Bohemian Rhapsody, de Bryan Singer

By on noviembre 8, 2018

Cine

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A pesar de que Freddie Mercury falleció en 1991, en Bohemian Rhapsody, del director norteamericano Bryan Singer –famoso por filmar un gran número de las originales películas de la saga de los X-Men al inicio de este siglo XXI, y reavivar la franquicia de Supermán–, renace ante nuestros ojos en esta inmensamente entretenida película que nos permite asomarnos a su vida y, por consiguiente, a la de la banda que conformó con los igualmente gigantes Brian May, Roger Taylor y John Deacon, la inmortal banda Queen. Vale la pena agregar que Singer fue despedido de la filmación cuando ya se había terminado la fotografía principal y que fue Dexter Fletcher quien la finalizó; debido a reglas de la DGA (Directors Guild of America) se le atribuye a Singer el rol de Director único, y a Dexter Fletcher el de Productor Ejecutivo.

Aquellos que estén esperando que en las poco más de dos horas de película se exploren a fondo todas las intimidades, extravagancias, detalles y génesis de las canciones, o el drama que vivió Freddie en aquellos días en los que el virus del SIDA era tan mortal como misterioso, permítanme decirles que no las hallarán: es tan vasta la épica vida tanto de Queen como de Freddie, que dos horas resultan insuficientes. Bohemian Rhapsody es un brochazo muy amplio en la historia de sus legendarios personajes, uno que está cargado con un poco de todo lo anterior, pero definitivamente amplio y, desde mi muy particular punto de vista, con toda la intención de que, al salir del cine, se tome uno la molestia de interesarse más por el grupo y por el malogrado cantante.

Queen apareció en mi vida en esos días de 1975, precisamente con la canción que sirve de título al filme, cuando mi padre dirigió nuestra atención (la de mis hermanitos y la mía) hacia los elementos operísticos que contiene, mientras nos llevaba a la escuela por las mañanas. La escuchábamos en XEZ, Radio 600 de A.M. y, cada vez que llegaba esa parte de la canción, disfrutábamos juntos el juego de voces. Sobra decir que, gracias a él que me llevó a comprarlo, adquirí el disco de 45 r.p.m. que en el lado B traía “I’m in love with my car”, canción que también juega un rol protagónico en la película, sobre todo para explicar la dinámica original del grupo en cuanto a temas al escribir canciones, y su inclusión en los discos, así como las regalías.

Poco tiempo después, cuando comenzó en serio mi etapa de roquero, adquirí los L.P.s que hicieron famosa a la banda: A Night At The Opera, A Day At The Races, Sheer Heart Attack, News Of The World… El orden presentado no es en el que fueron lanzados a la venta, sino como los fui adquiriendo, y me volví uno más de sus seguidores, al menos hasta 1980, cuando lanzaron The Game, siendo este el último disco que adquirí de ellos, algo que he estado reconsiderando y definitivamente cambiaré, en honor a esta banda y a su cantante, pues me interesa conocer sus últimos trabajos.

Al ver representado en la pantalla grande mucho de lo que me enteré a través de los discos, de las revistas de música y, posteriormente, a través de internet, el sentimiento que me llenaba el corazón y el cuerpo era de gozo: ante mis ojos se desarrollaba la historia que conocía de manera impersonal, pero el elenco del filme vino a acercarlos a mi corazón, haciéndome parte de esa historia, reencontrándome con aquellos días. Y el sentimiento de elación era real, intenso, totalmente sensorial. Aquellos de nosotros, los fanáticos de aquellos días, difícilmente podremos evitar que al menos una lágrima se deslice por nuestras mejillas –en mi caso fueron varias– al identificarnos con la época, los personajes, la evidente soledad de Freddie y, el elemento primordial del filme: la música de Queen.

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Rami Malek, Gwylim Lee, Ben Hardy y Joe Mazzello, fabulosos como Freddie Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon.

Imposible no sentirse conmovido ante el reencuentro familiar de Freddie con los suyos –su familia genética, y su familia musical–, poco tiempo después de aceptarse como era; imposible no sonreír al escuchar los diálogos entre Freddie, Roger, John y Brian, estupendamente interpretados, respectivamente, por Rami Malek, Ben Hardy, Joseph Mazzello y, con mención especial, Gwylim Lee, tanto en lo dramático como en lo cómico, con una flema británica exquisita; imposible no ser partícipe de la felicidad de Freddie/Rami al observar la bienvenida y la respuesta del público en el estadio de Wembley durante el concierto de Live Aid; imposible no gozar el desenlace del pronóstico ofrecido por Ray Foster/Mike Myers y los críticos musicales de la época sobre la duración y estilo de la canción Bohemian Rhapsody¸ o no disfrutar el relato acerca de cómo fue grabada. Como estos, hay otra infinidad de detalles y momentos que los conocedores de la historia apreciamos sobremanera y, como el gran elemento integrador en la vida de Freddie, imposible no emocionarse con la historia que protagonizó con el amor de su vida: Mary Austin, interpretada por Lucy Boynton.

Como en aquellos días de 1975 en que los críticos musicales especializados destrozaron la canción, muchos críticos de cine pronosticaron lo mismo para Bohemian Rhapsody, el filme. Y, repitiendo la historia de esos días, el público se ha encargado de demostrarles lo equivocado de sus apreciaciones: la película rompió los récords de taquilla en todo el mundo en su primer fin de semana de exhibición, recabando 50 millones de dólares en tan solo tres días.

No se requiere ser seguidor de Queen o de Freddie Mercury para disfrutar de Bohemian Rhapsody, tan solo se requiere apreciar una buena historia, y Bryan Singer, con un guion escrito por Anthony McCarten, nos presenta una que se grabará en sus recuerdos, si es que conoció a los personajes, dándole más sentido a lo que hemos vivido.

No se la pierda… y platíqueme si salió incólume en cuanto a sentimientos.

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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