La Educación Maya – XIX

By on octubre 7, 2022

Navegación y Comercio Maya

XIX

INSTRUCCIÓN PARA EL COMERCIO. NAVEGACIÓN.

La religión, tan influyente en todos los aspectos de la vida de los mayas antiguos, no fue, sin embargo, una limitante para su creatividad en busca de bienes terrenales. Pruebas fehacientes las proporciona el comercio que practicaron, tanto el interior, como el llamado a larga distancia. Este último, en el que se involucraban múltiples actividades, llegó a dar por resultado lo que en términos actuales habría constituido “una balanza comercial ventajosa” para los centros mayas que lo ejercieron.

Tal lo atestiguan quienes desde los primeros contactos con el Nuevo Mundo se refirieron admirados a la actividad mercantil que observaron, y las referencias que se obtienen sobre el tema como resultado de las investigaciones.

Nacido el comercio originalmente de la necesidad de intercambios entre comunidades para garantizar la subsistencia, para los mayas llega a constituir la característica de su cultura que más aportó a los avances de su civilización, gracias a la utilización inteligentemente aprovechada de las riquezas a que, de muy variada índole, lograban tener acceso.

Acerca de a cuándo se remonta el comercio marítimo –por cuya magnitud Eric Thompson llamó a los mercaderes mayas “los fenicios del Nuevo Mundo” –, Sharer, para dilucidarlo, parte del hecho afortunado de que “los mayas preclásicos, situados en una encrucijada entre Mesoamérica (constituida ya por civilizaciones regionales prósperas) y América Central, y ubicados en un medio rico y diverso. fomentaron el primer florecimiento de su antigua cultura, la civilización más brillante del Nuevo Mundo. La llanura costera del Pacífico, primera avenida de este a oeste entre México y América Central, fue una importante zona de cultivo del cacao y otras cosechas. Los altiplanos fueron la fuente de muchos valiosos recursos minerales especialmente obsidiana y jade, y constituyeron los nexos entre los accesos norte y sur de la zona maya. Las tierras bajas aportaron toda una variedad de productos de las selvas tropicales y ofrecían rutas fluviales y terrestres que conectaban el Caribe con el Golfo de México”. Y añade: “Es evidente que en el período Preclásico Tardío alrededor de 500 a.C. el comercio circunpeninsular de canoas constituyó ya un medio importante, tanto para la comunicación cuanto para el intercambio económico.”

Esta formativa red de comercio costero, aunque modesta en escala, comparada con la de tiempos ulteriores, parece haber llevado la prosperidad a Komchén y a otros sitios de Yucatán, que a cambio de la sal recibían jadeíta y otros artículos no utilitarios del sur. Todo parece indicar que el comercio a larga distancia estaba bien establecido en la zona maya durante la época Preclásica. Aquí es oportuno hacer notar lo favorable que les fue el principio educativo que a todas las facetas de la vida del maya acompaña, ya que es en el ejercicio de su comercio donde se pueden encontrar las cualidades sobresalientes que poseen del arte de educar: avivar la iniciativa, capacidad imitativa, organización, perseverancia, disciplina.

Un pasaje que refiere Amalia Cardós103, relacionado con cierto momento de Copán, muestra la disposición del maya para adquirir nuevos conocimientos en tanto que realizaban sus transacciones comerciales: “Si al principio del periodo Clásico Copán obtiene la mayoría de sus objetos ceremoniales de la región central maya, después los hacen alfareros locales, o por lo menos, en algún centro de la región sureste. Objetos policromados finos continúan llegando a Copán desde lejanas regiones, pero ya no constituyen tan importante aspecto de la vida ceremonial y casi nunca se les encuentra en entierros o depósitos ocultos, aunque sí nos siguen brindando importante evidencia de la extensión del comercio en esta época”.

Del comercio en tiempos más cercanos, es la interesante tesis desarrollada por Piedad Peniche Rivero104 acerca de los Itzáes, en su obra Sacerdotes y comerciantes, que a más de brindarnos su particular interpretación de la situación estado-militarismo-religión, en la época de la supremacía de aquel pueblo, que vale la pena conocer, expone el decisivo papel que tuvieron en el desarrollo del comercio maya, y sus notorias implicaciones en la vida económica y social del área a partir del siglo VIII d.C.

Confirman estos conceptos sobre la hegemonía comercial de los itzáes, a la par que nos brindan la imagen de lo que fue un puerto en aquellos tiempos, las investigaciones de un distinguido equipo de arqueólogos en Isla Cerritos105, donde identificaron un complejo portuario “construido sobre un islote de 200 metros de diámetro, ubicado a unos 500 metros de la costa, y a 5 kilómetros al oeste de la boca del estero de Río Lagartos, donde se encuentra el puerto de San Felipe. Durante su apogeo el asentamiento de Isla Cerritos alcanzó una extensión de unas tres hectáreas y pudo albergar a varios cientos de personas”. Entre otras construcciones residenciales, religiosas y administrativas, señalan las portuarias. De éstas, dan detalles de “un muro de 330 metros de largo con ancho que varía entre dos y cinco metros, construido en el mar a 80 metros al sur del islote es decir, del lado de la tierra firme. Esta construcción tenía una entrada principal al centro, flanqueada por dos plataformas que pudieron servir de base a construcciones (torres) de madera, y posiblemente otras dos aberturas laterales, que posibilitaban el acceso a un área resguardada y segura para las embarcaciones y su carga. A todo lo largo de la orilla de la isla aún se pueden apreciar numerosas alineaciones de piedra que sobresalen entre el agua; son los restos de los muros de retén de lo que alguna vez fueron terrazas, muelles y atracaderos de piedra recubiertos con argamasa, lo que además de facilitar las operaciones de trasbordo y desembarque, sirvieron también para ganarle terreno al mar.

“Las excavaciones revelaron que los primeros habitantes de Isla Cerritos se establecieron en una superficie mucho menor que la actual, sobre un promontorio que tal vez tenía menos de una hectárea, aunque el nivel del mar era seguramente más bajo que el de ahora. Los materiales de esa época (100 a.C – 400 d. C.) tienen una distribución restringida a las partes más altas, ubicadas al centro y al norte del islote. En el lapso inmediatamente posterior (400-750 d.C.) la población ocupó una extensión un poco mayor a la original. Para este período Isla Cerritos ya alcanzaba una importancia regional como puerto de intercambio en el occidente de la península”.

“El asentamiento principal tuvo lugar aproximadamente entre 750 y 1000-1200 d.C.”, y como resultado de sus cuantiosas investigaciones, los arqueólogos llegaron a la certidumbre de que “durante esta etapa de máximo desarrollo, las actividades comerciales en la isla estuvieron bajo el control de los itzá” y que “los habitantes de Isla Cerritos participaron en las mismas redes comerciales en que intervinieron los pobladores de Chichén Itzá, y no en las redes mayas tradicionales”. “El abandono del complejo portuario durante el mismo período en que decae la capital itzá, refuerza la idea de que el destino de la gente de Isla Cerritos estuvo en última instancia e inexorablemente ligado al de la élite de Chichén Itzá”.

Nuestro objetivo principal nos pone límites en la profundización de diversos temas que tocamos; por ello, no particularizaremos más sobre los itzáes, de los que sólo añadiremos que no eran precisamente extranjeros sino mayas putunes o chontales procedentes del sur de Campeche y del vasto delta de los ríos Usumacinta y Grijalva de Tabasco, situación geográfica que los hizo influenciables por los mexicanos. Según Piedad Peniche, siendo grandes productores de cacao, fruto desde tiempos lejanos muy apreciado en Mesoamérica, fueron ellos quienes crearon la moneda-cacao. Aclara que “la diferencia entre mayas e itzáes es de naturaleza económica y no étnica”.

Los litorales que circundan la península de Yucatán dieron oportunidad a los mayas de realizar un comercio marítimo de extraordinarios alcances.

Anthony P. Andrews106 asevera que se han registrado más de 400 sitios prehispánicos en las costas de la península de Yucatán y Belice, de los cuales más de 150 fueron ocupados durante el Posclásico.

De estos, aproximadamente cincuenta sirvieron como importantes puertos en el comercio marítimo de ese periodo. Algunos se remontan a épocas anteriores, como Jaina, Xcambó y Xelhá, pero siguieron funcionando como puertos durante parte o todo el Posclásico.

Entre los principales puertos de esta época figuran Xicalango. Tixchel y Champotón, en la costa de Campeche; y Xcambó, Isla Cerritos, Emal. El Cuyo, Chiquilá (Conil) y Vista Alegre, en la parte norte de la Península. En la costa del Caribe de Quintana Roo, fueron de mayor importancia Ecab, El Meco, Cancún, Mulchi (Mocchi), Playa del Carmen (Xamanhá), Xcaret (Polé), varios sitios en Cozumel, Paamul, Xelhá (Xala). Tancah (Xamanzama). Tulum (Zama), Muyil, Chunyaxché, San Miguel de Ruz, Chemax, Chacmool (Santa Rosa) e Ichpaatún–Tamalcab en la Bahía de Chetumal. En la costa de Belice resaltan Santa Rita Corozal, Sarteneja, Marco González, Colson’s Point, Placencia y Wil Cane Cay. Más al sur en Guatemala y Honduras, se encuentran, respectivamente los puertos de Nito y Naco, importantes emporios comerciales a la llegada de los españoles.

Además de señalar Andrews, variedad de funciones particulares que tenían los puertos comerciales de paso para el comercio de larga distancia, de embarque rumbo a las islas, ligados a ciudades o estados del interior, añade que algunos puertos tenían múltiples funciones como Chiquilá (Conil) que fue importante punto comercial, puerto de paso y puerto de embarque para Isla Holbox.

Igual que toda comunidad organizada, el estado, las élites gobernantes y los mercaderes ricos debieron servirse de la educación en bien de sus intereses, sin que por ello se diera fin a prácticas educativas tradicionales o se detuvieran otros avances. Los navegantes debieron transmitir sus conocimientos siempre enriquecidos con nuevas experiencias, y la construcción de naves mejoraría sus técnicas de generación en generación. “Las canoas mayas, talladas de un solo tronco de cedro, caoba y otras maderas duras, variaban en tamaño; había desde pequeñas piraguas para un individuo hasta grandes embarcaciones capaces de acomodar entre 40 o 50 personas”107, Bernal Díaz del Castillo, transcrito por Piedad Peniche108 corrobora que se hubieran llegado a usar velas en la navegación: “Una mañana que fueron cuatro de marzo vimos venir diez canoas muy grandes, que se dicen piraguas, llenas de indios naturales de aquella poblazón, y venía a remo y vela. Son canoas hechas a manera de artesas, y son grandes y de maderos gruesos y cavados de arte que están huecos; y todos son de un madero y hay muchos de ellos en que caben cuarenta indios.”

Estas características de las naves, que otros cronistas describen con distintos detalles, prueban la avanzada educación tecnológica de los mayas, acorde con el grado de desarrollo de la navegación. “que se interrumpe abruptamente con la Conquista al prohibírsele al indígena navegar. Por otra parte, a los conquistadores no les interesó continuar utilizando un sistema de navegación para ellos primitivo, pero que durante años probó ser mucho más eficaz para el área en cuestión, que la navegación a vela a la cual ellos le debían en gran parte el haber arribado al Nuevo Mundo; y en esa forma, en el devenir del tiempo, se perdió irremediablemente el arte y la ciencia de navegar de los mayas antiguos”.109

Las vías fluviales, como hemos dicho, permitieron la penetración de bienes y la salida de los productos del interior de la Península, motivando apertura de caminos y dando origen a mercados tierra adentro, o movimiento mayor a los existentes, creándose redes terrestres que establecieron tupido comercio interior.

Aunque no hay suficiente información sobre los mercados del área maya que no sean costeros, sí la hay sobre la actividad mercantil que afirma que los mercados estaban bien organizados y contaban con plazas permanentes y administración gubernamental. Parece posible que, de acuerdo con el calendario ritual y aprovechando las peregrinaciones a sitios sagrados, se establecieran mercados o ferias combinando lo religioso con lo recreativo y comercial como se acostumbra en tiempos actuales.

Sobre este comercio terrestre al tiempo de la Conquista, Amalia Cardós110, citando a Herrera y Tordesillas, asienta que “Cortés, en su V carta relata que pidió a los señores de Tabasco y Xicalango, guías para su recorrido por aquellas tierras del sur y que ellos diéronle mercaderes que entendido el intento de Cortés, le mostraron un lienzo, tejido de algodón pintado el camino hasta Naco y Nito en Honduras y hasta Nicaragua, poniendo la Gobernación de Panamá, con todos los ríos y poblaciones que habían de pasar, y las ventas y donde ellos hacían jornadas, cuando iban a las ferias. La misma investigadora, citando al cronista Ximénez, dice refiriéndose a mercados de Verapaz: “Presidía este mercado un juez, el cual miraba que a nadie se hiciese agravio y tasaba los precios y conocía de cualquier cosa que acaeciese en el mercado”. Comportamiento que otros cronistas se esmeran en elogiar, y ética a la que Landa alude: “Fiaban, prestaban y pagaban cortésmente y sin usura” (cap. XXIII).

El comercio de esclavos es posible que no hubiera existido entre los mayas tradicionales. La educación muestra que entre sus principios estaba el de la libertad que a través de la historia no pocas veces han defendido con pasión, de ahí que la esclavitud la impusieran como castigo o para la posesión de huérfanos o desvalidos; pero las ambiciones que el auge del mercantilismo debió despertar, con el imprescindible uso de la fuerza del hombre para ser utilizados como cargadores y remeros, debió intensificar esa práctica, convirtiéndola a su vez en comercio, que según noticias que tuvo Landa, no fue bien visto, y fue causa de la insubordinación que hizo caer a Mayapán: “Que aquel Cocom fue el primero que hizo esclavos, pero de este mal se siguió usar las armas con que se defendieron para que no fuesen esclavos todos. Que entre los sucesores de la casa de Cocom hubo uno muy orgulloso e imitador de Cocom, y que éste hizo otra liga con los de Tabasco y metió más mexicanos dentro de la ciudad y comenzó a tiranizar y a hacer esclavos a la gente menuda, y que por esto se juntaron los señores en el bando de Tutul Xiú, que era gran republicano como sus (ante) pasados y se concertaron para matar a Cocom y así lo hicieron…”.112

Si, como lo entendemos, el auge mercantil a distancia fue motivo de bonanza para los gobernantes, la población habrá sido orientada hacia la gran producción, para obtener intercambios favorables: gran producción y extracción de materias primas, esmero para lograr buenos cultivos, mejoramientos de la calidad de las artesanías, atención y apertura de caminos y cuidado de sitios para las transacciones; todo lo cual constituiría la ejecución de planes educativos dirigidos a todo el pueblo. De ahí que al tiempo de la Conquista, en los diversos rumbos del área maya se exportara de Yucatán: plumas de ánade, grana, cera, miel, algodón, henequén, copal, pedernal, pescados secos o salados, mantas tejidas, maíz, frijol; de Guatemala: plumas de quetzal, algodón, copal, liquidámbar, añil, jade, turquesa, lava volcánica, cerámica, chía; mientras que en el Petén y Quintana Roo había numerosas maderas preciosas, pieles y también copal; de Honduras partía el alabastro, transformado en artísticos vasos labrados con primor: de Chiapas salían grandes cantidades de cacao, pieles, añil, turquesa, cobre, vainilla, plumas de quetzal, ámbar, almagre, sal. En tanto que de Honduras Británicas venía la obsidiana, copal, cacao.

En general, el comercio no estaba vedado a ninguna clase social y su aprendizaje debía ir de padres a hijos, y aun de madres a hijas. “El comercio de los antiguos mayas estaba en manos de diversas clases de mercaderes. En su mayoría eran quizá miembros de una clase media no incluida en la élite que al parecer realizaba el grueso del comercio local dentro del territorio maya. Estos mercaderes no pertenecientes a la élite incluían buhoneros profesionales y a mercaderes itinerantes, quienes compraban y vendían una diversidad de bienes en los mercados o en transacciones con productores y consumidores particulares. Muchos otros miembros de la sociedad se dedicaban a las actividades comerciales gran parte de su tiempo. Era gente que manufacturaba y vendía sus propios productos, campesinos y artesanos. Pero un pequeño grupo de comerciantes ricos, miembros de la élite contaban con los medios para organizar y mantener operaciones comerciales a grandes distancias, y en realidad los medios para controlar la mayor parte del movimiento de bienes que pasaban por el territorio maya.”113

Los comerciantes de esta élite debían recibir una esmerada educación especial dentro de los recintos gubernamentales. Tal debió ser el caso del Cocom, hijo del gobernador de Mayapán que fue muerto con sus hijos, salvándose uno, el que estaba ausente en sus contrataciones de Ulúa. (Landa cap. IX)

Los comerciantes que llegaban a la opulencia, viajaban acompañados de un séquito de cargadores, adquirían esclavos y se les suele representar sentados en andas, elegantemente ataviados. Las comunidades, con frecuencia, los escogían para “principales”.

La devoción religiosa, los mercaderes mayas la tenían puesta en Ek Chuah, deidad también de los sembradores de cacao, quienes según Landa la veneraban con solemnes ritos en el mes de Muan. Los comerciantes y caminantes en general tenían a lo largo de sus rutas, lugares señalados donde se detenían para hacerles ofrendas de copal, o donde les cogía la noche. Según Amalia Cardós, debió ser una divinidad muy venerada, pues su representación, que es la de una imagen negra, aparece repetidamente en el Códice Troano, lo que demuestra lo respetada que era la ocupación de mercader. También se menciona como protectora de los viajantes a la estrella polar, Ah Chicum Ek, estrella que guía, vista en la región yucateca durante todo el año.

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103 Cardós, 1978:50.

104 Peniche Rivero, 1990.

105 Gallareta Negrón, 1998:24.

106 Andrews, 1998:16.

107 Cardós, 1978:50.

108 Peniche Rivero, 1990:102.

109 Romero, 1998:6.

110 Cardós, 1978:23.

111 Cardós, 1978:23.

112 Landa, 1986, capítulo XXII.

113 Sharer, 200:438.

 

Candelaria Souza de Fernández

Continuará la próxima semana…

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