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Salvador Martínez Alomía
En la palidez astral
de tu rostro delicado
se agrava el surco morado
de tus ojeras. Trivial
cruza el dulce madrigal
el ambiente perfumado,
encima de tu peinado,
como un pájaro ideal.
El galán mudo se queda
y sobre la fina seda
de tu cuello encantador
y tu mejilla olorosa,
se enciende la viva rosa
del más ingenuo pudor.
Luego el sonoro violín
de Hungría dice sus quejas
mientras pasan las parejas
prendidas de albo satín.
En la penumbra, el jardín
abre sus doradas rejas
y tú una estatua semejas
hecha de nieve y carmín.
¿Por qué la vacilación
que aturde tu corazón
te hace fingir un reproche,
si deseando está tu alma
rendirse bajo la calma
apacible de la noche?
El Mosaico. Revista Ilustrada. Mérida, año I, núm. 2, 10 de julio de 1904, p. 2.
[Compilación y transcripción de José Juan Cervera Fernández]





























