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T’Ho La Mérida Ancestral

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El estudio que aquí nos presenta el Arqueólogo Josep Ligorred Perramoni, a través de esmerados análisis de fuentes documentales, de vestigios arqueológicos, así como de pesquisas realizadas por otros especialistas, constituye una aportación de Invaluable potencial, puesta al servicio primordialmente, de los habitantes de esta muy noble y leal ciudad de Mérida.

Es satisfactorio observar cómo en este trabajo se examinan las diversas huellas que nos legaron los originarios constructores de Ichcanzihoo, hombres y mujeres de noble casta. Escudriña Ligorred Perramon, los vestigios de las construcciones que permanecen parcialmente enterradas, mira muy de cerca las piedras desarticuladas de su posición original y lee con cuidado los escritos del pasado para entresacar la historia real de sus pobladores. Y no desperdicia información alguna u observación disponible; capta hábilmente los signos que tiene a la vista o que percibe oralmente y los examina con la agudeza del inquieto investigador. Sabe muy bien, como semiólogo, de la conveniencia de contextualizar la gran variedad de señales y símbolos que encuentra; maneja así con destreza estos complejos signos, sin soslayar los simples iconos o imágenes que conforman los mensajes. Y nos hace entender que esta maraña de signos representa a su vez, un reto a los estudiosos para la adecuada interpretación de sus significados.

Acertadamente, revisa Ligorred Perramon la información disponible en perspectiva diacrónica; lo hace con la documentación histórica y literaria, para luego incursionar en cuestiones arqueológicas y presentarnos finalmente, el cuadro de su creación intelectual, en perspectiva sincrónica. Su tratamiento a los asentamientos humanos resulta de singular importancia, ya que sus señalamientos apuntan claramente hacia la promoción de proyectos de investigación acerca de Ichcanzihoo, los cuales habrán de conducir seguramente a una mejor planificación urbana. Cabe también destacar los señalamientos que hace el autor, respecto de la difusión de los conocimientos que se logren en torno a su historia y su cultura. De esta manera, nos señala propuestas de beneficio común no solamente relacionadas con la sociedad emeritense directamente, sino que nos ofrece atinadas consideraciones acerca del medio natural circundante.

Las propuestas que se nos ofrecen apuntan, como los ah tocoob o portadores del fuego nuevo, hacia alentadoras esperanzas de un renacimiento de estudios sesudos, como aquellos realizados por ilustres yucatecos de la talla de D. Manuel Cirerol Sansores, de D. José Erosa Peniche, Obispo D. Crescencio Carrillo y Ancona, de D. Juan Pio Pérez, de D. Juan Martínez Hernández y D. Alfredo Barrera Vásquez.

Digna de encomio resulta, tanto la labor intelectual del autor, cuyos resultados nos ofrece en esta original obra, como la admirable visión que tuvo el Sr. Presidente Municipal de la ciudad de Mérida, D. Patricio Patrón Laviada, al dar inicio a este gran proyecto y combinar armoniosamente la investigación científica con la aplicación de ésta en beneficio de la comunidad emeritense. Mención especial merece el Director de Desarrollo Urbano del Ayuntamiento de Mérida, Arq. Francisco J. Zetina Espinosa, por su entusiasmo en la promoción de esta importante obra. Y last but not least, es menester un justo reconocimiento al Arq. Domingo Rodríguez Semerena, Regidor de Cultura al inicio de la presente administración emeritense y actualmente Secretario de la Comuna, cuya participación fue decisiva para la realización de lo que fuera un desafío intelectual.

Constituye éste, el producto de un detallado análisis que debe leerse cuidadosamente. Resta únicamente esperar los frutos de estas semillas sembradas en tierra fértil y en buena época.

Ramón Arzápalo Marín

Instituto de Investigaciones Antropológicas

Universidad Nacional Autónoma de México

Marzo 31 de 1998.

INTRODUCCIÓN

Los edificios de T’HÓ o Ichcanzihó, según refiere fray Diego de Landa en el siglo XVI, alcanzaban una altura «que espanta» y eran de ‘extrañeza y grandeza tal, que hicieron que los conquistadores españoles –castellanos, andaluces y extremeños– poblaran ‘aquí una ciudad y llamáranla Mérida», en recuerdo de la ciudad de ese mismo nombre en Extremadura, caracterizada por sus antiguas construcciones romanas.

A pesar de las fascinantes observaciones que a través de los tiempos han merecido los vestigios de su antigua identidad, Mérida, capital política del estado de Yucatán y centro cultural de la Península, tiene una imagen pública de ciudad colonial exclusivamente, desconociéndose en gran parte su imponente pasado maya.

Lo anterior resulta más sorprendente si consideramos que, entre los más de 1600 sitios arqueológicos registrados en el Estado de Yucatán, los expertos catalogan a T’Hó como uno de los cuatro únicos sitios de Rango I, junto a Izamal, Chichén Itzá y Uxmal. Esta clasificación la reciben los asentamientos que se consideran principales «capitales regionales» de su época.

La planificación urbana de Mérida, a partir de su fundación en 1542, usó como cantera para las nuevas construcciones la piedra caliza de los edificios mayas, iniciándose así un proceso de destrucción de los vestigios prehispánicos, prácticamente ininterrumpido hasta la fecha. Todavía en la primera mitad del siglo XX, el edificio de la Ciudadela de San Benito (ex convento franciscano), construido sobre un antiguo basamento maya. –sitio que había despertado la admiración de ilustres viajeros, como Stephens, quien en 1843 calificó el edificio como el «más notable e interesante» de toda la ciudad–, fue demolido para facilitar el tránsito vehicular.

Actualmente hay reportados en el municipio de Mérida 87 sitios arqueológicos, siendo por mucho la entidad en el Estado con mayor concentración de áreas con valor patrimonial, evidencia de haber sostenido una importante y larga ocupación durante los tiempos de los mayas antiguos.

Sin embargo, el trabajo arqueológico realizado en Mérida hasta la fecha se limita, con las escasas excepciones que reportaremos, a proyectos de «rescate» (registro y retiro) de hallazgos fortuitos propiciados por el crecimiento de la ciudad y debido a un aviso de obra urbana, cuando el trabajo del arqueólogo ya poco puede aportar a la conservación del sitio.

Mérida es una de las ciudades americanas de más rápido crecimiento en la actualidad, y la planeación urbana no ha marchado al ritmo del flujo de inmigrantes. Esto ha dado pie a que se siga autorizando la construcción de nuevos fraccionamientos en sitios de alto valor patrimonial. De no atajar esta tendencia, dentro de muy pocos años habrán desaparecido los últimos rastros recuperables de una de las ciudades más importantes del mundo maya antiguo. Aún no sabemos cómo fue en realidad la Mérida ancestral y, lamentablemente, cada vez se hace más difícil averiguarlo.

Este trabajo presenta una recopilación de las voces más interesantes y significativas que en los últimos 455 años nos han hablado de T’Hó y ofrece a su vez una síntesis del camino recorrido hasta el presente. Su propósito es hacer hincapié en la urgencia de promover proyectos de investigación sobre T’Hó, y en la conveniencia de impulsar proyectos de carácter urbano, para que Mérida pueda hacer del conocimiento público su ilustre pasado maya y ofrecer evidencias científicas acerca de los edificios que inspiraron su nombre mismo.

Continuará la próxima semana…

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