Y el Petróleo… ¿es nuestro?

By on enero 17, 2019

Editorial

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Las filias y las fobias libran una batalla en los medios políticos y sociales de nuestro atribulado país, para justificar y/o defender posiciones.

Detectado un fraude petrolero enorme, en los intentos primarios de corregirlo por el nuevo gobierno de la República surgen apologistas y detractores, unos moderados, es cierto, pero también se hacen notar aquellos que, aunque desvinculados del grupo delincuencial, formaban o forman parte del sistema informativo subsidiado por anteriores gobiernos con prebendas, atenciones o con contratos por sumas cuantiosas de recursos económicos con los que se agradecía y premiaban sus palabras “orientadoras” hacia la que es llamada la opinión pública.

Así era en el antiguo sistema de gobernar; así funcionaban los medios de comunicación, y no pocos personajes anquilosados en las pantallas de televisión o en las redes radiofónicas estaban involucrados.

El cambio para ellos fue no solo político sino económico. Afectó a decenas de informadores que aun mantienen sus sitios en los medios de comunicación acostumbrados, mas no tienen ya la credibilidad que antaño pregonaban.

Las leyes de la física señalan que toda acción genera una reacción. Tales principios son aplicables también a los espacios de la llamada “opinión pública”, que sería un término a discutir en su extensión y contenido, debido a que no puede ya generalizarse, en unas condiciones tan especiales como las que privan en nuestro país, donde treinta millones de mexicanos dijeron “basta” el 1° de julio del año anterior a un sistema de gobierno que ya no respondía a los intereses de los votantes, todos ellos mayores de edad y con opinión propia.

Lo anteriormente escrito se razona en torno a los hechos recientes: la detección del robo de gasolina, la complicidad de algunos altos niveles gubernamentales y las alianzas oficiales corruptas, que incrementaron las riquezas de unos cuantos en detrimento del patrimonio de los mexicanos.

El volumen saqueado, el valor de mercado de la gasolina, el blanqueo de los recursos obtenidos, y hasta el visto bueno de tres gobiernos anteriores, así como de otros partidos registrados que operaban en alianza, ha quedado en evidencia. Y es ahora que los mexicanos reaccionan ante tanta mentira, abuso y corrupción.

Es ahí y entonces cuando, como defensa, la alianza de corruptos acude ahora a sus aliados subsidiados sembrados en medios de comunicación, no para dar explicaciones (que nadie en su sano juicio podría aceptarles) sino para sembrar pánico en relación a un transitorio desabasto o dificultad de superar con puntualidad el problema existente. Los perversos intentos de manipular datos por medio de informadores de radio y TV, sembrar inquietud y temores, anunciar carencias, difundir quejas, y manejar opiniones en el sentido de que el actual gobierno es incapaz de resolver el caso, solo sirven para distraer la atención que ahora está fija en la localización de los involucrados, el castigo a los culpables, las consignaciones penales en su caso, la intervención de cuentas bancarias y el rescate de los fondos mal habidos “blanqueados” en cuentas bancarias del extranjero y/o nacionales, que se utilizarían para el bienestar de los mexicanos, no de unos cuantos.

La población por lo visto, va madurando y hace caso omiso a los intentos de manipulación ideológica, movidos por el dinero oscuro de la corrupción, entre los voceros periodísticos a sueldo desde hace muchos ayeres. Eso ya es un gran avance en esta era de la anunciada Cuarta Transformación Nacional.

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