Todos con México

By on junio 28, 2018

Perspectiva

Todos con México_1

«Algo está sucediendo aquí,

lo que es no está exactamente claro…»

– For What It’s Worth, Buffalo Springfield

Como si los dioses hubieran escrito la estrujante historia, la selección mexicana de fútbol logró sufridamente su clasificación a la fase de octavos de final en la Copa Mundial FIFA Rusia 2018, con una inmensa ayudadita de la selección de Corea del Sur que, de paso, se dio el lujo de sacar de la competencia al campeón de la versión 2014: Alemania. El próximo lunes 2 de julio, a las 9 de la mañana, el “Tri” se enfrentará a la selección “verdeamarela” de Brasil, en un choque que permitirá continuar con el sueño de muchas décadas, o nos devolverá a la historia de siempre.

Decía que los dioses deben estarse riendo porque, además a la nueva aventura futbolística del equipo de Osorio, ese 2 de julio amanecerá un nuevo México, uno que nacerá de las cenizas de la debacle de siglos que nos ha agobiado. No me equivoco al decir que los mexicanos no estamos dispuestos a que la inercia que llevamos continúe, y el domingo primero de julio nos habremos manifestado en las urnas, eligiendo estrategias y candidatos que permitan visualizar un futuro mucho más halagüeño, tanto a nivel personal como familiar.

Independientemente de quien sea declarado ganador de estas elecciones, el lunes 2 de julio es nuestra responsabilidad como mexicanos apoyar al grupo que haya ganado, tanto a nivel local como federal, sin que ello equivalga a darles un cheque en blanco, y comenzar a restañar las heridas que esta conflagración electoral ha infligido a tantos.

Nos toca prestar la mayor atención al intercambio de poderes e instituciones, asegurarnos de que no se le caiga la pelotita a nadie, y mucho menos que algunos de los que harán las maletas se lleven hasta el perico durante su mudanza.

Toca a los ganadores revestirse de patriotismo y tender todos los puentes que les sean posibles con aquellos que fueron sus contrincantes, en aras de la distensión y de la sana convivencia. Bastante división se ha sembrado, y ya no habrá razón para continuar con la estrategia sino hasta la siguiente elección, al final del sexenio, ya lo sabemos.

Veremos también muchos reacomodos, y a muchas, muchísimas, ratas abandonar el buque ideológico que naufrague, para abordar otro, porque esa es su naturaleza.

Luego, el primero de diciembre, asumirá funciones el nuevo presidente de nuestro país, y nuestro rol de vigías y de auditores continuará, con mayor celo aun, porque ya no deseamos que nos vean la cara. Ahora que pronto nos enteramos de todo lo que antes se mantenía a escondidas, exigiremos, cuestionaremos y seremos mucho más cautos y exigentes en la rendición de cuentas, para evitar desagradables regresiones.

Cómo desearía que un nuevo amanecer se vislumbre rápidamente, y que la inseguridad que permea nuestra sociedad pronto sea controlada y, posteriormente, erradicada; que recuperemos la sonrisa y podamos disfrutar de nuestro país como era antes de que nos lo arrebataran los delincuentes.

Cuánto deseo que gente preparada llegue a las Secretarías de Estado, patriotas que deseen servirnos a sus compatriotas, y dejar de ver que esos puestos los ocupen advenedizos y “aprendices”.

Cómo deseo que el cáncer de la corrupción sea combatido y que quienes la han ejercido sean castigados y obligados a devolver lo que robaron, así como a todo aquél que a partir del 2 de julio sea descubierto en estas aberrantes conductas.

Cómo sueño con que los nuevos funcionarios y representantes en las Cámaras dejen de una vez por todas el insultante dispendio y discrecionalidad con la que se han servido todos los que los antecedieron, manchando y poniendo en entredicho la integridad de todos, y que legislen para desaparecer a los plurinominales, que ya no tienen razón de ser, así como para que se cree la estructura de fiscalización de todos sus gastos y los de todo el aparato político, y la de procuración de justicia.

Y, por supuesto, cómo sueño con que México le gane a Brasil y alcance el anhelado quinto partido. Habiendo llegado a estos extremos, ¿y qué tal sería ganar el sexto partido que nos colocaría entre los primeros cuatro del mundo?

Desde esta perspectiva, insisto: como mexicanos que buscamos lo mejor para nuestro país, en lo deportivo y en lo social y económico, cerremos filas y apoyémonos. Cualquier otro escenario de divisionismo nos acercará al borde del caos.

Comencemos el 2 de julio a labrar el futuro que deseamos. Apoyemos a la Selección contra Brasil; apoyemos unos a los otros, tendiendo puentes, comunicándonos, encontrando puntos comunes a partir de los cuales podamos construir el México que todos nos merecemos, y no solo unos cuantos.

¡Soñemos cosas chingonas, carajo!

El Cambio inicia con nosotros…

S. Alvarado D.

sergio.alvarado.diaz@hotmail.com

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