Editorial : CARNAVAL: ¿Popular? ¿Comercial?

By on febrero 6, 2015

Aunque nuestros carnavales meridanos en su origen tuvieron rasgos populares, por aquello del paseo en calesas o automóviles antiguos, ambos al alcance de las familias pudientes de la época que gustaban de ser admiradas y aplaudidas a su paso por la zona céntrica de la ciudad, los años y las costumbres han venido cambiando tales rasgos originales.

En la transición, no hemos sido capaces de definir qué tipo de carnaval es el adecuado para Mérida y, consecuentemente, nos vamos por la continuidad de los anteriores, sin analizar raíces o comparar lo nuestro con lo que se realiza en otras partes del mundo.

De hecho, los carnavales –“Fiesta de la Carne”– son más originales en otros países donde no vemos desfilar vehículos con marcas comerciales que acá son comunes por aquello de que son quienes patrocinan y sostienen económicamente las fiestas carnestolendas.

Muy diferente es el carnaval en Brasil, donde se ha convertido en el programa más ambicioso de promoción turística del país. Ahí, durante todo el año, las “scolas du samba” ensayan, diseñan, construyen su parafernalia, ponen tema a la participación de miles de jóvenes y olvidan las mojigaterías llegando hasta el desnudo femenino o casi, todo ello en medio de una gran creatividad, color y alegría. Cada scola tiene un tema musical que compite, lo mismo que el conjunto de baile, por llevarse el primer lugar. Corren más cerveza y bebidas alcohólicas en esos días, y los carros alegóricos son de diseño único, espectacular, no meros camiones vestidos con marcas patrocinadoras  y marcas desde los cuales se regalan productos nimios.

En Nueva Orleáns, por un decir, sí hay carros formales de grupos pero sin carácter comercializador de productos. Y sí arrojan regalos, pero no son de alimentos chatarra, baratijas o cortesías de marcas comerciales.

Espectáculo mayúsculo es, por ejemplo, el Desfile de las Rosas en California, en el cual se ven creaciones artísticas a base de temas recreados con flores; son anuales, no tienen carácter carnavalesco, pero despiertan el aplauso público y el reconocimiento a los creadores de tal belleza visual. Algo muy diferente a Brasil donde la belleza es representada por las mujeres, iniciadoras de la raza humana.

En Yucatán –y volveremos a presenciarlo en este carnaval 2015– no existe otra directriz adicional a la del comercialismo. Por lo menos hace unos años las familias acudían como antaño a las calles para ver los paseos. Ahora ni eso. El carnaval se ha ubicado en Xmatkuil, en un espacio que, como se ha visto a través de los años, opera para Ferias Comerciales, Industriales y Agrícolas, Ganaderas, etc. No es, pues, un lugar apropiado para otras cosas. Las familias van a ir ahí a gastar dinero que no tienen, pasar problemas, sufrir el sol y el calor, etc.

Del norte privilegiado al sur profundo, de la zona histórica de celebración a un espacio fuera de la ciudad, la separación de clases pudientes y humildes se lleva al extremo. El actual esquema de organización y desfiles se ha copiado del gobierno municipal 76-78 que incorporó al sector escolar a los festejos para redimensionar el carnaval. Hablamos de cuarenta años en los cuales funcionó, en tanto tuvieron lugar en la zona histórica de Mérida los festejos.

Un solo barrio, San Sebastián, ha mantenido viva la antorcha de la alegría y la buena organización. Barrio bravo, pero de gente sensible en lo religioso, lo deportivo, lo laboral y, lógicamente, en lo social.

De ahí ha brotado desde hace decenas de años una esperanza de rescate. Familias enteras se reúnen, acuerdan, se organizan, plantean su participación y logran convertirse en el grupo exitoso más esperado, año con año, dentro de las fiestas carnavalescas. A veces han obtenido pequeñas ayudas y apoyos económicos para su proyecto anual. No obstante, a todos ellos les impulsa su vocación, unidad, voluntad de expresarse con alegría, para dar a sus congéneres meridanos y yucatecos momentos de relajamiento y disfrute familiar.

Y que conste que San Sebastián es parte de ese Sur que espera atención, justicia social, igualdad en servicios públicos y obras.

Marcelo Sanguinetti es un auténtico promotor desde hace muchos ayeres del carnaval que merecemos. Él es energía, movimiento armónico, color, acción, que convence. El remarcable ejemplo de su grupo recibe año con año el aplauso generoso de un público agradecido con su esfuerzo. Originalidad, creatividad, coordinación, fe en lo que se hace, son aspectos que caracterizan a los integrantes de su comparsa. José Vinadé Abud “Pompidú” (+) fue también motor de esos carnavales, existentes todavía hoy en los anales de la memoria y la nostalgia.

Marcelo Sanguinetti es un auténtico promotor desde hace muchos ayeres del carnaval que merecemos. Él es energía, movimiento armónico, color, acción, que convence. El remarcable ejemplo de su grupo recibe año con año el aplauso generoso de un público agradecido con su esfuerzo. Originalidad, creatividad, coordinación, fe en lo que se hace, son aspectos que caracterizan a los integrantes de su comparsa. José Vinadé Abud “Pompidú” (+) fue también motor de esos carnavales, existentes todavía hoy en los anales de la memoria y la nostalgia.

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