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Herbert Spencer y el antiguo Yucatán

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Letras

Herbert Spencer

Por el Lic. Santiago Burgos Brito

El solo nombre del sabio inglés me retrotrae a mis tiempos de preparatoriano en el Instituto Literario del Estado. Vivíamos la época del positivismo filosófico, y, como era natural, los textos predilectos llevaban las firmas ilustres de Herbert Spencer y de Stuart Mill. El maestro don Arturo Escalante Galera, noble y culto, se esforzaba para hacernos comprender las excelencias del sistema imperante, que a nosotros nos satisfacía a las mil maravillas.

Herbert Spencer nació en Derby, el 27 de abril de 1820, y desde niño demuestra una viva comprensión por las verdades físicas, y un gusto muy marcado por las ciencias exactas. Casi puede asegurarse que fue un autodidacto de gran talento, que iba por los caminos de la ciencia con facilidades asombrosas. Ya en 1855 publica sus Principios de psicología y, a partir de esta época, la vida de Spencer está consagrada a la realización de su programa del Sistema de filosofía sintética, que desarrolla en varias obras, entre las que destacan Los primeros principios, Principios de sociología, y Principios de moral, volúmenes que fueron apareciendo hasta 1896. Enfermo y solitario, para renovar su espíritu maltrecho, inició una serie de viajes por diferentes países de ambos continentes, recurso terapéutico que habría de traerle a los Estados Unidos en 1881. Fue seguramente en las bibliotecas norteamericanas en donde este infatigable estudioso debió ponerse en contacto con la historia prehispánica de nuestro país, cuyas revelaciones debieron interesarle grandemente. Su atención se extendió hacia las otras civilizaciones de América Indígena que, estudiadas con ese método preciso de su sistema filosófico, se publicaron con el nombre de Descriptive Sociology Mexican Central Americans, Chibchas and Peruvians. Esta obra contenía datos muy interesantes relativos a la civilización maya.

Spencer no vino nunca a Yucatán, y sólo supo de su antigua civilización lo que le enseñaron los libros especializados que consultó en los Estados Unidos. Pero como no se limitó a leer por simple pasatiempo, sino como una labor de investigación, tomó infinidad de apuntes, los que, ordenados con meticulosidad y el plan positivista de toda su obra, constituyen la obra titulada “El antiguo Yucatán”, que es un libro muy valioso como guía, como obra de consulta, que señala exactamente las fuentes, y nos abre el camino para una documentación completa que oriente los trabajos encaminados a cualquiera de los aspectos de la civilización maya.

No es el suyo una historia de Yucatán, sino una fuente para los historiadores del futuro, una guía incomparable. El sabio inglés hace una obra puramente objetiva, de información precisa y sustancial de cada tema, y sin poner nada suyo, sin más que la acuciosidad de su trabajo, permite considerarle con algún derecho entre los historiadores de Yucatán, como lo hace Gustavo Martínez Alomía en su libro que lleva el mismo nombre, en un capítulo en el que hace cumplida justicia al filósofo ilustre.

La obra fue publicada en México, a cargo de la Imprenta de la Secretaría de Fomento, en el año de 1898. Fue traducida al español por Daniel y Genaro García, con tan excesivo cuidado, que fueron cotejando con las obras originales las palabras en las que Spencer se equivocó por su desconocimiento del español. En esta forma, el trabajo español quedó en las mejores condiciones, listo para cualquier trabajo de investigación. Es de admirarse la paciencia con la que Spencer fue consultando todo lo mejor de la bibliografía relativa a los mayas. Con Fray Diego de Landa y Cogolludo a la cabeza, en las páginas de este libro figuran todos los que de la materia se han ocupado, antiguos y modernos hasta su época.

Con la acuciosidad de que hacen gala los positivistas, divide su trabajo en treinta y dos capítulos, cada uno de los cuales comprende un aspecto de la vida  de los mayas, como División del Trabajo, Leyes domésticas maritales, Leyes civiles, criminales e industriales, Lenguaje, cambio, Artes, Construcciones, Alimentación, Vestidos, etc. Y para comodidad en la verificación de los datos, o ampliación de los mismos, cada cita lleva el número del capítulo y el de la página de la obra consultada, un conjunto de informaciones fáciles de compulsar en los originales consultados. Creo que no se ha hecho una nueva edición de la obra, a pesar de que hace ya sesenta y ocho años que fue publicado, por lo que los tenemos la suerte de poseerla, la estimamos en todo lo que vale para el estudio de la historia de los mayas.

 

Diario del Sureste. Mérida, 27 de octubre de 1966, pp. 3, 4-B.

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