Infantilismo generacional

By on mayo 3, 2024

Opinión

Adán Echeverría

“No hay más remedio, es lo que nos tocó”, así más o menos es como podría definirse a muchos de los adultos de este 2024. Nuestro México se sumió en una carnicería por los malos gobiernos, lo que consolidó que una generación completa de niños que nacieron entre los años 90 del siglo pasado y la primera década del siglo XXI viviera escondidos en casa, atentos a las caricaturas y a los videojuegos.

La fantasía permeó en ellos. Empresas del cómic, de los manga, los festivales otakus, son parte primordial de su vida, tanto como el conocimiento enciclopédico de los videojuegos. Fueron sus compañeros de soledad, de retos, de luchas, llevándolos a nuevas formas de enfrentar la vida desde la virtualidad. Cuántos diseñadores, creadores de contenido, constructores de obras, novelas gráficas, siempre rondan desde el anime, pasan por la fantasía hacia las historias de los videojuegos que son llevados a la pantalla grande, o a las plataformas de streaming, influyendo en el comportamiento de su público cautivo.

Con base en esa cultura, estos chicos construyen sociedad. La reconstrucción de su fenotipo, de su ego, de su súper ego, tiene que ver con esa formación en la que se han visto expuestos desde los 2 o 3 años. Así construyen incluso sus relaciones de pareja, sus noviazgos, y los odios hacia los que son distintos. Viven un infantilismo del que no tienen ganas de salir, del que no pueden salir porque es lo único que conocen. Hasta su erotismo se disfraza de anime: chicas que se colocan la cola de algún animal introduciéndola en el trasero, pretendiendo ser una hembra animaloide, chicos y chicas que viven y funcionan usando orejitas de animal, los colores en sus vestimentas, en sus cabelleras. Viven dentro de la fantasía y para la fantasía.

Sin embargo, la sociedad no avanza al ritmo ni se mueve dentro del tiempo en el que estos chicos se desarrollan, por lo que enfrentarse a la realidad de una adultez de impuestos, salarios de hambre, falta de acceso a la vivienda, les parece increíble enfrentar.

Estas actitudes infantiles se van prolongando cuando son adultos infantiles procreando niños y nuevas infancias. La infancia se prolonga desde los 3 hasta los 35 años, incluso validándose dentro de becas como la de Jóvenes Creadores del Fonca, que define a los jóvenes como aquellos menores de 35 años. A los 35 años, un ciudadano mexicano ya debería tener una profesión, es posible que incluso haya concluido un posgrado, es probable que tenga ya 10 años de antigüedad en algún trabajo, pero para las autoridades culturales se trata de jóvenes, con edad para las drogas, el sexo, el pago de impuestos, pero no para salarios dignos.

Eso nos habla del infantilismo generacional al que seguimos abonando como país, como cultura, como país sumido en la violencia, producto de procesos económicos de explotación.

Son universitarios que, en vez de debatir problemas sociales, son felices yendo en pijamas a la escuela en una semana loca, como si fueran críos y crías de la educación primaria. Son parejas de adultos que se reúnen para jugar videojuegos, en oficinas de adultos niños, llenos de fantasía, creación, e irresponsabilidad.

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