Precursores De La Arqueología Maya

By on abril 23, 2015

Antonio Del Río – Las Primeras Exploraciones De Palenque

Sin conocimientos previos, carentes de metodología científica alguna y con instrumentos rudimentarios, los primeros exploradores erraron por la selva tropical de Guatemala, Honduras, Sur de México y la Península de Yucatán desde el siglo XVIII hasta principios del XX, en busca de las misteriosas ciudades de la civilización Maya.

Algunos militares, como del Río y Guillermo Dupaix; Galindo, aventurero político; Waldeck, artista; Stephens, abogado, con su dibujante Frederick Catherwood; Brasseur, sacerdote; Le Plongeón, médico; Dèsiré Charnay, explorador y fotógrafo; y Edward Thompson, que carecía de oficio y profesión, todos tenían en común su entusiasmo, su deseo de conocer, y el espíritu aventurero para explorar, sorteando muchos peligros, los vestigios de la cultura Maya, la que más despertaba interés entre las de Mesoamérica cuando esos tiempos.
Cometieron muchos errores, producto de su falta de conocimientos para la exploración arqueológica, que suplieron con su desbordada imaginación, como aquella teoría que decía que los mayas eran sobrevivientes de la Atlántida, o que esa cultura era el origen de la egipcia y otras especulaciones teóricas sin fundamento científico alguno. Sin embargo, fueron valiosas sus aportaciones para la configuración, a través de esos siglos, de lo que hoy es la Ciencia Arqueológica moderna.

PALENQUE

Los indios del lugar lo conocían de siempre: Palenque, que en dialecto maya local – el chol – se llamaba Na-Chan, que quiere decir Casa de la Serpiente. Los blancos sólo supieron de ella a mediados del siglo XVIII, cuando familiares del padre Antonio de Solís, cura del pueblo de Santo Domingo, exploraron los alrededores y regresaron con noticias de unas extrañas “casas de calicanto” que habían encontrado.

Poco después, un muchacho de nombre Ramón Ordóñez escuchó la versión de las misteriosas casas y cuando ya mayor, siendo cura de Ciudad Real en 1773 – San Cristóbal de Las Casas, Chiapas – envió investigadores a estudiar las ruinas. Más de diez años después, Ordoñez habló de las estructuras a Josef de Estacharía, Presidente de la Real Audiencia de Guatemala.

Las noticias despertaron el interés y la curiosidad de Estacharía y en 1784 comisionó a José Antonio Calderón que hiciera un informe sobre las ruinas. Estacharía se sintió insatisfecho con el trabajo de su enviado, que carecía de conocimientos arqueológicos e iniciativa para realizar la encomienda, y al año siguiente – 1785 –, intrigado por los misteriosos vestigios, comisionó a un profesionista – Antonio Bernasconi, arquitecto real de la ciudad de Guatemala – para realizar el trabajo. Bernasconi recibió un listado de órdenes para explorar con mejor orientación las misteriosas ruinas: “Indagar la edad del asentamiento, el número de pobladores, el origen de sus fundadores, la presencia de murallas defensivas y las causas de su decadencia”. También se le solicitaba indagar sobre el estilo, las medidas, y la indicación de los materiales de construcción. Estas órdenes detalladas para Bernasconi revelan la curiosidad inteligente de Estacharía, o de algunos de sus ayudantes.

Tampoco esta vez se sintió satisfecho el Presidente: Bernasconi había entregado un informe apenas un poco mejor al de Calderón. Enviados los dos informes a España, el historiador real, Juan Bautista Muñoz, que por entonces trabajaba en la historia de las colonias españolas de América, los leyó y pidió información más específica. Una vez más, Estacharía tenía que encontrar al hombre encargado de examinar las ruinas.

Tras buscar infructuosamente a la persona que reuniera las características necesarias para tal empresa, recibió la recomendación de que un capitán del ejército, Antonio del Río – hombre inteligente y organizado – podría satisfacer la comisión. Aunque Estacharía no quedó muy convencido de la eficiencia del militar, de quien desconfiaba, le encargó la encomienda de explorar las ruinas y hacer un informe sobre ellas. Así fue designado este militar en 1786, que nunca imaginó su trascendencia como el primero y más importante precursor de los estudios Mayas. Para tener un registro visual de la expedición, se escogió a Ricardo Almendáriz como dibujante que acompañara al capitán.

Dibujo realizado por Almendáriz en mayo de 1787, de un bajo relieve en estuco en Palenque. La pieza, que data aproximadamente del año 670 d. de C., es parte de la fachada del complejo central conocido como El Palacio.

Dibujo realizado por Almendáriz en mayo de 1787, de un bajo relieve en estuco en Palenque. La pieza, que data aproximadamente del año 670 d. de C., es parte de la fachada del complejo central conocido como El Palacio.

Después de varios meses de retraso a causa de las lluvias, Del Río llegó a Palenque el 3 de Mayo de 1787. En el pueblo de Santo Domingo reclutó por la fuerza a un grupo de indios para que lo guiaran hacia las ruinas. La selva era tan espesa que a metro y medio de distancia no se podía ver y con grandes esfuerzos, y hasta un segundo intento con la ayuda de más indios, lograron despejar el área quedando al descubierto los principales monumentos: El Palacio, El Templo de las Inscripciones, los templos menores, y ver las elaboradas lápidas del Sol, La Cruz y la Cruz Foliada, aunque fue incapaz de comprenderlas.

Se limitó a llevar a la práctica, hasta donde le fue posible, algunas de las instrucciones que Estacharía había dado a Bernasconi en la expedición anterior. Tomó medidas de los monumentos, describió los materiales de construcción, hizo algunas descripciones precarias sobre las estructuras dada su limitada preparación para esta tarea. Realizó algunas excavaciones en el Palacio, pero no encontró nada que arrojara luz sobre los habitantes y la edad del asentamiento. En los edificios más pequeños desenterró lo que probablemente eran escondites de ofrendas con algunas vasijas de barro, unas cuantas puntas de pedernal y algunos otros objetos, incluso un pequeño jarro con huesos, todo lo cual no significó nada para él.

No estuvo exento de hacer algunas conjeturas al respecto del origen de este pueblo, relacionándolo con los romanos o con la cultura griega. Sin embargo, a veces se mostraba prudente, como lo demuestra el hecho de no atribuir origen cristiano a la Cruz de Palenque, como hicieron otros exploradores posteriores a él.

Escaló el Templo de las Inscripciones y estuvo muy lejos de sospechar que se trataba de la tumba del gran gobernante de Palenque, el Halach Huinic Pacal, que 165 años después – en 1952 – descubriría el gran arqueólogo yucateco Alberto Ruz Lhullier. Para satisfacer las indicaciones de sus superiores, Del Río extrajo muestras de las ruinas, que incluían pequeñas placas de jeroglíficos, pedazos de varios bajorrelieves, muestras de cal, algunos ladrillos que encontró, y piezas recuperadas en las excavaciones que ascendieron a 32 objetos, probablemente el primer saqueo arqueológico a la cultura Maya.

Almendáriz preparó un informe gráfico con treinta dibujos de las esculturas en bajo relieve que se encuentran principalmente en el edificio conocido como El Palacio. Los dibujos se hicieron para ilustrar el reporte escrito del Capitán del Río que se fechó el 24 de Junio de 1787. Este informe preparado por Antonio del Río representa, de acuerdo con opiniones de expertos, el primer documento arqueológico substancial que se conoce en toda América. Los dibujos de Almendáriz son admirablemente precisos para la época y muestran detalles de Palenque que han sido destruidos por la erosión desde entonces, razón por la cual tienen un valor y utilidad científica de carácter excepcional.

Del Río entregó el informe con los dibujos de Almendáriz a Estacharía, quien ordenó que se hiciera una copia para sus archivos. Otra copia llegó al convento de Ciudad Real, probablemente por intervención de Ordóñez. Un año después, Estacharía envió el informe, los dibujos y las piezas a España, donde fueron depositados en el Real Gabinete de Historia Natural.

Poco tiempo después de que Del Río terminara su misión, Fray Ramón de Ordoñez –de quien ya dijimos fue cura de Ciudad Real, promotor de las exploraciones de Palenque y poseedor de una segunda copia del informe de Del Río – compiló un manuscrito que había reunido sobre los antiguos habitantes de Palenque, que tituló “La historia de la creación del cielo y de la tierra”. Este documento despertó el interés de un italiano de nombre Paúl Felix Cabrera y, con el informe de Del Río que le prestara Ordoñez, escribió un ensayo que llamó “Teatro Crítico Americano”, que si bien no se publicó entonces, posteriormente lo sería en un volumen de 128 páginas, correspondiendo al informe de Del Río 21 páginas únicamente, pero fueron las que más llamaron la atención.

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Un cuarto de siglo después, por la confusión y desorganización que producían las revoluciones de América contra España, un doctor de nombre McQuy logró hacerse de una copia de ese manuscrito con los dibujos de Almendáriz y los llevó a Inglaterra, en donde fue traducido al inglés y publicado en 1822 bajo el título de “Description of the ruins of an Ancient City, Discovered near Palenque from the Original Manuscript Report of Captain Don Antonio del Río: Followed by Teatro Crítico Americano by Doctor Paul Felix Cabrera”. Jean Frêdéric Waldeck – futuro artista arqueólogo –, por órdenes del editor Henry Berthoud, grabó las 16 láminas que acompañaban el informe Del Río. El volumen, que se vendió a 1 libra y 8 chelines el ejemplar, constituyó la primera descripción directa de Palenque publicada para los especialistas, e incidentalmente elevó a Del Río a la posición de precursor reconocido de los estudios mayas.

Posteriormente, en 1823, el informe se tradujo al alemán y E. D. Warden, un entusiasta de los estudios americanistas, tradujo el informe al francés que la Societé de Geographie publicó en 1825, en París. Otras correrías tendría el informe de Del Río, que apareció en una publicación norteamericana en 1832, pero fue hasta que John Lloyd Stephens y otros exploradores que insistieron en los años cuarentas sobre las peculiaridades de las ruinas mayas que el libro de Del Río empezó a cobrar altura como obra de interés histórico. Aquellos exploradores descubrieron que era la primera relación que se había publicado sobre Palenque.

Fue así, por azares del destino, que la suerte y la casualidad se combinaron para presentar a Antonio del Río como el precursor de la Arqueología Maya que informó al mundo sobre las extrañas ruinas de Palenque.

 

César Ramón González Rosado

Bibliografía:

  • Robert L. Brunhouse. EN BUSCA DE LOS MAYAS. Los primeros arqueólogos. Fondo de Cultura Económica. 1989.
  • José Alcina Franch. Guillermo Dupaix y los orígenes de la Arqueología en México. Conferencia. Publicaciones UNAM.
  • Las Ciudades Perdidas de los Mayas. Vida, Obra y Descubrimientos de Frederick Catherwood. Texto de Fabio Bourbon. Artes de México
  • Incidentes de viaje en Yucatán, Vols. 1 y 2 (1843) traducido al español por Justo Sierra O’Reilly. Folletos. Biblioteca virtual de Yucatán.
  • John Lloyd Stephens. En busca de los Mayas. Viajes a Yucatán. Traducción de Justo Sierra O’Reilly. Dante.1984

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