Un ilustre yucateco: Manuel Crecencio Rejón (1799 – 1849)

By on marzo 11, 2021

Oswaldo Baqueiro López

          Manuel Crecencio Rejón debe ser considerado, a la par con Valentín Gómez Farías, como uno de los más importantes precursores del movimiento de Reforma liberal durante el Siglo XIX. Su labor como legislador fue invariablemente progresista, con un pensamiento de avanzada.

          Rejón fue un permanente impulsor de reformas políticas encaminadas a la realización de la democracia, tal como el establecimiento de la votación directa para la elección de los miembros del Congreso y de autoridades del Ejecutivo. En este sentido, y también por su defensa de la autonomía de los Poderes legislativo y judicial, su actuación tiene un carácter de vigencia y de modernidad.

Polemista apasionado, siempre en pie de lucha, Rejón fue un periodista político de primer orden. Su trabajo fue constante en la redacción de diversos periódicos liberales de su época. La exposición de sus ideas y su combate a tiranos y opresores le valieron persecuciones y cárcel. Para Rejón, la libertad de expresión no era un simple principio abstracto sino una manera de vivir.

Federalista de convicciones firmes, Rejón merece estar al nivel de Miguel Ramos Arizpe –llamado “El Padre del Federalismo”– en la historia política de México. En todas las facetas de su vida pública, Rejón fue congruente con su visión de un México federal, republicano, democrático y con una verdadera división de poderes.

Patriota intachable, de un espíritu nacionalista sin concesiones, Rejón defendió la integridad de México frente a la agresión y la voracidad extranjera. Como Ministro, como periodista y como legislador, nunca transigió con quienes aceptaron la mutilación del territorio patrio para enajenarlo a los Estados Unidos.

Ilustre jurista, el prócer yucateco alcanzó su logro más perdurable como creador, en nuestro país, del Juicio de Amparo, cuya evolución e institución es hoy un monumento de la legislación mexicana.

Por muchas razones, entonces, se justifica reconocerle a don Manuel Crecencio Rejón los títulos de prócer nacional, campeón de la libertad de expresión, defensor de la Patria, precursor del liberalismo, jurista eminente y heroico luchador por el federalismo mexicano.

PERFIL BIOGRÁFICO.

Manuel Crecencio Rejón nació en el poblado de Bolonchenticul, el año de 1799. No se conoce el día o mes de su nacimiento. Bolonchenticul perteneció al partido de Ticul, Yucatán, hasta el año de 1857. En la actualidad se encuentra dentro de los límites del estado de Campeche y lleva el nombre de Bolonchén de Rejón.

Los padres de Manuel Crecencio fueron don Manuel García Rejón y doña Bernarda de Alcalá, el primero vallisoletano y la segunda de ascendencia Canaria. Crecencio –como él escribía su nombre– era, pues, Manuel Crecencio García Rejón y Alcalá, pero se le conoce en la historia sencillamente como Manuel Crecencio Rejón.

Desde pequeño se le envió a la capital yucateca, Mérida, para cursar –no sin limitaciones y pobreza– sus estudios. Aquí el joven Rejón ingresó al famoso Seminario Conciliar de San Ildefonso, donde impartía la cátedra de filosofía el reconocido maestro don Pablo Moreno, de renombre por sus ideas modernas y de avanzada. Rejón se graduó en 1819.

Por ese entonces, en medio del asfixiante ambiente colonial, conservador en lo político y oscurantista en lo intelectual, existía en Mérida un oasis luminoso y progresista que se daba en el grupo de los Sanjuanistas –verdaderos precursores de la Independencia en Yucatán–, grupo dirigido por el ilustre presbítero Vicente María Velázquez que debía su nombre a que celebraban sus sesiones en la sacristía de la iglesia de San Juan. Liberal de corazón y apasionado defensor de los indígenas mayas, el Padre Velázquez reunió a un grupo de jóvenes inquietos y decididos que habrían de destacar en el campo de la política y de las letras, tanto al nivel local como nacional. Entre ellos estaban don Lorenzo de Zavala, don Andrés Quintana Roo y, por supuesto, Manuel Crecencio Rejón, quien también se inflamó con las ideas de la Revolución Francesa, del federalismo norteamericano y de la filosofía liberal que inspiraron al fin la Constitución de Cádiz de 1812.

La lucha por la independencia culminó en la Nueva España con el triunfo del Plan de Iguala, por lo que en consecuencia se proclamó también la independencia de Yucatán respecto al imperio español, el 15 de septiembre de 1821, y se aprueba la anexión de la provincia a la naciente nación mexicana.

Este es el punto de partida para que Rejón iniciara su agitada y brillante carrera en la vida pública nacional ya que, caldeado en el grupo sanjuanista y habiéndose distinguido como uno de los más fuertes partidarios de la independencia, fue designado diputado para participar en el congreso constituyente que se efectuaría en la Ciudad de México, a donde Rejón llegó en marzo de 1822 para ocupar su escaño en el mencionado congreso.

Notables son, de inmediato, las actitudes, ideas e iniciativas que encabeza o en las que participa Rejón. Propone que sea abolida en México la pena de muerte “por ser contraria a la humanidad”, además que fueran abolidas las mitas, mandamientos, repartimientos y servicios personales a que estaban sujetos los indígenas y, en relación con Yucatán –cuyos asuntos nunca olvidó como diputado o senador–, pide que se concediese la fundación de una Universidad en la ciudad de Mérida.

Cuando en mayo de 1822 el entonces Regente Agustín de Iturbide se hace proclamar “Emperador”, el joven diputado Yucateco lo ataca y critica fuertemente, por lo que, al disolver Iturbide el Congreso, Rejón se encuentra entre los diputados que van a dar a la cárcel, de la que sale cuando Iturbide reinstala el Congreso, obligado por un primer “pronunciamiento” de Antonio López de Santa Anna.

Al salir de la prisión, Rejón se dirige a la ciudad de Puebla, donde se ha constituido uno de los principales focos de oposición al Iturbidismo, y desde allí combate incansablemente con artículos periodísticos en los que sostiene sus ideas políticas a favor de la democracia y de la república federal.

Cuando Iturbide renuncia y marcha al destierro, vuelve a plantearse en el Congreso la cuestión de una nueva constitución en la que el asunto central sería el debate entre federalistas y centralistas. Con el triunfo de los federalistas –Rejón en primera línea– surge la Constitución de 1824. El papel del diputado yucateco fue relevante pues formó parte de la Comisión de Puntos Constitucionales, que por antigüedad y experiencia presidía el presbítero Miguel Ramos Arizpe. No solamente redacta artículos y los defiende en la tribuna, sino que aporta Rejón las bases para la independencia del Poder Judicial, así como la ampliación de las atribuciones  de la Corte Suprema de Justicia.

Rejón estuvo en el Congreso la mayor parte de la década de 1820 a 1830. Hacia 1827, al comprender las intenciones expansionistas de los Estados Unidos de Norteamérica, implementadas en México por el embajador Joel R. Poinsett, une esfuerzos con otro prócer yucateco, don Andrés Quintana Roo, y con el diputado capitalino Juan José Espinosa de los Monteros, para evitar la cercenación de una franja norteña en la frontera.

Tres veces diputado por Yucatán, la mayor parte de la década de 1820 a 1830 la dedica Rejón al trabajo en el Congreso. Siendo un hombre de ideas políticas definidas y radicales, federalista en lucha contra el centralismo y demócrata opuesto al militarismo endurecido y conservador, la vida de Rejón, como la de México, entraría a una difícil etapa de inestabilidad.

Los conflictos internos del país, con una casi interminable serie de pronunciamientos, cambios de gobiernos y de leyes, marcaron con sus altibajos la situación de Manuel Crecencio Rejón. Amigo y colaborador de Valentín Gómez Farías, lo acompañaría siempre en la lucha liberal. Fue activista dentro de las logias masónicas y escribe en los periódicos “El Correo de la Federación”, en “El Federalista”, en “El Atleta”, en “El Fénix” y en “El Cosmopolita”. Polemiza y ataca al régimen militarista de Anastasio Bustamante, lo cual le ocasiona no sólo ir a la cárcel sino también recibir una paliza que le propinan dos militares a las puertas de su casa, presumiblemente por instrucciones de Lucas Alamán, consejero  de Bustamante.

Perseguido, despojado de sus dietas, Rejón atraviesa una situación que llega a lo angustioso durante los años de 1835 a 1840. Sufre además, la muerte de su pequeño hijo Manuel, de cuatro años. Sin embargo, jamás claudica ni cede en su combatividad política, y en julio de 1840 participó en una conjura contra el gobierno bustamantista cuyo objetivo era restaurar la constitución de 1824.

Triunfan –aunque solamente conservan el poder durante trece días–, y Rejón ocupó la cartera del Ministerio del Interior bajo una efímera presidencia de Gómez Farías.

Vencidos con el retorno de Anastasio Bustamante al gobierno, Gómez Farías y Rejón tienen que salir de la Ciudad de México. Rejón retornó a Yucatán.

Yucatán nació y se unió a la nación mexicana con un profundo y real espíritu federalista. Con el establecimiento de un régimen militar centralista en el país, el congreso yucateco decretó que la provincia (con un territorio entonces integrado por lo que hoy son Yucatán, Quintana Roo, Campeche y parte de Tabasco) estaría separada del gobierno central hasta que se reestableciese el régimen federal.

Con Rejón ya en Yucatán, el congreso yucateco aprobó el 15 de septiembre de 1840 un decreto para proponer reformas a la constitución local de 1825, y se designó a una comisión para redactar dichas reformas, integrada por el propio Manuel Crecencio, Pedro C. Pérez y Darío Escalante. La comisión, o mejor dicho Rejón, quien fue el verdadero y principal autor del proyecto, propuso que, en vez de hacer reformas, lo que convenía era crear una nueva constitución

Para Rejón fue la ocasión de concretar ideas maduradas ya desde años atrás, y sostenidas en innumerables batallas. Prueba de lo anterior es el tiempo tan reducido que necesitó para entregar el proyecto de nueva Constitución, el que terminó el 23 de diciembre de ese mismo año, o sea, menos de cuatro meses. Con ligeras variantes fue aprobado y la nueva constitución yucateca fue sancionada el 31 de marzo de 1841.

Este documento constitucional es verdaderamente precursor en México de notables avances jurídicos y políticos que se debieron al conocimiento, a la experiencia y al genio de Manuel Crecencio Rejón. Mencionaremos algunos:

1.- En materia de garantías individuales, éstas se generalizan para beneficiar no solamente a los yucatecos sino a “todo habitante del estado, nacional o extranjero”.

2.- Establece la elección directa de diputados, senadores y del gobernador, con lo que fortalece su sentido democrático y popular

3.- Fortalece también la autonomía del Poder Judicial, al que se le otorga la facultad de conceder el amparo.

4.- El establecimiento del Juicio de Amparo.

Así pues, en el texto de esta constitución se encuentran las ideas jurídicas y políticas más avanzadas de su época, como la libertad de prensa, la libertad de cultos, la supresión de fueros y el juicio político.

Sin duda que existían antecedentes del amparo en la legislación norteamericana, y se reconocía como fuente la obra de Alexis de Tocqueville “La democracia en América”, pero en México esta fue una primera piedra fundamental.

Vale la pena citar los conceptos que sobre el amparo creado por Rejón expone Felipe Tena Ramírez en su obra “Derecho Constitucional Mexicano”. “Ciertamente que en 1840 el campo estaba preparado y las ideas germinaban, pero su primer brote se dio en la provincia disidente que, al ser acogida de nuevo en el seno de la nacionalidad mexicana, habría de entregar su obra para ser perfeccionada y llegar a construir el juicio de amparo.” Agrega Tena Ramírez que las ideas contenidas en la exposición de motivos del proyecto yucateco “son de una nitidez tal que no dudamos en considerarla como el programa conforme al cual trabajaron más tarde los constituyentes del 42, 46, 57 y del 17, así como toda la jurisprudencia que se ha elaborado en materia federal bajo la vigencia de las dos últimas constituciones.”

De un mexicanismo indudable, Rejón se opuso a las insistencias de los separatistas yucatecos encabezados por el gobernador Santiago Méndez, y ese mismo año, 1841, reanudó su agitada vida y abandona Yucatán. Después de una breve estadía en La Habana retornó a la ciudad de México y, luego de sus acostumbrados altibajos, y más bien para alejarlo del país –así opina el propio Rejón–, se le confía una misión diplomática en países de Sudamérica, de la cual retorna en 1843.

En 1844, designado Ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Valentín Canalizo, le tocó enfrentar las presiones y conflictos con el gobierno norteamericano, que había decidido la anexión de Texas a su territorio. Angustiosas y proféticas palabras escribió Rejón, dolido en su patriotismo, al no poder conseguir apoyo para defender a México.:

Hubiera entonces querido hacer partícipes a todos mis compatriotas de mis aflictivas convicciones presentándoles el cuadro fúnebre de los futuros destinos de nuestra raza, cual se me presentaban a mi imaginación arredrada, al contemplar el gran trastorno que debía producir a nuestras cosas la proximidad de un pueblo que, superior a nosotros en civilización, en industria y en poder, se arroja sobre el continente, considerándolo como inmensa fortuna que le pertenece, y que, enemigo de las demás razas, las extermina para hacer exclusivo en el Nuevo Mundo el imperio de la suya.”

En otra revuelta político-militar cae el gobierno de Canalizo y existe la amenaza de enjuiciar a sus ministros, por lo que Rejón se ve obligado a escapar a La Habana para evitar ser aprehendido. Retornaría a México en 1846.

Esta vez el partido federalista se encuentra en el poder, y Rejón vuelve al Congreso como diputado por el Distrito Federal. Santa Anna llega a la presidencia y el país, además de sus crisis internas, tiene que enfrentar la guerra contra los Estados Unidos (1846-1847), cuyos resultados fueron tan funestos para México. A punto de ser ocupada la capital mexicana, Santa Anna dispuso el traslado de los poderes a la ciudad de Querétaro. La noche del 15 de septiembre – ¡Qué terrible ironía! – ya ondeó en Palacio Nacional la bandera yanqui.

Perdidas todas las batallas, ocupada su capital, México estaba derrotado y, sin embargo, no faltaba quienes querían continuar la guerra, entre ellos Rejón, en cuya casa se reunían los partidarios de seguir la defensa del país. En el Congreso, Rejón propuso que fueran rechazados los tratados de paz que, en suma, no eran sino la formalización de un rapaz despojo de más de la mitad del territorio nacional. La propuesta de Rejón fue rechazada con votación de 38 contra 33.

El último trabajo de Rejón en el servicio público consistió en la elaboración de un proyecto de “Acta de navegación”, en el año de 1848.

Enfermo, falleció en la Ciudad de México el día 7 de octubre de 1849, en medio de la más honrosa y profunda pobreza, al grado que sus amigos tuvieron que aportar recursos para sus funerales.

La suya fue una vida intensa, no pocas veces difícil, de luchas y altibajos constantes. Rejón constituye un paradigma de lealtad a sus ideas y de entrega a las causas de México. Federalista radical, brillante jurista, patriota a toda prueba, honesto a carta cabal, el nombre de Manuel Crecencio Rejón merece estar, con letras de oro, entre los más altos próceres de la Patria.

OBL/6-IX-99

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.