y entonces decida esperar a que salga la película. (Uts.)

Gerardo Saviola

gerardo.saviola@gmail.com

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