Tiempo de Reflexión

By on octubre 17, 2019

Editorial

Existe, y no puede negarse, un desasosiego mundial que se refleja en acciones violentas, actitudes inesperadas y un clima de inestabilidad por las situaciones políticas que se dan en países con reconocida presencia e influencia sobre la política propia y las ajenas.

A esa inestabilidad en los medios políticos debe acumularse el alto nivel del desasosiego y el temor compartido por la comunidad internacional en relación con las respuestas que la propia Naturaleza ha ido dando: el aumento del nivel de los océanos, el calentamiento global, la deforestación y la crisis por el agotamiento de la tierra laborable y productiva o sus bajos rendimientos.

Nuestra insensatez es manifiesta. Estamos acabando con los bosques con una tala constante y criminal. Decenas de años de trabajo de la Naturaleza se vienen abajo, se destruyen, por la indetenible ambición de comercializar las selvas. No olvidemos los daños que causan los pesticidas y otros productos químicos.

Ensuciamos los mares y ríos, los contaminamos con desechos plásticos, y miles de toneladas de basura afectan a las especies marinas, en peligro todas ellas por la voracidad desatada de los explotadores de la pesca comercial.

No nos preocupa el calentamiento global, como tampoco el aviso del deshielo en los cascos polares.

Contaminamos la atmósfera con los humos de las plantas industriales que se elevan como tributo diario a un holocausto moderno y actual, indetenible y en lamentable crecimiento día a día.

Las grandes potencias, pretextando su seguridad, convierten la Ciencia en el medio para encaminar y/o afianzar su poder político, creando armas más mortíferas con el pretexto de disuadir a posibles adversarios.

La Ciencia y la Tecnología van de la mano en la búsqueda equivocada de nuevas armas. Ojalá fueran esfuerzos e investigaciones para mitigar o acabar con las enfermedades, para elevar el nivel de vida de las comunidades mundiales marginadas. No es así.

Las grandes potencias, en desfiles espectaculares, lucen sus creaciones bélicas, cada vez más sofisticadas y mortales.

El cambio climático ya nos anuncia un porvenir lleno de pesadumbres, y una muestra es lo vivido en días recientes por la población del Japón, isleña, azotada por un tifón destructor, surgido de los cambios ambientales en un territorio donde Hiroshima y Nagasaki son pruebas superadas, mas no suficientemente preparada ante la violencia de las fuerzas naturales.

Los misiles a buques petroleros son otra muestra reciente de cómo las fuerzas de la guerra acaban con un producto vital, el petróleo, contaminando el Medio Ambiente puesto por la Madre Naturaleza a disposición de la raza humana para su sana evolución y progreso. Cada misil letal, compleja y sofisticada arma moderna, destruyó y contaminó los mares de esa región en conflicto.

Los incendios en la Amazonia, naturales o inducidos, lesionan la vida vegetal, animal y humana, por un largo período.

El cambio climático en desarrollo no hará excepciones con ninguna población, país o Estado. Afectará a toda la Humanidad, a la Naturaleza, a la flora y a la fauna.

El mundo y sus gobernantes deben asumir responsabilidades y actuar en consenso.

Estamos a tiempo.

Si no reflexionamos ahora, lo que se dice hoy, quizá no tengamos un mañana para poder hacerlo.

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