El Alma Misteriosa del Mayab – VI

By on enero 21, 2022

VI

ENTRE LA PIEDRA Y LA FLOR

Continuación…

Las crónicas del maíz

En Luis Rosado Vega, esa antigua práctica de escritura de leyendas como rescate y recreación artística tomará cuerpo en sus tres volúmenes de relatos mayas y yucatecos tradicionales, los cuales constituyen el aporte fundamental del autor al florecimiento de dicha expresión literaria en esta región de México.

Al emprender el proyecto de escribir «sus» leyendas, Rosado Vega se proponía «hacer la recopilación metódica del folklore regional yucateco» (1934:9). En la intención medular del esfuerzo, subyacía el anhelo de integrar una obra de conjunto, que pudiera «suscitar el conocimiento psicológico del antiguo pueblo maya» (Ibíd.). De acuerdo con el plan de la obra, ésta debería quedar dividida en dos grandes secciones: una incluiría tradiciones, leyendas y consejas de origen indígena, y la otra, de origen colonial. Después, habría de abordar los cantos populares «de sabor antiguo» (Ibíd.).

En lo que a narrativa concierne, el proyecto de Luis Rosado Vega se concretó finalmente en la siguiente trilogía.

El alma misteriosa del Mayab -el primero de estos libros-, publicado en 1934 en la ciudad de México, contiene 34 narraciones mayas, las más de las cuales proceden de un tiempo tan remoto que, al decir del autor, brotan del mismo «seno del mito». Algunas en cambio están «tocadas» como expresa, del más añejo ambiente colonial. «Si están incluidas en esta selección es porque a pesar de esa influencia son enteramente mayas en su origen, en su ideología, en sus formas de expresión y en todo el sentimiento y filosofía recóndita que las inspira» (Rosado Vega, 1934:16).

Amerindmaya -el segundo libro del proyecto, publicado en 1938- incorporó un contenido más extenso, incluyendo 40 relatos del pueblo maya.

Lo que ya pasó y aún vive -el tercer libro animado del mismo propósito- fue publicado en 1947. Este libro no reúne relatos de origen maya. En el pórtico rústico o «portalón» que da entrada a este «cementerio» habitado, el autor señala que alberga seres, cosas y acontecimientos que él amó en la vida, y que siguen viviendo en la realidad interior del hombre.

Con respecto al ámbito de la literatura hispanoamericana, la serie de leyendas de Rosado Vega constituye un eslabón medular de esa estación o ciclo narrativo yucateco que, en una perspectiva ampliada, se ve en más de un sentido ligada en cercanía a las grandes obras de Miguel Ángel Asturias, centralmente vinculadas a las nervaduras míticas de origen maya y colonial: Leyendas de Guatemala, publicada en 1930 y Hombres de maíz, aparecida en 1949. Sin señalar mayores puntos de contacto -hecho que exigiría un estudio específico- consideró que existe una «coincidencia» o concordancia significativa entre la fabulación literaria y la matriz genésica de la obra de Rosado Vega, es decir entre su expresión narrativa y la cosmovisión maya de donde emergen «sus» relatos, por virtud de lo cual sin diluirse la intención de creación artística autoral, ésta se configura en una forma narrativa que se corresponde con el aliento maya y las estructuras profundas de su expresión verbal. Ello evoca un paralelismo con lo que observa el crítico Gerald Martin y que destaca Mario Vargas Llosa en su estudio sobre Hombres de maíz de Asturias, al referirse a las «coincidencias» entre los modelos o arquetipos de las visiones mágico-religiosas de las sociedades antiguas y las formas literarias en que se expresan los miedos y apetitos del inconsciente colectivo.

Una de ellas concierne a la naturaleza de la creación literaria. Se advierte en este caso, de manera flagrante, cómo «crear» no quiere tanto decir fabricar con la mente cosas que antes no existían en la realidad, como adaptar, mediante sutiles combinaciones simbólicas y retóricas, la experiencia personal a aquella suma de experiencias que constituyen ya el acervo de la realidad humana. Mientras más cerca llega a estar en una novela (o para este caso, habría que decir en un relato) ese particularismo extremo que es la imaginación y la vida del que escribe de esa protoplasmática generalidad -lo humano universal-, mayor será la verdad y la significación de esa obra literaria (Vargas Llosa, 1981: xix).

Las leyendas de Rosado Vega configuran un testimonio de valor historiográfico en el registro de la mitología y costumbres de la cultura maya y yucateca, transmitidas primordialmente a través de la tradición oral; pero ello no significa que en dicho carácter se agote el valor medular de la obra. Las leyendas poseen y revelan a un tiempo, un tratamiento literario que es, precisamente, lo que las inscribe de forma legítima en los anales de la literatura.

Al examinar el lugar y desenvolvimiento de la escritura de estas leyendas en el contexto de la obra literaria de dicho autor, J. C. Tatum -un investigador norteamericano- estima que:

“los trabajos de Luis Rosado Vega, referentes al folklore maya, pueden ser considerados como la culminación de una larga carrera de escritor de muchos tópicos y de variados géneros… No fue sino hasta que cumplió cuarenta y tres años, cuando Rosado Vega comenzó a escribir acerca de la materia que él conocía mejor: los indios y Yucatán. El primer ensayo sobre este tópico, El desastre, que se escribió en 1919, es un estudio sociológico de los problemas del indio. El propósito de este libro no era literario; era más bien examinar e interpretar la historia de los problemas de los mayas con relación al Yucatán contemporáneo. Esta obra, juntamente con Un pueblo y un hombre, historia del Territorio de Quintana Roo, publicada en 1910, es de considerable valor para aquellos que se interesan en el estudio de la región yucateca. Estos trabajos están bien documentados, reúnen interpretaciones originales y son inteligentes estudios de la región.”

Después de su estudio del indio del siglo veinte en El desastre, el interés de Rosado Vega en esta materia se orientó al maya precolombino. En 1923 se le designó para fundar y dirigir el Museo de Arqueología del Estado, en Mérida, y ese mismo año comenzó a publicar artículos sobre temas arqueológicos en diarios y revistas (Tatum, 1965: 49-58).

Si bien la idealización del indio y de su cultura y la frecuente identificación de ambos con el indio muerto y la grandeza pretérita son una actitud común de la visión romántica y de la mirada al terruño dominante en su tiempo, de la que Rosado Vega participaba en cierto modo, hay que matizar tal enfoque en su caso: este escritor engarzó sus leyendas mayas con otras de asunto colonial que las inscribían en una visión histórica yucateca y, asimismo, mantuvo una preocupación cierta por la problemática de los mayas y algunos grupos sociales oprimidos de su tiempo. Esto último se advierte, no sólo en El desastre (1919), citado como un producto anterior de su trayectoria, sino también en la novela Claudio Martín (vida de un chiclero), publicada en 1938, con evidente contemporaneidad a las leyendas.

De mayor importancia para este estudio resulta el hecho de que Tatum reconozca que estas leyendas, consideradas por él como «la contribución de Rosado Vega a la historia literaria de México», muestran no tan sólo un «mérito de documentación», sino incluso un «logro literario», y que en éste subyace una cierta «habilidad estilística» (Ibíd.), largamente madurada a través del ejercicio de toda su obra previa. Es precisamente en ese carácter dual de dichas leyendas, donde se cifra el valor unitario de esta vertiente de la obra de Luis Rosado Vega, la cual constituye una suerte de memorial o crónica estética de la tierra.

Rubén Reyes Ramírez

Continuará la próxima semana…

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