Capibara, el animal amigable

By on mayo 13, 2021

El capibara es el roedor más grande del mundo, pero su tamaño no le impide relacionarse con el resto de los habitantes del mundo animal.

Su nombre, capibara, proviene del guaraní kapiÿvá, que significa “Señor del pasto”. El nombre científico es hydrochaeris, que significa “Cerdo de agua” en griego.

Son originarios de Sudamérica y viven en grupos de 10 o 20, es raro verlos en modo solitario. Lo que hace a este animal tan peculiar es el hecho de que son muy sociables y por donde quiera que vayan entablan amistad con otras especies: pájaros, roedores, conejos, tortugas y cocodrilos.

Pueden vivir en diferentes tipos de hábitat, suelen encontrarse cerca de lagos, ríos, marismas o manglares. También necesitan un suelo firme para dormir, con una vegetación espesa que les sirve de protección. Para alimentarse no tienen problema en adentrarse por la sabana y herbazales, aunque también habitan en altitudes de hasta mil 300 metros por sobre el nivel del mar. Los capibaras toleran bastante bien los cambios de hábitat provocados por la actividad humana, y también pueden sobrevivir en zonas transformadas en plantaciones o pastos.

Viven en grupos que pueden estar constituidos por una pareja y sus crías, o por un grupo más grande de ejemplares adultos. La medida de los grupos varía entre seis y veinte animales. Durante la estación lluviosa, se extienden por una gran región, de manera que disminuye la medida del grupo. Durante esta estación, comen mucho y acumulan una reserva de grasa. Durante la estación seca, se reúnen alrededor de los ríos y lagos más grandes, formando grupos más numerosos. Durante esta estación, la mortalidad es notablemente más alta, ya que aumenta el hambre y las enfermedades y por la desaparición de las plantas que les sirven de protección, volviéndose así más vulnerables a los ataques de los depredadores.

Son más activos durante el amanecer o el atardecer; cuando se sienten amenazados, son nocturnos, lo que significa que permanecerán despiertos por la noche y dormirán durante el día. La oscuridad les proporciona cobertura mientras comen y socializan, de modo que los depredadores son menos propensos a atacarlos. Su longevidad en estado natural varía entre ocho y diez años, mientras que los ejemplares en cautividad pueden llegar a los doce años.

Los capibaras parecen una mezcla entre una cobaya gigante y una ardilla; es el roedor más grande que existe, tiene un cuerpo pesado en forma de barril y una cabeza pequeña, con un pelaje pardo rojizo en la parte superior del cuerpo que se vuelve pardo amarillo. En su parte inferior suele encontrarse pelaje con puntos o petequias en el lomo. El pelaje es largo y áspero, en algunas partes es tan fino que se puede apreciar la piel a través de él, esto hace que sean unos animales propensos a las insolaciones; para evitarlo, se revuelcan en el barro para protegerse la piel del sol. La longitud del pelo va de 30 a 120 milímetros.

Puede crecer hasta 1.30 m de largo y llegar a pesar 65 kg. Presenta pies ligeramente palmeados y, al igual que los puercos, carece de cola; tiene 20 dientes y la dentición es la típica de los roedores, con dos incisivos, dos premolares y tres molares, sin raíz y de crecimiento continuo, con un gran espacio sin dientes denominado diastema entre los incisivos y los premolares. El crecimiento continuo de la dentición compensa el desgaste que produce la ingesta de hierba.

El hocico es más grande y redondeado, mientras que las narinas son pequeñas y están bastante separadas. En los machos, la punta del hocico está calva y dotada de una prominencia correspondiente a la glándula olfativa.

 Las hembras son un poco más pesadas que los machos, con el tronco grueso y cuatro patas cortas. Los dedos son gruesos parecidos a pezuñas, presentan unas pequeñas membranas que los unen interdigitalmente; esta membrana actúa como los remos de un barco, permitiéndoles nadar de manera más eficiente. Utiliza sus patas palmeadas (cuatro dedos en cada pata delantera y tres en cada pata trasera) para nadar, así como para caminar.

El capibara tiene algo en común con el hipopótamo: sus ojos, orejas y fosas nasales se encuentran cerca de la parte superior de la cabeza del animal de manera que, cuando salen a respirar del agua o a observar lo que les rodea, casi no sobresalen de la superficie. El agua es una fuente de vida para él, ya que come plantas acuáticas y pastos, y utiliza el agua para escapar del peligro. Un carpincho puede permanecer bajo el agua hasta cinco minutos cada vez para esconderse de los depredadores, un macho alfa puede asomar sólo esas partes fuera del agua para aprender todo lo que necesita saber sobre su entorno mientras el resto de su cuerpo permanece oculto bajo el agua.

Los capibaras, como las cobayas, no pueden producir vitamina C por sí mismos, de manera que han de obtenerla por medio de su alimentación.

El aparejamiento puede tener lugar en cualquier época del año, pero la mayoría de los nacimientos suelen ser en la estación lluviosa (de abril a mayo en el norte de Sudamérica, y en octubre al sur del continente). El macho es quien toma la iniciativa en la copulación: persigue a la hembra, primero por tierra y después dentro del agua. El apareamiento tiene lugar en aguas poco profundas; después de entre seis y ocho rápidos empujes, el acto sexual llega a su fin. El coito se puede repetir después de un rato, hasta veinte veces con la misma pareja o con parejas diferentes.

Cada hembra pare una vez por año, si las condiciones climáticas son favorables pueden hacerlo dos veces. El periodo de gestación dura unos 110 días en la subespecie septentrional y unos 150 en la meridional. Son multíparas, y cada parto se compone de una media de cuatro crías, pudiendo variar entre dos y ocho.

Las hembras tienen diez mugrones que están colocados por parejas en el vientre. No construyen nidos, y pueden dar a luz en cualquier sitio de su territorio. Las crías son marcadamente precoces, pesan aproximadamente mil 500 g al nacer, presentan un pelaje completo y dientes permanentes. Poco después del nacimiento, las crías son capaces de comer hierba y pasan a ser independientes después de tres o cuatro meses, formando un grupo propio dentro del grupo principal.

Ambos sexos asumen la madurez sexual aproximadamente a los veintidós meses de edad. A la edad de un año, el capibara es un adulto, lo que significa que puede alimentarse y cuidar de sí mismo.

Sus depredadores naturales más importantes son los félidos como el jaguar o el ocelote, pero también los zorros selváticos y los caimanes. En muchas ocasiones, las crías son víctimas de aves de presa, como las harpías, o de reptiles, como la anaconda.

Son cazados por el hombre por su piel y su carne; se suele aprovechar su piel como un cuero, especialmente apreciado para la talabartería en Venezuela, Paraguay y en la Argentina para la confección de guantes, calzado, cinturones y chaquetas de cuero, bridas, monturas y fustigas. De la grasa se extrae su aceite, que se emplea como un medicamento de origen natural. Su carne es magra, de fuerte olor y de buena calidad, con escasa grasa, y presenta un muy bajo contenido de colesterol. Es consumida especialmente en las llanuras de Colombia y Venezuela. En la Argentina existen criaderos comerciales.

Algunas personas tienen ejemplares de esta especie como animal de compañía. A pesar de su gran tamaño y exoticidad, pueden ser compañeros gentiles. Es necesario esterilizar a los machos entre los 6 y 9 meses para evitar que se vuelvan agresivos y territoriales. Los capibaras de compañía están considerados animales afectuosos y limpios.

La mayor causa de muertes en las poblaciones de capibaras no son las enfermedades; las principales causas de muerte las constituyen la depredación, la edad y la desnutrición.

Dra. Carmen Báez Ruiz

drabaez1@hotmail.es

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