Testigos de la grandeza Maya

By on marzo 9, 2023

Editorial

Nuestra península de Yucatán, única desde el momento en que la madre natura convulsionó y la hizo emerger de las profundidades del mar, desde el inicio de la presencia humana recibió en el lenguaje de los ancestros el nombre de Mayab, “tierra para no muchos”, espacios de vida para hombres y mujeres talentosos con gran fortaleza para enfrentar retos y vencer las adversidades que la naturaleza les forjó.

Por ello, nuestro Mayab es tierra de ensueño, de esperanza, de prueba constante de la fortaleza física y espiritual de sus habitantes que afirman sus raíces y construyen un futuro para las generaciones mayas, hoy mestizas, que la fortalecieron con su carácter indómito y con su inteligencia para hacer del medio natural su aliado, en lugar de un adversario fijo o un enemigo.

Las grandes construcciones, los espacios de vida comunitaria, surgieron del enfrentamiento con la dura piedra, manejada con destreza por las manos mayas, haciendo con ellas bases firmes y eternas para sus templos, construcciones ceremoniales o espacios para la convivencia o juegos sagrados.

Cada piedra labrada regada con el sudor de los mayas encierra la creatividad, el mensaje religioso, ceremonial, humano, de los ancestros que en cada edificio nos hablan hoy, muchos siglos después, de su arraigo a esta península distinta, única con su cuerpo terreno emergido hacia el norte.

Aun ahora, en el mundo evolucionado y tecnológico que nos rodea, llenos de admiración y reconocimiento a esa monumentalidad, las nuevas generaciones recorren la grandeza de la voluntad de nuestros ancestros mayas.

De todos los continentes llegan por miles los admiradores de aquellos grandes exponentes de una cultura milenaria que ahora, por reconocimiento y trascendencia de obras ancestrales, acuden por decenas de miles a recorrer los sitios mayas preguntándose cómo fue posible que nuestros ancestros hubieran planeado y realizado estas maravillas de construcción.

Loor a los Mayas Eternos.

Sus esfuerzos de hace centurias y milenios aún reditúan recursos económicos y admiración a nosotros, herederos de su grandeza y cultura.

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