Adiós a la escritura

By on julio 23, 2020

Ichthyostega

Manuel Tejada Loría

La cuestión es la misma que en la novela de Milán Kundera, pero ahora en torno al libro electrónico: ¿levedad o pesadez? Poner en una balanza los pros y contras quizá de poco serviría. El hecho indiscutible es que el siglo 21, hasta esta segunda década, no podría entenderse sin la innovación tecnológica. A veces me pregunto si siglos atrás, cuando se inventó el libro, los lectores de aquel entonces también se pusieron nostálgicos por lo conocido: los papiros y las tablas de madera o arcilla. O quizá vieron en aquel nuevo artilugio, ese legajo de hojas empastadas, una nueva posibilidad para seguir fijando la memoria y el pensamiento. Después de todo el libro (y el papel impreso) son solo vehículos a los que hemos tomado mucha estima…

Prolongo el paréntesis: la traslación de lo impreso a la pantalla digital no sólo es cuestión de libros, sino también del periódico impreso. ¿Qué será de las mañanas dominicales hojeando los periódicos locales con el café humeante sobre la mesa? ¿Qué será de la escritura apresurada para enviar el artículo del día antes del cierre de la edición, mirando a cada rato el reloj, escribiendo casi sobre las rodillas? Frente al aparador de revistas y periódicos en un Oxxo, permanezco inmóvil, taciturno. Está vacío. Y algo de ese vacío también se impregna en mis sentidos. En medio de la pandemia, ni mi renuncia a mi anterior empleo pudo tanto como esta fatalidad personal de no tener un medio impreso donde publicar. El periódico donde los últimos quince años de mi vida escribí, no existe más. Peor aún es esta complejidad que se yergue en medio del confinamiento: no sé si escribir ahora sirva para algo…

El cariño al libro. El ritual alrededor del libro recién adquirido. Realmente el libro impreso es un objeto que añoramos tanto, del cual, en casos excepcionales, se desprenden verdaderas obras de arte en su hechura y, por supuesto, lo que en ellos leemos.

¿Algún día disfrutaremos tanto los libros electrónicos como los impresos? Me agrada tanto la idea de almacenar en un celular nuestras bibliotecas personales y ya no tener que cargar cajas y cajas de papel entintado. El poeta Raúl Cáceres Carenzo, cada vez que llegaba a Yucatán, traía varias maletas y valijas. En una apenas traía la ropa necesaria, y en el resto, libros y libros que regalaba a sus amigos yucatecos. «La cultura pesa,» decía alegremente mientras cargábamos sus pesadas valijas de libros. En pocos años estaremos yendo de un lado a otro con nuestras bibliotecas contenidas en dispositivos electrónicos que caben en el bolsillo del pantalón. Y eso es maravilloso.

Las generaciones que nacieron con estas nuevas tecnologías, que la utilizaron como chupete, van más familiarizadas. Este uso natural de la tecnología cambiará muchos procesos literarios que por décadas estuvieron acompañados de la cultura escrita impresa. Las editoriales se están adaptando a grandes pasos, y seguramente encontrarán la manera de entablar nuevos esquemas para acaparar y establecer nuevas dinámicas de marketing literario. Lo cierto es que en las próximas décadas estará en juego no la permanencia del libro impreso, sino de la escritura misma como memoria. Actualmente, los conocimientos e información relevante para la humanidad se guardan en nuevos e innovadores formatos. El video, la imagen, y la tinta electrónica, son una realidad que no podemos negar…

 … lo virtual parece algo lejano. La lectura en el libro impreso es algo más físico e íntimo. Sucede lo mismo con el periódico. Veo mis artículos publicados en brillosas pantallas y no puedo evitar sentir extrañeza de no verlos impresos en papel. ¿Cómo los resguardaré ahora? ¿Con capturas de pantalla? Y aunque el medio no las difunde, ahí están, ¿pero hasta cuándo? Hace un par de semanas me recetaron nuevos lentes con un filtro especial para la luz que emiten las pantallas. Todo comienza a adaptarse. Pero nada de esto importa. Hay una feroz pandemia en las calles devorando almas, cuerpos y nuestras ganas… 

[Continúa]

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