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Hinduismo y Renacimiento Italiano

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Arte

En general, albergamos ciertas ideas sobre la Historia y la historia del Arte de las cuales nos es difícil desprendernos. Tendemos a concebir el espacio y el tiempo de forma tan compartimentada que muchas veces no logramos imaginar que, durante ciertos periodos históricos, distintas culturas estuvieron en realidad mucho más conectadas entre sí de lo que imaginamos.

Esto se debe probablemente al hecho de que privilegiamos un tipo de historia nacionalista cuyo alcance se limita artificialmente a las fronteras de un país, o bien una actitud como la que caracteriza al llamado “orientalismo” en que la “periferia exótica” se concibe siempre con cierta condescendencia puesto que se da por hecho que cualquier hipotético intercambio cultural o científico con la civilización dominante que la describe es una imposibilidad.

Así, a la mayoría de nosotros no nos vendría a la mente la idea de asociar el Renacimiento italiano con el hinduismo. Sin embargo, tal relación existió. En efecto, cuando los portugueses abrieron el camino marítimo a la India, después de la llegada de Vasco de Gama a Goa en 1498, se crearon una serie de relaciones inesperadas entre el universo florentino y la India de las que, por lo menos en México, estamos muy poco al tanto.

Sabemos, por ejemplo, del explorador italiano Andrea Corsali (nacido en 1487), quien viajó a la India a principios del siglo XVI con el objetivo de sondear las posibilidades comerciales que ofrecía la región, mientras estaba al servicio de Giuliano di Lorenzo de Medici (1479-1516).

Ahora bien, existe una carta de 1516, dirigida desde la India por Corsali al mismo Giuliano de Medici, que se encuentra reproducida en la famosa compilación de relatos de viajeros de Giovanni Battista Ramusio (1485-1557) Delle Navigationi e viaggi (1550-1556).

Resulta fascinante que en esta carta Andrea Corsali se dirigiera a tan importante personaje como Giuliano de Medici, describiéndole en los siguientes términos los templos de Goa, región de la India que se encontraba ya entonces bajo el dominio de los portugueses:

En esta tierra de Goa y en toda la India hay una infinidad de edificios antiguos de los gentiles. En una pequeña isla vecina llamada Di[v]ari, los portugueses destruyeron un templo antiguo, llamado pagoda, para edificar la tierra de Goa; Había sido edificado con arte admirable, con figuras antiguas de cierta piedra negra trabajada con grandísima perfección, de las cuales quedan algunas en pie, dañadas y desgastadas: porque estos portugueses no las tienen en estima. Si puedo conseguir una, así sea dañada, se la mandaré a V. S., para que pueda ver lo mucho que fue apreciada antiguamente la escultura en todas partes.”

Cabe decir que el hecho de que Corsali especifique que estos templos y esculturas pertenecían a los “gentiles” permite descartar que se esté refiriendo a la arquitectura islámica. Lo más probable, en efecto, es que Corsali esté describiendo la escultura del periodo Hoysala, típica de los templos hinduistas de Halebid y Belur (siglo XII) en el estado de Karnataka, en la India.

Es, sin duda, sorprendente que Corsali sintiera tal admiración por las esculturas del templo hinduista destruido por los portugueses, sobre todo cuando se sabe que, para entonces, Miguel Ángel había ya esculpido el David (1501-1504) y que, años más tarde, sería también el escultor del famosísimo sepulcro de Giuliano de Medici (el mismo al que Corsali dirigiera su carta) en la Sacristía Nueva de la basílica de San Lorenzo, en Florencia (1526-1534).

Es igualmente significativo que el viajero italiano se lamentara tan determinantemente de la destrucción del templo de Divar por los portugueses, en particular cuando se sabe que, apenas unos años después, los templos de Tenochtitlan conocerían la misma suerte de mano de los españoles, ya no en las “Indias orientales”, sino en las “Indias occidentales”.

Uno se puede preguntar, en efecto, si el contraste entre la actitud de los portugueses y la tolerancia de Corsali con respecto a la llamada “idolatría” de los hinduistas, no tendría algo que ver con el interés por los conceptos filosóficos y religiosos de las culturas antiguas que Marsilio Ficino (1433-1499) exhibió a través de la noción de prisca theologia, pero eso ya es otra cuestión, imposible de tratar aquí.

ESTEBAN GARCÍA BROSSEAU

garciabrosseaue@gmail.com

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