Tadea y don Chonito (VI)

By on enero 9, 2020

VI

LA PRIMERA VEZ

Raúl Morales

En una ocasión, a los cuatro años, me tragué la canica que traía en la boca y entonces acudieron en tropel a mi mente, con intensidad amenazadora, las palabras de mis padres: “No te metas eso en la boca. ¡Si te lo tragas te mueres!”

Me quedé apartado y sin jugar, cavilando sobre mi triste situación y sufriendo las horas más inciertas de mi corta vida.

¿Cómo sería la muerte?

Luego pensé en Tadea. Ella sabía todo. Le preguntaría durante la cena: “¿Y si muero antes?”

Decidido, acudí a la cocina.

Desde mi pequeña estatura levanté mi rostro hacia ella. Era la mujer más alta del mundo; “muy buena, mejor imposible,” decían en mi casa.

Ella, sacando sus grandes manos del delantal, me miró casi desde el techo y luego me cargó para ver qué me sucedía.

—Tadea, ¿te has muerto alguna vez?

—¡Muchas, hijo, muchas!

Le di un gran beso.

Luego salí corriendo feliz.

No valía la pena estar triste y llorar por la primera vez.

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