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La Nostalgia de los buenos tiempos

“Luego nos cambiamos de casa. Por cierto, eran casas de madera muy bonitas, limpias, pintaditas de blanco y vivos verdes con sus respectivos jardines. Estaban muy bien arregladas. Pasamos a vivir donde terminaba la panadería que ahora tiene tío Mario (+), al lado de Eddy Martin. Nosotros vivimos al lado. Yo estaba un poco más grandecita, nuestras vecinas eran Tolly (Victoria Matos), Elsy Euán, ellas son un poquito mayores que yo. También teníamos de vecinos a Tolly Osorio, hija del gordo Orozco, que también era nuestra amiga y convivía mucho con nosotras.”
“Recuerdo también la carnicería de don Talán Rodríguez. En ese lugar se reunían a tomar su cafecito mi papá Amado, Donato Sánchez, Fortunato Cauich, Paulino Bates y don Catalino (don Cat) Martín, el papá de Román (+), Víctor y Manuel Martín Castillo.
“Otros vecinos que recuerdo fueron los papás de Lino, don Carlos Canto y Doña Paulita; Don Sixto Marfil y Doña Lupita Mena; Manuelito Lara y doña Ada Diaz; el Dr. Mario Lezama y doña Elsy; don Pedro Euán y doña Antonia; don Máximo (don Maco) y doña Claudia; Paulino Bates e Irma Aranda; don Emilio Gómez y doña Ana; el Sargento Marcelenio y doña Silvia…”
“La convivencia de nosotros como niños fue increíble. Recuerdo mucho a Pastorita Ricalde y a Landy Canto. Por cierto, esta Landy me fue a visitar a la clínica T1 de Mérida cuando estaba yo ingresada, porque me operaron del corazón en el mes de octubre de 2016; pero, como no llevó su INE, no pudo entrar. Bueno, volviendo a mi paraíso llamado La Sierra, después de vivir en esa casa nos volvimos a cambiar y pasamos al lado de casa de Jorge Díaz, de don Américo, frente al parque. Nosotros toda la vida vivimos en La Sierra, aunque la Primaria y el Primero de Secundaria lo estudié en Colonia. Después me fui a Mérida, a terminar la Secundaria en la “Luis Álvarez Barret”. Yo quería entrar a la ETI 105, la que está frente al Seguro Social, pero no pude por cosas de papeles. Cuando eso mi papá ya tenía muchos contactos por lo de la fábrica, porque él era miembro del Comité del Sindicato de Madereros junto con el güero Jaime Durán, don Laurencio Rivero, Manuel Lara, el mulix –Alejandro-Gamboa y el Lic. Castillo, que es el que me ayudó a entrar a la escuela, ya que mi tirada era estudiar medicina. Desafortunadamente, sufrí un accidente: en una caída tuve una lesión en la cabeza que me daba mucho dolor en el oído y mucho dolor de cabeza, y se truncaron mis deseos de estudiar Medicina.
“Entonces bajé a Tizimín y me inscribí en la academia “Cuauhtémoc” para estudiar una carrera corta. Dos años estudié allá y también cultivé muchas amistades. Cuando estaba estudiando en Tizimín, regresaba mucho a La Sierra con mis primas, porque mi abuelo Manuel Bates, el papá de mi mamá, era taxista y fiestero, nos llevaba a todos lados: ‘que hay fiesta en el Cuyo’, ‘que en Río Lagartos’, ahí nos llevaba. ‘Que hay fiesta en…’ y también nos llevaba. La verdad tuve una niñez y juventud muy feliz, la verdad. Igual, mis papás nos dieron de todo…”
“¡Ayyy! Primo,” me dice, “nuestros papás Amado y Ariel, originarios de Espita, fueron primos hermanos. ¡Qué bueno que estás haciendo esto porque me vuelvo a emocionar al recordar esa época maravillosa que viví en La Sierra, llena de muchos recuerdos! Ahí nací el 6 de mayo de 1960, en la Colonia Yucatán, en la nueva clínica de… Nooo: fue en la casa de La Sierra. Me atendió la segunda esposa de tu tío Celio. ‘Se llamaba Luz,’ corrige discretamente su mamá Mirna María Isolina en la amplia sala de su casa de Cancún, donde se desarrolla la esperada charla. Cancún fue el lugar donde fueron a residir desde que migraron de La Sierra al declararse el cierre de la empresa MedVal en 1975 del siglo ppdo.
“Los pioneros del campamento maderero La Sierra fueron mi tío Celio y mi abuelo Manuel Bates, que vivían frente a casa de don Pancho Orozco. Al lado estaba el galerón donde vivían los soldados. Eso lo recuerdo porque tenía yo como tres años cuando iba a la casa de los soldados y me trataban como una muñequita: me compraban mi helado, me consentían mucho.
“Recuerdo mucho esa época. Lo que viví en La Sierra fue para mí algo increíble, te repito. El parque de la rejoyada era algo único, emocionante, muy lindo, porque bajabas y te sentabas con tus amigos a platicar. Tuvimos una convivencia muy, muy sana, familiar. En la tarde jugábamos con todos, éramos muchas. Entre mis amigas que recuerdo mucho está mi tocaya Tony Estrella, que ahora vive acá en Cancún. También conviví mucho con Lupita Gómez, Irma Alcocer, la hija de don Litos; Aída Cabrera, hermanita de Raquel; con Candy Euán, Pastorita Ricalde, Cristina García y sus hermanas las gemelas Carmen y Genny. Algo que me comentaba mi hermana Mimí (+) cuando le decía vamos a la Colonia: ‘¡Ay, no! Es que tú te llevas con todo mundo y yo… Es que no sé qué tienes que a ti todo mundo te saluda’ me decía. La verdad, hasta la fecha, me ve gente de la Colonia y me saluda con mucha familiaridad. La verdad, era yo muy conocida en Colonia, y en La Sierra ni qué decir.
“Se me escapaba y se iba a la Colonia. Era media traviesa,” comenta la siempre sonriente tía Mirna.
Continuará…
L.C.C. ARIEL LÓPEZ TEJERO





























