La Aventura Musical de Coki Navarro – XIII

By on julio 9, 2020

XIII

Continuación…

Llegamos a Ciudad Obregón, pasando antes por un pequeño pueblito llamado Esperanza. Esta ciudad huele todavía a pólvora de Revolución. Pienso en los héroes de mil batallas que tantas veces pisaron el mismo sitio donde ahorita estoy parado. Me siento emocionado pensando que recorro los mismos lugares por donde hace años silbaban las balas revolucionarias y corría la sangre de hombres valientes. MACHOS DE VERDAD… Muy machos, no catrines almidonados ni fantoches, machos de valentía, no con el machismo de ahora. Ciudad Obregón, como muchas otras ciudades de México, está en vías de crecimiento; están pujando por surgir en su personal destino. Estoy seguro de que toda esta región florecerá con los años, pues se siente en el tesón de sus habitantes.

La noche del debut y las cinco noches siguientes son de éxito completo. Gente elegantemente vestida entrando a un teatro portátil, como si lo estuvieran haciendo en la Scala de Milán. Así, señores, es la categoría de Paco Miller en donde se hace presente. Toda la compañía es aplaudida a rabiar, pero la reina de la noche es la calavera Doña Marraqueta, que cautiva hasta el delirio a la concurrencia. Se “llevó” la noche la linda calavera que tan hábilmente manipula y hace hablar su dueño y galante enamorado Paco Miller. Estoy seguro de que esa noche Don Roque se fue de parranda para olvidar que una calavera le “robó” el show.

Nos despedimos de nuestras novias. ¡Ah, qué muchachos que creen tener novias en donde van! Cuidado con enamorarse nos decía el “viejo”. Por cierto, que en Ciudad Obregón festejaremos por la noche antes de salir a Navojoa nuestra Navidad, nuestra cena de Navidad, pues increíblemente no habíamos tenido oportunidad de celebrar la Noche Buena ni el Año Nuevo y aunque tarde, más de lo que nos imaginábamos, tendríamos la oportunidad de reunirnos en familia artística y entre Champán (Verdadero Champán), intercambiamos regalos, abrazos y besos. Esa noche fue inolvidable. (Una de las bailarinas gitanas me dice al oído que ya estoy hecho un hombre… ¡Olé! Pero no lo creo. (Sigo sin creerlo hasta hoy).

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A la mañana siguiente salimos a Navojoa, que está aproximadamente a ochenta kilómetros de Ciudad Obregón. En Navojoa debemos hacer cuatro días, pero al segundo es llamado el representante de Paco Miller y le dicen que por favor y de inmediato tendría que salir del pueblo, pues de lo contrario se llevarían todo el dinero que circula entre sus pobladores, ya que se había notado que las ventas y compras entre el comercio se habían derrumbado considerablemente, por lo que a “volar” con todo y carpa. EN VERDAD QUE FUE UNA EXPERIENCIA MÁS LA MÍA, pues me doy cuenta que ciertamente en un lugar pequeño puede una compañía como la de Paco Miller descapitalizar su actividad comercial.

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Antes de irnos se apersonan unos vaqueros a solicitar que Paco Miller ofrezca una actuación en una ranchería ahí “tras lomita”, pues los “huercos” (rancheros, pero de verdad, de venir solo una vez al año a la city) nunca habían visto una calavera que cantara y moviera las quijadas. Don Paco y su hermano Jorge (su representante) dan la excusa de que la calavera ha sido enviada a los E.E.U.U. a fin de que la reparen, pues había sufrido un accidente. Recuerdo bien que de una bolsa que colgaba de la silla de su caballo el más viejo de los granjeros sacó un puñado de billetes “grandes” y se los ofreció a Paco, diciéndole que si era por dinero no había límite, pero no fue posible convencer al Sr. Miller de que ganara en una noche el sueldo de un mes.

En el trayecto a Huatabampo, Paco Miller nos cuenta que se negó porque una vez hace muchos años, en un pueblo de su país, Ecuador, fue llevado a presentar una función a unos indígenas de la región y cuando sacó a Doña Marraqueta y empezó a hablar, se levantaron todos los del público y fueron a sus viviendas en busca de sus armas para matar al brujo que estaba haciendo hablar a esta “bella dama”. Paco tuvo que salir huyendo de ese lugar a través de las montañas, hubiera sido “ajusticiado” inmisericordemente (digo ajusticiado porque los indios tenían la idea de que había traído el mal a su aldea). Cuánta razón tenía Paco Miller de prescindir de los bonitos billetes que le habían puesto a su alcance. No me asusta el peligro, lástima que era muy noche, nos dice Paco, pues de día me hubiera gustado actuar para esos señores… pero…

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Se agrega un nuevo compañero a la Compañía, se trata de Rafael Vázquez, quien canta con voz de timbre bonito y tiene agradable presencia. Es apenas un joven que también tiene el alma llena de inquietudes. Años después se casaría Rafael con Carmela Rey y formarían el dueto Carmela y Rafael. ¿Gira o no la vida, amables lectores? También está con nosotros la bailarina Maruja Bris. Un portento de mujer que enloquece con sus bailes, a mí me recontra idiotiza. Seis guitarras y un maravilloso requinto que florece en las pequeñas manos del “gordito” Toño forman un conjunto sensacional; ellos son Los Costeños. ¡Qué manera tan exquisita de interpretar la música mexicana, cualquiera que sea su ritmo! También nos hace reír hasta saltarnos las lágrimas el cómico Colocho. Ah, qué chaparrito tan vacilador.

De vez en cuando el secretario y hombre de confianza de Paco Miller, Nicola, se deja ver (cuando está de humor) en escena, haciendo trucos de magia en forma chusca. De verdad que tantos años de caminar cuidando a Paco le han dado la destreza de saber ejecutar los actos mágicos hasta hacerlos en apariencia pícara. Nicola, hombre alto, de aspecto distinguido, smokin elegante a la hora de la función y conversación amena era, por decirlo así, nuestro consejero. A él acudíamos cuando queríamos aprender algo de los secretos de “las tablas”, o a llorar en su camerino cuando nos destrozaba el corazón alguna provinciana que se hacía nuestra novia, pero que teníamos que dejar pues no podíamos “cargar” con ella. Paco siempre le decía… NICOLA… NI PELO, pues era calvo este buen señor. Grande y buen señor, sabio, sereno.

Salimos rumbo a Huatabampo. Bonito pueblo. Gente alegre. Olor a comida, agricultores, gente de bien. Autoridades municipales que nos brindan toda su ayuda para que la ciudadanía se divierta. Un día es suficiente para presentar tres funciones y sentir la satisfacción de que estamos entregando y recibiendo corazones.

Rumbo a Los Mochis, pasando por Bacabache, Mesíaca, Luis, Don, Charai y Mochicaui. Al fin, Los Mochis. Ahí nos sorprende el carnaval. Gritos, confetis, bailes y disfrazados. Hacemos cuatro días en Los Mochis y salimos para Culiacán. Dos novias lloran a “Polo” y a René. La mía se ríe… Ya tiene experiencia.

 Coki Navarro

Continuará la próxima semana…

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