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La Incógnita del Hombre – IV

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La sociedad te enseña a estar siempre insatisfecho, para dominarte y controlarte.

En el curso de los cambios químicos se desprenden de los tejidos y de los órganos residuos o catabolinas. Por eso los fenómenos de la nutrición necesitan la existencia de aparatos capaces de asegurar, por medio de una rápida circulación de linfa y sangre, la sustitución de las substancias nutritivas empleadas por los tejidos y la eliminación de los residuos.

El material nutritivo llevado por la sangre a los tejidos proviene de las fuentes, más exactamente de tres: del aire atmosférico, por intermedio del pulmón; de la superficie intestinal y, por último, de las glándulas endocrinas.  Todas las substancias que emplea el organismo, a excepción del oxígeno, vienen proporcionadas por los intestinos, ya sea directa o indirectamente.

La mucosa intestinal no siempre es capaz de digerir ciertos elementos indispensables de los alimentos.  Los elementos químicos del mundo exterior actúan de maneras diferentes sobre cada individuo, según la constitución específica de su mucosa intestinal.

El hombre está hecho literalmente del polvo y de la tierra. Por esta razón sus actividades fisiológicas y mentales se hallan profundamente influidas por la constitución geológica del país donde vive, por la naturaleza de los animales y de las plantas con que alimenta generalmente.

Al parecer, es posible dar artificialmente a los seres humanos determinadas características mentales y corporales, sometiéndolos desde pequeños a una dieta apropiada.

El tercer género de substancias nutritivas que contiene la sangre consiste en secreciones de las glándulas endocrinas.

El hombre es, ante todo, un proceso nutritivo consistente en un movimiento incesante de substancias químicas.

El substrato corporal de todas las actividades humanas tiene su origen en el mundo inanimado. Nuestro organismo está formado de los mismos elementos que las cosas sin vida.

Las glándulas sexuales tienen otras funciones que las de impulsar al hombre al gesto que perpetúa las especies; los testículos y los ovarios poseen funciones de suma importancia, dan a todas nuestras funciones su carácter de intensidad.

Las diferencias que existen entre el hombre y la mujer provienen de la estructuración misma de los tejidos y de la impregnación de todo el organismo de substancias químicas específicas secretadas por el ovario.

Por lo que se refiere a la propagación de la especie, no es igual la importancia de los dos sexos: el espermatozoide puede ser substituido por un agente físico o químico, siendo solo esencial el elemento hembra.

Puede darse la misma educación física e intelectual para equilibrar los conocimientos y ambiciones de las muchachas que los chicos. Los educadores deberían prestar gran atención a las peculiaridades mentales y orgánicas del macho y de la hembra y a sus funciones naturales; entre los dos sexos existen diferencias irrevocables, por lo cual es imperativo tenerlas en cuenta al construir el mundo civilizado.

A través de su sistema nervioso, el hombre registra los estímulos que le llegan del medio que le rodea, lucha por su existencia aun más con su mente que con su cuerpo. Con este fin posee al parecer dos sistemas nerviosos. Nuestra inteligencia es tan incapaz de comprender la insensibilidad del cerebro, como de abarcar la extensión del mundo sideral.

Una de las principales funciones de los centros nerviosos es responder de modo apropiado a los estímulos que vienen del medio que les rodea. La superficie cerebral es un mosaico de órganos nerviosos distintos que están en relación con las diferentes partes del cuerpo.

Nuestro conocimiento de este tema es aún rudimentario. No conocemos las relaciones entre la conciencia y los procesos nerviosos, entre lo mental y lo cerebral. Tampoco sabemos cómo influyen sobre los acontecimientos que se producen en las células piramidales los sucesos previos o futuros, o cómo se truecan las excitaciones en inhibiciones, y viceversa.

Aún comprendemos menos cómo brotan del cerebro los fenómenos imprevisibles, cómo nace el pensamiento.

El cerebro y la médula, con los nervios y los músculos, constituyen un sistema indivisible.

La mano es una obra maestra gracias a las propiedades únicas de su piel, sus nervios táctiles, sus músculos y sus huesos; la mano es capaz de fabricar armas y herramientas.  La mano se adapta lo mismo al trabajo más duro que al más delicado. La elasticidad, la fuerza y la adaptación de los miembros inferiores nos permite caminar, correr, caer, trepar, nadar, vagar sobre la tierra entera en cualquier condición.

Tu acción debe venir de tu sensibilidad,

 y no de tu ideología.

Las matanzas, las injusticias y las guerras

provienen de la ideología que ciega a

 uno a la realidad y lo endurece.

Existe otro sistema orgánico compuesto de substancias cerebral, nervios, músculos y cartílagos, que en el mismo grado ha determinado la superioridad del hombre sobre todos los seres vivientes. Consiste en la lengua y la laringe, y su aparato nervioso. Gracias a este sistema somos capaces de expresar nuestros pensamientos, de comunicarnos con nuestros semejantes por medio de sonidos.

El sistema nervioso autónomo facilita a cada víscera la cooperación con todo el organismo. Estas funciones se deben a la presencia de arcos reflejos dentro de nuestros órganos, aunque dependientes del sistema nervioso central, supremo coordinador de todas las actividades orgánicas, y nuestros estados de conciencia tienen un marcado influjo sobre las funciones de las vísceras.

El estado de nuestro sistema orgánico actúa oscuramente sobre nuestra conciencia.

Las vísceras poseen múltiples actividades y toman parte en casi todos los acontecimientos del cuerpo.  Una comunidad de células, por medio de las substancias que fabrica, penetra en todas las demás comunidades mediante sus secreciones internas. Cada glándula se extiende sobre todo el organismo. Supongamos que la sustancia vertida en la sangre por los testículos fuese azul, el cuerpo entero del macho sería azul, los mismos testículos estarían coloreados intensamente, pero su matiz específico sería difundido por todos los tejidos y órganos, hasta en los cartílagos y la extremidad de los huesos. El cuerpo aparecería entonces como formado por un inmenso testículo.

En suma, el cuerpo es una heterogeneidad anatómica. Esta síntesis la crea nuestra mente, que deleita representando al Hombre como si estuviese constituido igual que una de nuestras máquinas.

Las infantiles concepciones fisicoquímicas del ser humano en las cuales creen aún tantos fisiólogos y médicos tienen que ser abandonadas definitivamente. También debemos rechazar los sueños filosóficos, humanísticos y de los astrónomos. Nuestro conocimiento del cuerpo humano es en verdad muy rudimentario; debemos, pues, contentarnos con la observación científica de nuestras actividades orgánicas y mentales.

El hombre es el más fuerte de todos los animales y las razas superiores fueron las constructoras de nuestra civilización. Las grandes razas deben su éxito a la perfección de su sistema nervioso.

Ignoramos la naturaleza de la robustez orgánica de nuestro cuerpo, de su superioridad nerviosa y mental: ¿se debe a la estructura de la célula, a la sustancia química que sintetizan, al modo de estar integrados los órganos por los humores y los nervios? No sabemos. Estas cualidades son hereditarias.

Mucha gente, aunque no esté enferma, no goza de buena salud. El descubridor futuro de un método que logre que estos tejidos se desarrollen armoniosamente será un mayor bienhechor de la humanidad que el propio Pasteur, porque ofrendará al hombre la aptitud para la dicha. La enfermedad consiste en un desorden funcional y estructural, ningún trastorno queda estrictamente limitado a un solo órgano.

Existen dos grandes clases de enfermedades: infecciosas o microbianas y degenerativas. Las primeras son producidas por virus o bacterias que penetran en el cuerpo; las enfermedades degenerativas son a menudo la consecuencia de infecciones microbianas. También están causadas por la presencia de substancias tóxicas en el organismo.  Es, pues, evidente que la enfermedad es todavía una pesada carga.  La medicina se halla lejos de haber disminuido los sufrimientos humanos tanto como pretenden hacernos creer.

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