Topografía sentimental

By on julio 29, 2021

José Juan Cervera

Hay obras cuyo lento proceso de maduración las provee de un sello cualitativo que las eleva y las fortalece. La conciencia clara con que son concebidas y los efectos del pulimento aplicado en ellas les confieren un sentido de plenitud que el lector aprecia de inmediato, conmovido y regocijado.

Del libro Fragmentos de las historias de San Juan de las Maletas Frías, de Francisco Lope Ávila (Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán, 2020) se vislumbraron algunos elementos en publicaciones periódicas y compilaciones literarias, como las aparecidas en el suplemento El Juglar (1999), en la revista Navegaciones Zur (2002) y en el libro Litoral del relámpago, de varios autores (2002). Los buenos cimientos aseguran la solidez de sus edificaciones.

Su estructura flexible puede causar algún desconcierto inicial, los fragmentos que hacen pensar en fuentes variadas parecen sugerir que sus historias son del dominio público y por ello se espera que sigan fluyendo en un segundo volumen, al que se invita a participar desde la nota que expone su manual de uso.

La vitalidad de esta obra reside parcialmente en lo inconcluso de su hechura, en el aliento que proyecta a un porvenir creativo y en las junturas que se deslizan entre sus fracciones como las empresas inacabadas de la existencia que incitan a balancear deseos y logros, esbozando rutas de energía copiosa. Sus personajes y sus atmósferas, sus rincones intransferibles exhiben esplendores y penumbras, los cuales encuentran eco en una mixtura que proclama sus fundamentos éticos y estéticos.

El artesano que se obsesiona en plasmar en la madera el vuelo y el plumaje fino del colibrí expresa el deseo de representar sustancias huidizas que aviven los fuegos esenciales de su mundo interior. De igual modo, la duda que corroe al ilusionista, al diestro vencedor de todos los desafíos de su oficio lo lleva a preguntarse si podrá ejercer el acto supremo de sus aptitudes privilegiadas.

En este pueblo, la sacralidad de la casa de citas se corresponde con la exuberancia de los significados que aloja, del aprendizaje y de la lectura que convoca y de los mundos gloriosos que pueden brotar bajo su techo. A su amparo nace también el desprendimiento del maestro que la frecuenta, haciendo honor a su genuina vocación cuando llena la carencia de un niño que no puede oír ni hablar, y satisfaciéndola transforma el sentido de un bien que crece hasta prodigarse por completo en su comunidad de origen.

El amor también ocupa un lugar especial en este poblado de ensueño, su gozo aspira a prolongarse indefinidamente pero acaecerá la interrupción que le ponga término, tal como lo experimenta el sol, dotado de probadas cualidades para colmar la expectativa femenina de allegarse una compañía cálida y equilibrada, generosa en su expansión y forjada en la reciprocidad del desarrollo compartido.

El fragmento 30 enseña que el amor filial no se destruye aunque sí se enrarece como el aire retenido en una casa sin ventilar. La evasión rumbo a un pueblo de fantasía y realidad sacude ese vínculo sin romperlo, lo honra y lo suaviza. Y si en el lugar de destino las hormigas que destrozan a una luciérnaga caída se convierten en espectáculo, en la vida la rutina diluye la luz que cada quien porta como emblema de la condición humana.

Al dar despedida eterna al fundador de San Juan, sus moradores reafirman los lazos que aquél puso en marcha con su acción primigenia, y los tienden en la misma dirección a la que apunta el lúcido ministerio del padre Sarmiento, quien demostró que la verdadera comunión no depende de los objetos de culto y de los ritos codificados sino de la disposición de espíritu que se retrae de las fórmulas y de los conjuros.

Todo libro se convierte en bien público cuando llega a sus destinatarios, pero también transporta la resonancia íntima que sólo su autor puede captar, con las personas amadas y las presencias que han movido su sensibilidad. De manera singular, la admiración que Ermilo Abreu Gómez inspira en Francisco Lope Ávila se trasluce en el fragmento 25, en el que intercala personajes de dos constelaciones narrativas, ambas de profundo acento lírico.

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