Vacuna Anti-Covid

By on agosto 27, 2020

Editorial

Por varios meses la presencia de un virus ha captado la atención de todos los países del mundo. La competencia entre las potencias mundiales por crear armas cada vez más destructivas y mortíferas ha disminuido temporalmente porque en todos los países la pandemia originada por un virus mortal supera las visiones destructivas de los estrategas militares y congela, por lo menos en un tiempo considerable, las ansias de poder político y territorial de las grandes potencias.

Sus capacidades militares se han congelado; sus esfuerzos de investigación sobre el combate a la pandemia es lo que ocupa a las mentes de los gobiernos que postergan lo militar, o lo reducen al mínimo, para privilegiar el combate al enemigo común actual, que no está guarecido en almacenes de armas avanzadas, sino en  algunos gobiernos en los cuales las mentalidades políticas pasan a segundo término porque un enemigo peor ya está en casa, en sus territorios invadidos sin un solo disparo o bomba, infiltrado de todos los modos posibles en las ciudades y territorios, enemigos políticos o adversarios históricos, actualmente vinculados por un combate unificado contra el enemigo invisible: el virus COVID-19.

Sin un solo disparo, las fronteras políticas han sido rebasadas y las bajas al acostumbrado antiguo enemigo aumentan, sin que medie acción militar alguna de sus adversarios.

Los bombarderos, portaviones, escuadrones navales, los depósitos de municiones, bombas y armas secretas, temporalmente se mantienen congelados militarmente y aún sufren bajas en sus tripulaciones, no por enfrentamientos con el enemigo, sino por incubación viral en cuarteles e instalaciones militares.

La raza humana se encuentra ahora en un momento histórico inédito.

En la paz vírica se producen y registran más muertos que en las trincheras cavadas en las zonas de vanguardia de la I y II guerras mundiales del siglo anterior.

Y es que el virus mortal se infiltra donde menos se espera, ataca abiertamente, sin límites de hora o tiempos. Su indeseable permanencia está en todos los continentes, ambientes, sociedades y espacios.

Por ahora, se anuncia una vacuna, aún no abiertamente aplicada en ningún país. Está en fase de pruebas de laboratorio en diversos países.

Para prevenir el flagelo habrá que vacunar a cientos de millones de personas, lo que constituirá un reto mayúsculo que deben asumir con urgencia todos los gobiernos.

Crecen, pues, las esperanzas de vida para los seres humanos en estos momentos de pesar y dolor en todos los hogares, sin excepción.

Aún faltan meses para fabricarla, distribuirla y aplicarla. Hay premura por lograr la producción masiva de millones de vacunas.

Pero es ciertamente una primera luz de esperanza, el inicio de una tarea de producción masiva y distribución, aplicación preventiva con cobertura poblacional total y tratamientos a quienes lo requieren para su recuperación.

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