Teje la memoria vida, historia y hábitat

By on febrero 21, 2019

Recuerdos memorables de don Pablo Uc Euán, vecino de la colonia López Portillo. (Foto de Juan José Caamal Canul.)

Recuerdos memorables de don Pablo Uc Euán, vecino de la colonia López Portillo. (Foto de Juan José Caamal Canul.)

Juan José Caamal Canul

A la sombra de una mata de naranja hallo a don Pablo Uc Euán. La huella invertida de la fronda es gratificante, pero eso no nos impide apreciar el azul intenso del cielo, ni las níveas nubes, o el verdor de los árboles en derredor.

Esta es su esquina. Los sábados y domingos saca sus centavos como franelero en las calles de los alrededores donde los asiduos al tianguis del parque de la colonia Madero estacionan sus vehículos. Su área de operación son las aceras colindantes a su predio y las de enfrente. Atiende hasta quince autos los días de mayor afluencia al mercado.

Es evidente que tiene una lesión en la rodilla derecha, pues con esta camina con un esfuerzo mayor. Una vieja lesión, añeja y traidora compañera de los años cuando trabajó como obrero en Mitza, lesión que  le obligó a dejar el trabajo y emplearse como vigilante, luego como abarrotero hasta cumplir con los años necesarios de una –¿se puede llamar alegre?– jubilación, con la que percibe el treinta por ciento del salario mínimo mensual, en un país donde los porcentajes fluctuantes de la inflación son metáfora contradictoria, pan de cada día y donde los productos elementales para la subsistencia diaria desaparecen de la canasta básica por arte de magia, más allá de la imaginación y todavía más porque el dinero no alcanza.

Cuando la dolencia de la rodilla se acentúa, su esposa le apoya en ver que los autos se estacionen. “A veces no nos dan nada. Solo las gracias. Algo es algo. ¿No?”

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Antiguo punto de llegada y partida del servicio de camiones en la colonia, desde aquí se retornaba al Centro de la ciudad o comenzaba el largo camino a la periferia para alcanzar las antiguas fincas: Xoclán, Susulá, Opichén, Tixcacal, Chalmuch, hoy colonias o sub comisarías de la urbe meridana. (Foto de Juan José Caamal Canul).

Dice que tiene más de 45 años viviendo por el rumbo. El autobús de transporte urbano llegaba una cuadra más allá de su casa, en el cruzamiento de las calles 32 por 35; allí maniobraba para girar y retornar al Centro. Esa es la razón por la que esa intersección se aprecia más amplia, con sus cuatro ángulos esquinados y despuntados, es decir, cuatro amplios chaflanes.

El camión tenía un letrero en el que en ese entonces se leía “San Marcial Poniente”. Esta ruta es la que un número importante de personas vecinas de las ex haciendas Xoclán, Susulá y Chalmuch utilizaban. Era el fin de la ruta más cercana al periférico. El resto del camino lo hacían a pie.

Me dice que cuando lo del malogrado “Charras” todo esto era monte. ¿Por qué recuerda en especial al “Charras”? Quizá porque ha leído algo sobre el líder por estos días; quizá porque esos hechos reflejan la presencia de alguien que en verdad se interesó por las causas laborales, dejando en la memoria su impronta. Ese año fue muy difícil para todos: los estudiantes, la policía, los sindicatos. Recuerda específicamente que “ese año no hubo carnaval”.

Me habla someramente sobre aquel líder popular, organizador de sindicatos de camioneros, obreros de la construcción, antípoda del gremio sindical oficialista. “Todo lo hizo rápido”. No lento ni despacio, sino rápido. “De veras que la gente buena…”

“Tú no habías nacido” me apea del tren de los acontecimientos. Cuando le refiero algunos datos, contra argumenta: “Te los contaron.” Le digo el año de mi nacimiento con tal de seguir en el viaje, aún colgado del estribo. “Yo, para ese entonces, ya trabajaba” asevera, dejándome al margen de las rieles del tren de la historia. Me quedo en la estación de la información libresca.

Cuando se casó, vivió algún tiempo por el rumbo del estadio Salvador Alvarado, por esa zona está la familia de su esposa; luego se acercó por estos lares: primero en lo que actualmente se conoce como Avenida Madero y, posteriormente, donde reside hoy en día, en la 30 por 35.

Ha vivido en esa misma casa más de cuarenta y cinco años. “Todo esto eran planteles de henequén o montes” me indica. Como estaba retirado del Centro de la ciudad, había casas quintas con terrenos amplios, árboles frutales y algunos estanques. Algo queda de todo ello. En la actualidad, casi todo está fraccionado, cedido en herencia a hijos o nietos, o vendido en lotes a nuevos colonos.

Entradas de mampostería inspirada en, o imitando, los viejos arcos de las haciendas subsisten con la vida moderna de la colonia. (Foto de Juan José Caamal Canul).

Entradas de mampostería inspirada en, o imitando, los viejos arcos de las haciendas subsisten con la vida moderna de la colonia. (Foto de Juan José Caamal Canul).

Perviven, eso sí, la inconclusa construcción de un arco, inspiración e imitación de alguna entrada estanciera, casas con corredores o portales y arquerías, todo muy sencillo, que pertenecieron o pertenecen a personas emprendedoras.

Todo el rumbo era semi rural, con vegetación autóctona y silvestre, terreno pedregoso. Recuerda que cerca de su domicilio había una cueva. No precisa si una boca de cenote o “sascabera”. Aún debe estar ahí, porque cuando se construyó la calle la “embutieron”.

Cerca de la entrada de la escuela Francisco I Madero había otra cueva de donde se dice salían aluxes. “Nunca los vi,” dice, “pero eso se contaba.”

En la parroquia de la colonia aún se venera a san Judas Tadeo y hace muchos ayeres, en lo que actualmente es el parque, se armaba el coso taurino para las corridas. Donde hoy se levanta el campo de béisbol había un terreno que los vecinos se encargaban de mantener limpio.

Esta zona atrás del parque contiene los linderos de la colonia Francisco I Madero. La calle 35 es la que divide la Madero de la colonia Xoclán, aunque también se le conoce como López Portillo. No sabemos si para efectos administrativos se ha generalizado toda una amplia zona como Colonia Xoclán; en la memoria de los vecinos, seis manzanas y siete calles fueron la incipiente colonia y así perdura. Esa es la razón por la que en los letreros de la nomenclatura urbana se lee Xoclán, y entre paréntesis el otro nombre; así se va repitiendo en todos los demás casos: Xoclán (Rejas), Xoclán (Carmelitas), Xoclán (Susulá).

Cuarenta y cinco años de edificar su patrimonio familiar con el trabajo diario, mezclando los hechos históricos y el hábitat citadino. (Foto de Juan José Caamal Canul).

Cuarenta y cinco años de edificar su patrimonio familiar con el trabajo diario, mezclando los hechos históricos y el hábitat citadino. (Foto de Juan José Caamal Canul).

Acudía a leñar hasta hace poco –“Ese era nuestro combustible para cocinar; ahora ya tenemos gas”– por donde hoy está la avenida 128, una brecha donde había postes de alta tensión hasta que se hizo la avenida tal cual hoy la vemos y utilizan sobre todo los del norte para llegar rápido al aeropuerto o dirigirse a la Ciudad Industrial.

La vida personal y familiar, es lo normal, va mezclándose en y con los hechos, con las trasformaciones urbanas, la vida de la ciudad, los acontecimientos, lo que se llama el entorno y simbolismo social, hasta conformar lo que es hoy un pedazo de la vida familiar y vecinal de don Pablo Uc.

Así, hasta conformar el tejido estera de la memoria.

Mérida, Yucatán, a 17 de febrero de 2019.

 

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