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La Incógnita del Hombre – V

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No renuncies a nada, pero no te apegues a nada.

Lo que hace falta es estar despierto a la vida.

Es cierto que el número de muertes por enfermedades infecciosas ha disminuido grandemente, pero aún nos morimos y nos moriremos en proporción mucho mayor de enfermedades degenerativas.

Aunque la higiene moderna ha hecho la vida mucho más segura, más larga y más agradable, las enfermedades no han sido dominadas, han cambiado simplemente de naturaleza. Los higienistas no han prestado suficiente atención a la génesis de las enfermedades, sus estudios sobre las condiciones de vida y alimentación y sus efectos sobre el estado fisiológico y mental del hombre moderno son superficiales, incompletos y de duración demasiado corta. De este modo, han contribuido al debilitamiento de nuestro cuerpo y de nuestra alma, y nos dejan sin protección contra las enfermedades degenerativas resultantes de la civilización.

Simultáneamente con las actividades fisiológicas, el cuerpo mantiene otras actividades que se llaman mentales.

La existencia del espíritu, de la conciencia, se descubre en la introspección y en el estudio de la conducta humana. La antítesis de materia y espíritu representa únicamente la oposición de dos clases de técnica.  Ni el alma ni el cuerpo pueden ser estudiados por separado. La existencia de la inteligencia es un dato primario de observación. Este poder de discernir las relaciones entre las cosas supone cierto valor y una cierta forma de cada individuo.

La inteligencia puede medirse con técnicas apropiadas, pero estas medidas no dan una idea exacta del valor intelectual. Son útiles para seleccionar que hayan de ocupar sitios sin importancia.

Todo ser humano ha nacido con diferentes capacidades intelectuales. La potencia intelectual aumenta con el hábito del razonamiento exacto, el estudio de la lógica, el uso del lenguaje matemático, la disciplina mental, y la observación completa y profunda de las cosas. Existen otros factores capaces de facilitar o estorbar el desarrollo de la inteligencia, ciertos hábitos de vida y de alimentación.

¿Cuáles eran el género de existencia, la alimentación y la educación de los hombres de los grandes períodos de la Historia de la Civilización?

La inteligencia sola no es capaz de engendrar la ciencia, pero es un factor indispensable para su creación. La ciencia a su vez fortifica la inteligencia. Ha traído a la humanidad una nueva actitud intelectual, la certeza que da la observación, la experimentación y el razonamiento lógico.

Los genios, además de sus poderes de observación y de comprensión, poseen otras cualidades tales como la intuición y la imaginación. El hombre de ciencia pertenece a dos tipos diferentes: el lógico y el intuitivo. La ciencia debe su progreso a ambas formas de inteligencia. Uno de los aspectos de la intuición se asemeja a una rápida deducción de una observación instantánea. La actividad intelectual es al mismo tiempo distante e indistante de la masa que fluye de nuestros demás estados de conciencia. Es un modo nuestro de ser y cambia como cambiamos. Cuanto más intensos son los trastornos emocionales, más activos se vuelven los cambios. Sabemos que, por el contrario, el trabajo intelectual no modifica el metabolismo. Las funciones afectivas están muy cerca de las fisiológicas, dan a cada ser humano su temperamento. El temperamento cambia de un individuo a otro, de una raza a otra raza. Es una mezcla de características mentales, fisiológicas y estructurales. Es el hombre mismo.

La actividad moral es equivalente a la aptitud que el hombre posee para imponerse a sí mismo una regla de conducta. En la mayor parte de ellos permanece virtual, pero no puede negarse el hecho de su existencia. De la voluntad y la inteligencia proceden todos los valores morales. La definición del bien y el mal está basada en los restos de la moral cristiana. Nadie las sigue. La Iglesia Católica Romana, con su profundo conocimiento de la psicología humana, ha dado a las actividades morales un lugar mucho más elevado que las intelectuales. El sentido moral debe ser estudiado de manera positiva como la inteligencia. No hay duda de que las actividades morales están situadas dentro del dominio de la observación científica.

El sentido estético existe lo mismo en los seres humanos más primitivos que en los más civilizados, es una necesidad elemental de nuestra naturaleza.

En su forma actual, la industria ha privado al obrero de las más simples formas de placer estético en nuestra vida diaria. La actividad estética se manifiesta al propio tiempo en la creación y en la contemplación de la belleza. El sentido de la belleza no se desarrolla espontáneamente, existe en nuestra conciencia en estado potencial. Durante la historia de la civilización, el sentido de la belleza, como el sentido moral, crece, alcanza su óptimo desarrollo, declina y desaparece.

Solo el día que no nos importe lo que piensen de nosotros las personas, comenzaremos a saber amarlas como son y darles la respuesta adecuada.

En los hombres modernos rara vez observamos las manifestaciones de la actividad mística. Sin embargo, sigue siendo una de las actividades humanas esenciales; la actividad mística ha sido desterrada de la mayor parte de las religiones.

La fuerza de una religión depende de los focos de actividad mística. La actividad religiosa es análoga a la actividad estética.  El amor a la belleza conduce al misticismo. El misticismo da al hombre la satisfacción de sus más altos deseos.

Es evidente que las actividades mentales dependen de las actividades fisiológicas; es evidente también que las células de los órganos descarguen en los fluidos corporales ciertas sustancias que reaccionan sobre funciones mentales y espirituales.

El testículo, más que ninguna otra glándula, ejerce una profunda influencia sobre la fuerza y la calidad espiritual. En general, los grandes poetas, escritores, los artistas y los santos, así como los conquistadores, están fuertemente sexuados.

Cada estado de conciencia tiene probablemente una expresión orgánica correspondiente, así el odio, el deseo, cuando son habituales, son capaces de determinar cambios orgánicos y verdaderas enfermedades.

Las actividades fisiológicas deben permanecer fuera del campo de la conciencia. Se turba cuando dirigimos hacia ellas nuestra atención. Por eso el psicoanálisis, al fijarse el espíritu del enfermo sobre sí mismo, puede agravar su estado de desequilibrio.

La unificación de las actividades de la conciencia conduce a la mayor armonía de la función orgánica y mental. También parece ser que ciertos estados de conciencia determinan verdaderos cambios patológicos. Ciertas actividades espirituales pueden causar modificaciones anatómicas, así como funcionales de los tejidos y órganos.

Estos fenómenos orgánicos se observan en diversas circunstancias, entre ellas durante el estado de oración. Los casos más importantes de curación milagrosa se han registrado en la Oficina Médica de Lourdes. La única condición indispensable para que el fenómeno se produzca es la oración.

Sobre las actividades mentales, influye el medio social tan profundamente como los fluidos del cuerpo.  El estado psicológico del grupo social determina en gran medida el número, la calidad y la intensidad de las manifestaciones de la ciencia individual.

La inteligencia depende en gran parte de la educación y del medio, de su disciplina interior y de las ideas corrientes de la época y del grupo de cada uno.

Hasta la fecha, la civilización no ha logrado crear un ambiente adecuado a las actividades mentales. El débil valor intelectual y espiritual de la mayor parte de los seres humanos se debe en gran parte a las deficiencias de su atmósfera psicológica. Sufre necesariamente la influencia de su grupo.

La mente no es tan robusta como el cuerpo.  Las enfermedades mentales son una grave amenaza. No hay técnicas que permitan la exploración del mundo desconocido de las células nerviosas, de su asociación y de sus fibras de proyección y de los procesos mentales y cerebrales.

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