Una reflexión válida

By on julio 23, 2020

Editorial

Las circunstancias que la pandemia en curso impone a la humanidad son inéditas. Por ello, las reflexiones se hacen necesarias no para detener milagrosamente tal azote viral –lo cual es materialmente imposible–, sino para usarlas como referencia válida que nos permita el acopio de conocimientos nuevos surgidos de las experiencias sociales, dándonos la oportunidad de corregir errores heredados, o diseñar nuevas formas o modalidades para vivir o convivir en el futuro inmediato.

Y es que habrá un futuro, con decenas de miles de ausencias de personas victimadas por el flagelo, sí, pero los millones de sobrevivientes habrán acumulado conocimientos que serán básicos, esenciales, para alguna otra posible contingencia futura de algún tipo de pandemia de similares características.

Este planeta ha visto sucesos semejantes en siglos y milenios precedentes.

De cada una de esas visitas del flagelo viral exterminador han quedado experiencias útiles y formas más efectivas de enfrentarlos.

Las sofisticadas medicinas de ahora disminuyen los contagios o los previenen, permiten tratamientos alternativos con mayor grado de efectividad, y dejan memoria de todo aquello que fue bien hecho, como también de las fallas operativas en que se incurrió.

La tecnología actual es de primer orden, y los medicamentos antivirales evitan fallecimientos cuando los casos se tratan a tiempo y en forma adecuada.

Mas no olvidemos que, aun en los veinte primeros años de este nuevo milenio, existen grandes núcleos humanos desconectados, aislados, marginados lo mismo en África que en regiones de Asia, e incluso en América.

Grandes núcleos humanos sobreviven en estos espacios, no como en la edad de las cavernas, pero sí en condiciones de extrema necesidad, de manifiesta imposibilidad para igualar la forma de vida y consumo de las ciudades y los conglomerados humanos en los demás pueblos y zonas habitadas.

Decir que viven de la caza, pesca o recolección, lo que es cierto en variados casos, es mencionar solo parte de su situación de supervivencia como desplazados sociales.

Por su situación marginada, los hospitales, medicinas y una alimentación adecuada se encuentran a años luz de sus posibilidades.

Debemos sentirnos culpables indirectos en este caso, aunque no esté en nuestras manos corregir su situación.

Que sirva, pues, este mensaje para sembrar en nuestras mentes que, en pleno siglo XXI, aún existen seres humanos en mundos injustos que esperan ser descubiertos.

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